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La batalla de “David” Corral contra “Goliat” Anaya

El sorpresivo destape del senador Javier Corral Jurado rumbo a la elección de presidente del PAN rompió con la unidad anhelada por el grupo de Gustavo Madero y Ricardo Anaya, y provocará que los grupos tradicionales del partido se alineen con el legislador de Chihuahua, en detrimento de los votos para el hoy coordinador de los diputados blanquiazules.
 
Sin embargo, es previsible que la batalla de Corral sea la batalla de David contra Goliat y muy probablemente no le alcancen las intenciones para hacerse con la presidencia del partido, sobre todo tomando en cuenta que un tercer grupo de mediana importancia que podría finalmente inclinar la balanza hacia su lado: el grupo de los calderonistas, con quienes Corral terminó en pleito hacia el final del sexenio pasado.
 
Será en agosto cuando el Partido Acción Nacional vaya a las elecciones y renueve a su dirigencia, que tendrá como reto no solo la recomposición del partido tras los mediocres resultados del 7 de junio, sino principalmente planchar el terreno y armar el proceso de selección de candidatos para el año 2018. En medio, se aproxima la aduana forzosa de la elección 2016 en varios estados.
 
La apuesta de Gustavo Madero y su sucesor Ricardo Anaya era alcanzar una candidatura de unidad que terminara con las guerras intestinas fraguadas durante los años posteriores a la salida de Calderón y, para ello, el propio Anaya se apresuró a decirle a Margarita Zavala, la esposa del expresidente de la república, que en caso de que se animara formalmente a buscar la presidencia de la república, él le garantizaba “un piso parejo”. Era notorio que Anaya y Madero buscaban llegar por la vía del consenso a la sucesión.
 
Empero, desde hace días, Javier Corral dio señales de que estaba interesado en alcanzar la presidencia panista, no solo por las críticas vertidas hacia Gustavo Madero, Ricardo Anaya y hasta Rafael Moreno Valle en sus pasadas visitas a Puebla, sino también por la disidencia presentada en su papel de legislador en contra de la reforma energética por la que votaron en contra solo él y el senador Ernesto Ruffo, aunque también las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones, que lo llevaron a enfrentarse con Javier Lozano, y más pragmáticamente la elección de Eduardo Medina Mora como nuevo ministro de la Corte.
 
De hecho, en este último caso, Javier Corral dejó muy en claro que la votación a favor de Medina Mora les costaría muy caro a los panistas en el pronto plazo y los resultados del 7 de junio sean quizás una de las consecuencias más visibles del espaldarazo dado sistemáticamente por Madero y sus afines al régimen del presidente Enrique Peña Nieto. Sin embargo, aun con parte de la razón de su lado y con una capacidad de oratoria impresionante que lo ha acompañado desde su adolescencia, Javier Corral carece de algo muy importante para alcanzar la presidencia de su partido: la estructura.
 
Él mismo lo reconoce en el video que utilizó para destaparse -algo que por lo visto está muy de moda en estos tiempos de sociedades de la comunicación- que no cuenta con recursos, que no tiene operadores y que no está de su lado la mayoría de los cuadros panistas. El legislador Corral es ingenuo al pretender alcanzar la presidencia de un partido -y de un partido como el PAN- sin contar con el apoyo de los más importantes liderazgos en su institución política, uno de ellos el del gobernador Rafael Moreno Valle. Pocos hombres hay tan poderosos en este momento como Moreno Valle, y Javier Corral no solo no pertenece a su grupo político, sino que lo ha atacado abiertamente al criticar su gestión, sus obras de infraestructura y sus aspiraciones presidenciales.
 
Javier Corral le apuesta a las bases y asegura que con ideas es suficiente para mover las conciencias panistas y alcanzar una mayoría en un proceso abierto que se mira con retraso: el año pasado, en la elección de Madero contra Cordero, el panismo se sumergió en una batalla colosal de meses que captó el ojo público y movilizó la estructura partidista a favor del nieto de Francisco I. Madero. Hoy, a menos de dos meses de las elecciones panistas, la convocatoria todavía no ha sido publicada y el candidato Corral contará con muy poco tiempo para convencer a los panistas, contrario al enorme tiempo que ha tenido Anaya para hacerse de liderazgos a su favor.
 
Entre esos liderazgos está por supuesto el del gobernador Rafael Moreno Valle, pero también el de otros gobernadores azules, tanto de los salientes como de los entrantes. La reunión ofrecida por Moreno Valle el pasado 15 de junio a Ricardo Anaya y un nutrido grupo de diputados electos, gobernadores y alcaldes, es un mensaje que puede leerse en dos diferentes sentidos: tanto como de apoyo por parte de Anaya -supuesto futuro presidente del partido- a las intenciones presidencialistas de Moreno Valle, como de respaldo por parte del gobernador poblano y todos sus operadores, a favor del liderazgo de Ricardo Anaya.
 
Por si lo anterior fuera poco, el senador Corral cuenta con un obstáculo más, antaño inconmensurable aunque ahora al parecer salvable, pero que sumado al resto de los factores parece que se constituirá en un impedimento definitivo para que el de Chihuahua llegue a la presidencia del partido. Y es que a lo largo de su trayectoria como político, Javier Corral se ha enfrentado a los poderes fácticos de las televisoras, principalmente Televisa, empresa que ha levantado un veto inamovible en contra de Corral Jurado.
 
En la televisora de Emilio Azcárraga no se habla de Corral más que para denostarlo y así se dejó ver cuando a lo largo de la discusión de la reforma en telecomunicaciones, se suprimieron sistemáticamente de la cobertura informativa las intervenciones del senador de Chihuahua en todos los noticiarios de esa empresa televisiva, pero cuando Corral se vio envuelto en un escándalo por no aprobar el alcoholímetro, Televisa fue la primera en exhibirlo y hasta exagerar el lance del político panista.
 
La batalla de Javier Corral se antoja como la batalla de David contra Goliat, en este caso Goliat Anaya, por lo que es muy probable que el legislador, que en sus años jóvenes fue reportero, termine no ganando la presidencia del partido pero sí validando con su oposición el triunfo de Ricardo Anaya y tanto éste como Madero, podrán decir que en el actual proceso sucesorio no hubo intimidaciones, imposiciones ni autoritarismos. Aunque después de todo, no hay que olvidar que David le ganó a Goliat con una honda.Afterpay

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