#LasPeñanietadas

Tonatiuh Muñoz Aguilar

¿Cuánto dinero se requirió para conseguir los planos del penal de El Altiplano? ¿A quién se tuvo que corromper para hacer oídos sordos a los trabajos de excavación debajo de la que, se decía, era la cárcel más segura del país? ¿De dónde se consiguió el permiso de construcción de la casa en Almoloya o, si es que no hubo permiso, cómo le hicieron para que el ayuntamiento no les clausurara la obra?

 

Porque los trabajos duraron varios meses, según testimonios, así que no es posible que nadie haya advertido que se estaba construyendo algo grande en esa zona, que está ubicada a menos de un kilómetro de un cuartel del Ejército. Y además la colocación de luz y ventilación en el túnel por el que escapó El Chapo, requieren una obra de ingeniería a lo grande.

 

Así como el plan de escape, digno de una película de Liam Neeson, requirió de la participación de custodios, monitores de seguridad, vigilantes en las torres y hasta del director del penal probablemente. Toda una cadena de complicidades y de corrupción. La corrupción, siempre la corrupción.

 

Quizás sea en estos momentos cuando Peña Nieto entienda la dimensión del problema, ese que minimizó en su momento cuando dijo que la corrupción era parte de la idiosincrasia de los mexicanos y justificó casi como emblema de nacionalidad. La misma corrupción de la que él mismo demostró ser parte meses después, cuando protagonizó el escándalo de las casas de su esposa y sus secretarios.

 

La corrupción es un problema grave y ya quedó demostrado que a través de ella, el capo más peligroso del país es capaz de fugarse de un reclusorio de máxima seguridad. Su huida, como bien dijo Peña, vulnera a todos los mexicanos pero no sólo de una forma alegórica, sino en serio, porque vuelve a poner a uno de los capos más sanguinarios al frente de un legendario cártel, del que probablemente nunca dejó de ser jefe, pero ahora de nuevo en libertad a través de un garcíamarquiano escape, legitimado oficialmente como “El Jefe de Jefes”.

 

En términos pedagógicos, la fuga de El Chapo tiene efectos igualmente negativos, porque manda el mensaje poderoso de que con dinero se es capaz de todo, incluso de burlar las fortalezas más inexpugnables del gobierno federal y demuestra que en este país ser narco y tener dinero es más conveniente que permanecer en la legalidad y ser fiel al estado de derecho.

 

No en balde ya algunas comunidades de Sinaloa comienzan a festejar por la huida de El Chapo y los grandes señores de la droga, se dice, celebraron desde sus celdas -los que están apresados -la exitosa fuga de quien será de ahora en adelante, si es que no lo es, su ejemplo a seguir.

 

Con el tiempo, el gobierno de Peña comienza a ser como el de su antecesor no sólo en lo sangriento, sino también en las pifias cometidas y a las que poco a poco nos estamos acostumbrando. Y eso que justamente ese fue el discurso que esgrimieron los priistas para volver al poder: que ellos sí sabían hacer las cosas, porque tenían experiencia. Que ahí estaban la sapiencia y colmillo de todos los exgobernadores, los secretarios de estado, los políticos de carrera formados en la escuela de cuadros del ICADEP.

 

Es grave que el presidente se lleve a 400 personas a París, pero es más grave que se les escape un capo -y qué capo- de la prisión de máxima seguridad de El Altiplano y que en medio de esta crisis, el presidente y todo su gabinete continúen paseando en Francia, en un gesto similar al que ocurrió en 2014, cuando Peña Nieto no quiso suspender por nada su viaje a China, a pesar de el país entero lloraba a los normalistas. De ese tamaño es la indolencia.

 

 

La peñanietada de este sábado deja en ridículo a México y representa no sólo un motivo de burla para el presidente en las redes sociales, sino también es el anuncio de un nuevo baño de sangre para todos, porque si el Ejército ya recibió en algún momento la orden de abatir delincuentes en horas de oscuridad, es probable que ahora tengan la orden de recapturar a El Chapo vivo o muerto. Quién sabe cuántas vidas tengan que ser entregadas antes de la del legendario narco de Badiraguato.