Indice Político

Voló Peña Nieto… ¡y “voló” el Chapo!

Francisco Rodríguez

Es un monumento más a la molicie. A la rapiña. Ya la ineptitud. La segunda fuga de Joaquín El Chapo Guzmán ahora del penal de Almoloya, dizque de alta seguridad.

 

Mueve a risa loca y a escarnio el boletín de la fastuosa Comisión Nacional de Seguridad. Corona su redacción diciendo que la fuga se detectó "al prolongarse la no visibilidad del interno en el penal, se ingresó a su celda, la cual se encontraba vacía"… como si se tratara de un parte del topil del Rancho Grande.

 

Las repercusiones internacionales de este fiasco de las “autoridades” mexicanas que nos "custodian" son de cuidado, pues aparte de que van a insistir en tono grosero en aplicar con ferocidad el tratado de extradición, se van a mofar de varias cosas.

 

Primera, que la gran ayuda que no$ facilitan, a través del Plan Mérida, que bien sabemos no alcanza ni para los garapiñados de los sobrinos del Presidente‎.

 

Segundo, que, gracias a la faraónica gira a Francia –que nos recuerda aquella película Mecánica Nacional, de un viaje hasta con el cadáver de la abuela-- se quedaron descuidados los mostradores, el país se quedó a la deriva, sin un solo mecanismo de respuesta, todo por ir a enseñar el palmito y presumirle al “selecto” mundo de la revista Hola!

 

Tercero, que es mejor que ya vayan desocupando, limpiando escritorios y las cajas fuertes donde guardan los “moches”, porque si no son capaces de mantener sujeto a El Chapo, ¿qué pueden esperar de otros sirvientes en la cadena de mando que instalaron en este traspatio?

 

¡Cómo nos hace falta el caricaturista Abel Quezada, para saber hoy qué hubiera dibujado en este momento!

 

Conociendo su obra histórica, creo que hubiera pintado la reunión urgente en Constituyentes, del Consejo Nacional de Seguridad...

 

¡Pero contando el dinero!

 

“Gobierno” toluquita, de caricatura

 

‎El cartón de Abel Quezada, el gran regiomontano, hubiera valido el coraje nacional, la vergüenza por este episodio que se suma a las grandes tragedias.

 

La versión sinaloense del inolvidable Chucho El Roto, el bandido porfirista, se recrea en momentos en que los toluquitas insisten en traer a México lo que quede del polvo del dictador, del gran “Llorón de Icamole”.

 

Mejor ya déjenlo en paz, ya no lo invoquen. No se vaya a aparecer la cauda de personajes de Los bandidos de Río Frío y les den ideas a los modernos salteadores de caminos ¡p' acabarla de arruinar!

 

Hasta Josep Carner Puiguriol, filósofo, periodista, diplomático catalán que vivió en México hasta 1970, héroe de la resistencia republicana, ponderaba  los conocimientos de Abel  Quezada sobre nuestra manera de ser.

 

Fue la primera vez que se escuchó decir a un hombre de ese tamaño que, entre nosotros, Quezada era de los pocos, que junto con Gabriel Vargas, Germán Bultze, Siquieros, Orozco, Tamayo y Rivera estaban a la altura de cualquiera en el mundo.

 

Alcanzaban, decía el maestro Carner, la categoría de "hombres verdes", aquéllos que pueden darse el lujo de ser diferentes a todos los demás, por sus cualidades intrínsecas, por su genialidad y a los que podía aceptárseles, incluso que dijeran mentiras, mientras buscaban la verdad.

 

Quezada se fue a Nueva York en el '47. La promotora para la que trabajaba le asignó un departamento en el área de camerinos de un teatro en Broadway, gracias a lo cual fue un irredento apasionado de la ópera y el saxofón.

 

A invitación de Antonio Arias Bernal, cuando Quezada atravesaba penurias económicas, en 1956 entró a Excélsior, periódico en el que vivió su época de oro como caricaturista.

 

En ese diario popularizó personajes de leyenda: "El Charro Matías " --que había nacido en historietas anteriores--, "Máximo Tops", "La mula maicera”,  El Tapado" y "Don Gastón Billetes". Tras el golpe de Echeverría a Excélsior, salió del diario.

 

Alberto Ruy Sánchez dijo: "Su carrera como dibujante periodístico ha sido la más destacada en nuestro país... se convirtió en un hombre lleno de leyendas e historias…  más allá de los vaivenes burocráticos que caricaturiza…"

 

Claro, no podemos dejar de mencionar a otros “hombres verdes” de singular tamaño: Helio Flores, Rius, Naranjo, Juan Hernández, El Fisgón, Helguera, Magú, entre otros grandes de la pluma y el caballete.

 

Tarea admirable, aunque algunos la minimicen comparándola con el “gobierno” toluquita, ¡de caricatura!

 

Icónicos y vigentes: “El Tapado”, “El Policía Trompudo”…

 

Quezada ha sido uno de los dos funcionarios que duraron 45 minutos en el cargo. El primero, en 1913 fue Pedro Lascuráin, quien como vulgar títere se prestó a los deseos de Henry Lane Wilson, ser Interino y pasarle la Banda a El Chacal Huerta.

 

El segundo en la historia fue Abel Quezada, quien duró menos tiempo al frente de una televisora estatal en diciembre del '76, por oponerse a los caprichos de la nefasta Margarita López Portillo y renunció en el mismo discurso de toma de posesión.

 

Los acontecimientos posteriores, en los que la opinión pública atestiguó los desmanes de “la hermana incómoda” en el desmantelamiento de todo lo que le confiaron, dieron ampliamente la razón al caricaturista.

 

Fue un gran observador de la nación: además de estampar‎ al "Peladito", al "Taquero con moscas", al policía "Trompudo", al ricachón con enorme brillante en la nariz, llegó a la conclusión de que "ser mexicano no es tener una nacionalidad; es tener un vicio".

 

Quezada señaló vitriólico: “Se acepta que el mexicano es un problema muy serio para la humanidad… se reproduce vertiginosamente… ya invadió el sur de EU, pronto lo invadirá totalmente y de allí seguirá hasta abarcar todo el mundo, para logra su sueño dorado, ¡que todo el mundo sea tercer mundo!"

 

Y dijo: "el mexicano es el único ser en el mundo que no nace para construir. Nace para acabar con lo que encuentra, incluso consigo mismo. Pronto se dará cuenta de lo incómodo de su posición en la vida y decidirá que lo único que le queda es sacarle ventaja al medio en que se desenvuelve, una ventaja –claro-- que lo beneficia sólo a él".

 

¿De verdad hacen falta EPN y los 400 gorrones?

 

Pocos han poseído el sentido del humor elegante y profundo del gran regiomontano. Gracias a ello pudo convivir con los más grandes del planeta, poniendo el nombre del país muy por encima de cómo nos lo dejaron los gorilas de su época.

 

Desde fines de los treintas del siglo anterior, Gabriel Vargas había estampado el espíritu mexicano en sus cartones "Don Jilemón Metralla" y su "Cuataneta" y después en "La familia Burrón"; Germán Bultze hizo lo mismo con "Los Súpersabios".

 

Pero nadie fue tan puntilloso en los sesenta y setenta al tratar la nacionalidad como Abel Quezada en las caricaturas que componen sus cartones icónicos.

 

En los momentos cruciales del movimiento estudiantil de 1968, un día después de la masacre de Tlatelolco, Abel Quezada resumió en su cartón titulado "¿Por qué?"‎ su aplaudida posición irreverente:

 

Un recuadro que sólo contenía una gran mancha negra, en señal de duelo, de repudio a la barbarie de los gorilas, contra el pueblo indefenso.

 

¿Se imagina usted, pues, al "Charro Matías", al "Policía Trompudo", a "Don Gastón Billetes", al "Taquero con moscas" y al "Tapado", sentados a la mesa del fastuoso Comité Nacional de Seguridad, contando el dinero que les dio El Chapo para obtener su libertad, ¡por segunda ocasión!?

 

Ahora andan diciendo que al mismo tiempo, se fueron del país los dos: Peña Nieto a seguir dando qué hablar a París y El Chapo Guzmán ‎a cualquier lado, ¡para dar motivo a que se sienta la falta que hacen en el país los 400 gorrones que se fueron!

 

¡Viva México, cabrones!

 

 

¡Viva! ¡Con su “gobierno” de ₵ari₵atura!