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Veracruz al acecho de los periodistas

Con la muerte del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, la administración de Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, se vuelva a manchar de sangre, pues este es el doceavo crimen de comunicadores que se adjudica directa o indirectamente, ya sea por omisión o presunta responsabilidad, al gobierno del mandatario priista.

 

Organizaciones No Gubernamentales, grupos de activistas, consorcios de periodistas y la opinión pública en general ha levantado la voz ante el asesinato en el Distrito Federal de este fotógrafo que había salido de su tierra natal ante las amenazas de supuestos esbirros al servicio del gobierno veracruzano, quienes lo habían amenazado tras la publicación en el semanario Proceso de una fotografía que aparente había molestado al mandatario.

 

El escape de Rubén Espinosa no sirvió de nada, pues hasta la capital de la república lo fueron a alcanzar sus asesinos, quienes lo torturaron junto con otras personas y finalmente le dieron el tiro de gracia, según informaciones del procurador de Justicia del DF, Rodolfo Ríos Garza, quien no ha descartado ninguna línea de investigación ante este asesinato.

 

Este asesinato -el doceavo directamente achacado a la administración de Duarte, pero que de acuerdo a otras voces forma parte de por lo menos una veintena de crímenes- ha despertado la indignación de la sociedad que a través de las redes sociales se ha manifestado contra la violencia en el estado costero y que ha traído a la memoria el homicidio de otros comunicadores, como el de Moisés Sánchez en enero de este año, o el de Regina Martínez en 2012.

 

Al menos ocho de los 11 asesinatos a periodistas ocurridos en Veracruz permanecen en la impunidad, señalan organismos internacionales. A estos casos habrá que sumar el de Rubén Espinosa, quien llevaba un mes viviendo en el Distrito Federal, tras salir de su estado natal el pasado 9 de junio y luego de recibir varias amenazas por parte de desconocidos, quienes presuntamente lo acosaban para impedir el ejercicio de su profesión.

 

“No quiero terminar como los otros colegas”, había referido Rubén Espinosa en una entrevista concedida en días anteriores al portal Sin Embargo, en referencia clara al asesinato de otros periodistas, además de los ocho jóvenes universitarios que fueron agredidos brutalmente en Veracruz, apenas horas antes de celebrarse los comicios del 7 de junio en esa entidad.

 

Antes de Rubén Espinosa, en enero de este año, el país se había cimbrado con el caso de Moisés Sánchez Cerezo, periodista independiente que fue asesinado por órdenes de Omar Cruz Reyes, alcalde de Medellín desaforado por el Congreso veracruzano tras comprobarse su responsabilidad intelectual en ese homicidio. Antes, en 2012, el crimen de Regina Martínez, corresponsal de Proceso, manchó de sangre las páginas de los rotativos mexicanos y fue el inicio de la purpúrea estela que ha dejado el gobierno de Javier Duarte de Ochoa.

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