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De oruga a mariposa: el proceso de donación de órganos

El 4 de diciembre de 2013, una hemorragia cerebral producto de una operación terminó con la vida del único hijo varón de la señora Lucila. La intervención quirúrgica había sido un éxito, pero el tamaño del tumor que obstruía el oído del paciente le llevó a desangrarse y finalmente fallecer. Sin embargo, una acción de generosidad le llevó a vivir a través de otras personas.

 

En el Hospital de Especialidades del IMSS “San José” de Puebla, 1,050 personas esperan por un trasplante de riñón que les cambie la vida. Al mismo tiempo, más de 200 pacientes están en lista de esperar para recibir un trasplante de córnea, a través del cual puedan adquirir la capacidad de ver su entorno.

 

“Yo pienso que sí, que la gente es generosa, que busca trascender, que busca ser mejor persona, pero luego como instituciones no logramos cubrir todos los requisitos. Por ejemplo, aquí en Puebla, solo los hospitales de San José y San Alejandro (del IMSS) tienen la licencia para llevar a cabo estos trasplantes”, señala la coordinadora hospitalaria de Donación de Órganos del Hospital de San José, María Alejandra Domínguez Coco.

 

En dicho nosocomio, se han llevado a cabo alrededor de 20 trasplantes de córnea y riñón entre septiembre de 2014 y septiembre de 2015, todos con resultados exitosos. Esto coloca a San José como el tercer centro hospitalario con mayor número de trasplantes a nivel país, cifra que llena de orgullo a su personal médico, pero que al mismo tiempo es insuficiente. Una lista de más de 1,700 personas en espera impide que el lugar alcanzado sea motivo de total alegría.

 

Para Domínguez Coco, el proceso de trasplantar un órgano es similar al de una oruga que teje su capullo y se duerme en él, con la espera de dormir eternamente. Sin embargo, la coordinadora de Donación de Órganos de San José sabe que al final de ese proceso la oruga no muere, sino que sólo se transforma, muta su naturaleza y sus dimensiones, hasta convertirse en una mariposa que levanta el vuelo y viaja hacia su libertad.

 

“La donación se hace en forma altruista, en forma generosa. Porque la gente no recibe nada a cambio, lo hace por amor al ser humano  y eso es algo bien bonito. Nosotros lo que decimos a las personas es que confíen en el proceso y en las instituciones. Todo lo hacemos de forma transparente y es un médico el que coordina la donación”, asegura la funcionaria del Hospital de San José.

 

Para la señora Lucila, madre de quien donó sus dos córneas y sus dos riñones, el proceso de pérdida de su ser querido representó el mismo dolor que cualquier madre sufriría al ver morir a su hijo. Sin embargo, este sentimiento estuvo acompañado por una satisfacción, casi una esperanza en la humanidad, al saber que aquel niño a quien dio la vida, volvió a vivir a través de otros seres humanos. 

 

“Él como persona era excelente, un orgullo para mí. Siempre fue mi orgullo pero ahora más. El que él le haya dado luz a los ojos de unas personas que no conocía y que ahora dos personas más puedan tener una vida normal gracias a él, esa es una satisfacción para mí y para toda mi familia”.

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