La estrategia de Eduardo Rivera: tirarse al piso

Foto: 
Ángel Trinidad
 
Tonatiuh Muñoz Aguilar

Este jueves vence el plazo para que Eduardo Rivera Pérez, exalcalde de la capital poblana, presente los documentos y pruebas que sustenten las inconsistencias detectadas en su cuenta pública correspondiente a 2013 por la Comisión Inspectora del Congreso del Estado.

 

Sin embargo, de acuerdo con información extraoficial obtenida por Imagen Poblana, el expresidente municipal no ha acudido a presentar las pruebas de descargo que le permitirían salir avante en este entuerto, a pesar de que en diciembre pasado Rivera Pérez aseguró no tener nada que temer y tener la conciencia tranquila, pues él había dejado todo en orden.

 

En aquel jueves 15 de diciembre, el expresidente municipal aseguraba no tener noticia sobre los señalamientos que le hacía la Comisión Inspectora; incluso, calificó tal medida como una estrategia política de ataque, con el objetivo de disminuir sus posibilidades de llegar a la gubernatura del estado y por apoyar a Margarita Zavala.

 

Horas más tarde, el presidente del Congreso, Jorge Aguilar Chedraui, clarificó que a Rivera no se le había notificado nada porque los legisladores apenas habían votado el Inicio del Procedimiento Administrativo de Determinación de Responsabilidades, y señaló que en breve se le haría llegar toda la información requerida con el fin de que éste sustentara sus observaciones ante el órgano que dirige Patricia Leal Islas (la Comisión Inspectora).

 

Sin embargo, los días han pasado y a pesar de que el exalcalde contó con 11 días naturales para sustentar las observaciones, parece que no tiene interés en hacerlo, lo cual ha hecho pensar a más de uno en el Congreso que Eduardo Rivera está interesado en convertirse en una “víctima más del morenovallismo”, toda vez que esa fue su postura desde el primer momento en que se enteró que iba a ser sancionado.

 

No en vano fue la movilización que de inmediato tuvo lugar en el zócalo de la capital poblana, donde apenas 15 minutos después de que el Congreso hubiera aprobado por mayoría el inicio del Procedimiento de Determinación de Responsabilidades –el cual puede derivar en una inhabilitación hasta por 12 años para ejercer un cargo público–, Rivera junto con sus huestes –los miembros de la fracción conservadora “El Yunque”– se apersonó y “se tiró al piso”.

 

Cámaras y micrófonos dieron cuenta de la movilización de Eduardo Rivera junto con los suyos, incluida su esposa Liliana Ortiz y muchos de quienes participaron en su administración, acusados en diferentes momentos de corrupción y actos deleznables. El exmunícipe llegó incluso al grado de acusar a Moreno Valle de cualquier situación que ocurriera en su contra o la de su familia, y aseguró que pronto presentaría los documentos que lo exonerarían, pues él siempre había actuado de forma transparente.

 

También vino la victimización por parte de sus afines a nivel nacional, la esposa de Felipe Calderón, Margarita Zavala, y la excandidata a la presidencia del país, Josefina Vázquez Mota, pero nunca, ni un pronunciamiento del presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya. A Eduardo Rivera le conviene hacerse la víctima y dado que hasta el momento no ha podido o no ha querido sustentar las irregularidades que se detectaron en su cuenta pública, es probable que el expresidente haya optado seguir por el camino que a su juicio más le conviene, que es precisamente el de “tirarse al piso”.