Indice Político

A rescatar nuestro nacionalismo

Francisco Rodríguez

Ninguna ideología tiene más sólido fundamento constitucional en algún país que el nacionalismo en México. Su aceptación es mayoritaria entre la mayoría de la clase política y entre los líderes de opinión del colectivo. Además, ha sido la única defensa histórica contra los explotadores y los agresores extranjeros.

 

No cabe la menor duda: hoy estamos más cerca de los países donde emergen posicionamientos nacionalistas en Europa, Asia, África y América Latina que ubicándonos confiados en imaginarios bloques de socios occidentales, como el TLCAN, cuyos miembros están al borde del colapso.

 

Para nuestra tradición jurídica, la ideología nacionalista es un sistema de vida. Resume, como ninguna otra, en el texto constitucional y en sus leyes reglamentarias, las luchas históricas por defender la riqueza pública.

 

Rechaza las que hoy son llamadas sibilinamente "gestiones económicas prudentes" --lo dijo Vi(rey)garay, todavía al frente de la SHCP, al Financial Times-- que no son sino guiños de entreguismo y claudicación ante los poderosos, quienes nos ven más como pesados fardos, que como compañeros del camino.

 

Nacionalismo, alerta en contra de leyes conservadoras

 

Las reformas emprendidas desde la restauración alemanista de los privilegios de la derecha, hasta nuestros días, para quitarle al texto constitucional el perfil de benefactor y protector de las clases desprotegidas, no prendieron, porque han topado con una realidad que exige multiplicar su aplicación y su vigencia.

 

Los frenos a la inclusión de las masas populares en el proyecto nacional ‎han sido desprestigiados por el accionar político que sus mismos promotores encabezaron al impulsar, al mismo tiempo, regresivas enmiendas fiscales, industriales, financieras, agrarias, laborales y culturales, que son contrarias a la formación histórica del pueblo.

 

El nacionalismo mexicano es anterior, por décadas, al de los movimientos de descolonización africana o asiática que luchó por la independencia de comunidades monoexportadoras --igual que la nuestra--‎ frente a las prácticas abusivas de las compañías depredadoras.

 

En muchos casos influyó en el credo de las luchas contra élites políticas africanas que adoraban cultos sincréticos y habían sido educadas para prolongar las agonías de las colonias, en centros culturales y universidades de Europa.

 

El nacionalismo ha sido conciencia para alertar a la población sobre el interesado retorno de las leyes conservadoras que sustentan la concentración de recursos, menguan el ahorro colectivo y entronizan a un pequeño y descastado grupúsculo social.

 

Fracasaron neoliberalismo y globalización

 

Hoy que nos vemos amenazados por una pandilla de ignorantes que tienen como objetivo deliberado sacrificar los procesos de desarrollo del mercado interno, la salud, la seguridad, la educación, la vivienda y el empleo retoma su justa dimensión la ideología nacionalista del desarrollo social.

 

Estamos convocados a atender, "sin hostilidades ni exclusivismos", el aprovechamiento integral de nuestros recursos humanos, naturales, financieros y tecnológicos, para preservar la soberanía y la independencia nacional.

 

‎Debemos poner sobre el tapete e impulsar con responsabilidad un programa que disminuya los índices de pobreza, delincuencia, desempleo, desigualdad material y logre un reparto equitativo de la riqueza pública, con orientación nacionalista.

 

No tenemos pretextos. Los teóricos y defensores de la globalización, el neoliberalismo y el desmantelamiento del Estado reconocieron, desde hace tiempo, su fracaso, en todos los frentes y ante todos los auditorios.

 

En los instrumentos de políticas públicas de las potencias se desandan con premura los pasos de los Willamson, Greenspan, Rubin, Soros, Summers‎, Clinton, Bush, Obama, Trump que desde el FMI, Banco Mundial, Casa Blanca y todos los centros de poder alimentaron esos mitos y hoy reconocen su fracaso.

 

Adoradores de la globalización todavía creen en ella

 

Pero como nosotros, acá en el rancho grande, somos lentos y nos enteramos despacito, seguimos creyendo que si aplicamos paso a paso las recetas del Imperio, nos darán más espejitos en el reparto de las cuentas y nos llenarán la frente de estrellitas a la hora del examen.

 

Nada más alejado de la realidad. También ellos saben que los que se resistieron a aplicar las políticas desregulatorias‎ y conservaron su identidad independentista, tuvieron mejores resultados que los que queríamos ser más papistas que el Papa.

 

Sólo quedan sus adoradores icónicos. Los paniaguados que se aprendieron de memoria los estribillos que hacen el eco en las escuelas de administración pública para jóvenes retrasados. Todavía creen en la globalización samaritana y en el Estado asténico, ¡así como en la "poderosa" mano invisible de los mercados!

 

Están tan desorientados, que creen que porque el mundo se hizo más pequeño por el efecto de los alcances modernos de la información, las naciones deben perder su espíritu nacionalista o los símbolos que convocan a la identidad combativa.

 

Que porque la globalización de los circuitos financieros es un hecho indiscutible, nuestro país debe escoger el camino fácil y falso de enganchar su destino al primer bloque poderoso que surja a la vuelta de la esquina.

 

Creen que la culpa de nuestras desgracias la tienen los especuladores externos, y no aceptan que el fracaso está en su falta de discernimiento y astucia política para distinguir entre lo nocivo y lo beneficioso para la estrategia y visión del país.

 

Pero, ¿para qué es el nacionalismo?

 

El nacionalismo mexicano del presente está llamado a encontrar los perfiles de un Estado moderno y emergente que responda a la nueva realidad social. Hoy como ayer, el mejor maestro del futuro es el pasado.

 

Que subsane todos los defectos del rebasado paternalismo, desalentador de la participación comunitaria. Que acabe con los excesos del fracasado neoliberalismo y retome los bríos de la conducción económica y social del país.

 

Que contribuya al desarrollo social, impulse el proceso democrático y garantice el bienestar, para no terminar como patios traseros de potencias y para no ser desplazados por nuestra propia mediocridad.

 

‎Que ayude a construir una comunidad de pensamiento, adonde nunca más se vuelva a creer que la grandeza de un país deba ser producto de la copia y tomar nuestros arrestos de los propios episodios nacionales.

 

Que nuestro catálogo de principios se base en la acepción generalizada de nunca más permitir que los saltos espectaculares de los demagogos triunfen sobre el equilibrio y atenten contra el respeto que nos debemos como pueblo.

 

Estamos conscientes que el mexicano ha sido sometido en las últimas décadas a un tratamiento intolerable de extrema injusticia y miseria para pagar caprichos de mandarinatos ajenos al alcance de la ley.

 

Grandes franjas de la población quedaron extenuadas, aturdidas y confundidas por el imperio de la violencia, coludida con la fuerza pública, que desgarró su autoestima, dignidad y seguridad.‎ Que los convirtió en errantes en su propia tierra y sin proyecto de futuro.

 

¡Hasta Fox se conduele de EPN!

 

La otra vía es la que llevan recetándonos los últimos cuatro años: apostar todo a la voluntad de las compañías petroleras; alza escandalosa de precios en los derivados, en los impuestos y en los precios; alza desmesurada en la deuda externa, bajo nivel de vida y rapiña generalizada.

 

Ante los desatinos en las medidas de cobertura petrolera y la constante debacle en los precios por barril "previstos inteligentemente por Hacienda", la feroz cacería de brujas de causantes cautivos, para exprimirles otros dos billones de pesos en impuestos y después "desaparecerlos". Cero obra pública.

 

‎Hasta el hoy convertido en un monstruo político, el inútil de Vicente Fox, se conduele que al sexenio ya no le queda oxígeno. Pobre Peña Nieto, dice, en su limitado vocabulario de cristero lenguaraz, "¡ya le amolaron el sexenio!"

 

En materia de seguridad nacional, la exculpación no pedida del general Secretario. En discurso oficial sigue "tirando línea política": alega inocencia como si estuviera dirigiéndose a un tribunal militar. Lo acusan sin enseñarle los cadáveres. ¡Pobre! ¡No se vale!

 

Los manifestantes que argumentan consolidar los reclamos de Ayotzinapa, utilizando sus banderas "blancas" para provocar a los militares, obtener los muertos necesarios y apresurar la llegada "salvífica" de la guerrilla montaraz.

 

Lastres, la corrupción del gobiernito y los subejercicios

 

En materia de combate a la corrupción: sigue el cuento del “perseguidito” Javier Duarte, así como el caso de Ángel Aguirre y su exoneración "tope adonde tope", a pesar de que el gobierno tiene todos los indicios materiales y jurídicos para echarle el guante. Todo por colusión o falta de respaldo popular, que no es lo mismo, pero es igual.

 

En materia de política social: el subejercicio aceptado por las autoridades de los diversos ramos locales y federales, en materia de salud, vivienda, educación, pensiones, jubilaciones, empleo, seguridad pública. Todo, para después, cuando nos lleguen los beneficios de las reformas entreguistas… o cuando Donald Trump deje de fustigarlos.

 

Pero eso sí, existen fideicomisos opacos del sector público manejando carteras por 400 mil millones de pesos, autorizados por todos los miembros del gabinete que se precian de serlo.‎ ¿A qué se destinan esos recursos? Nadie lo sabe.

 

Ellos dicen que el nacionalismo es populista; que no cree en la globalización, ni en las manos invisibles del mercado, ni en el desmantelamiento estatal, ni en la generosidad de los mercados y de los imperios. ¡Nunca han sabido qué es, ni con qué se come! Sí supieran, no abrirían la boca.

 

¿No cree usted?