Imagen Económica

Mujeres y Economía

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

La larga tradición judío-cristiana, dominante en Occidente, ha menospreciado históricamente a la mujer. Mientras el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, la mujer salió de una costilla del hombre, fue además la causante del pecado original y del destierro del hombre del paraíso, fue relegada del gobierno y de las actividades importantes, pasó a un segundo plano, siempre detrás del hombre. Le prohibieron la educación y los derechos políticos y la confinaron a la crianza del hombre, que aún siendo la mayor responsabilidad del planeta (reproducir socialmente al hombre), fue desvalorizada por completo.

 

La inserción de la mujer en el trabajo no es una concesión graciosa del capitalismo, no se da por igualdad de género, sino por necesidad del sistema. Primero, por la tendencia de reducir la tasa salarial, sí las mujeres se incorporan al mercado laboral presionan para que los salarios generales caigan, además de que, el salario femenino siempre ha sido más barato. Por otro lado, una tasa salarial más baja implica la incapacidad de que el padre de familia por sí sólo satisfaga las necesidades familiares y la mujer se ve obligada a completar el gasto familiar.

 

El 8 de marzo de 1875 una manifestación de mujeres fue duramente reprimida por la policía de Nueva York, el saldo de la masacre: 120 obreras muertas que luchaban por mejores condiciones de trabajo. Fue hasta el año de 1910 que la II Internacional Socialista, que reunía a los partidos comunistas del mundo, reivindicó la lucha de estas mujeres pugnando por establecer ese día como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

 

Fueron entonces los países socialistas los primeros en reconocer el papel de la mujer en el desarrollo económico mundial. Fue hasta 1975 que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instituyera este día para reconocer a la mujer.

 

Hoy los discursos hegemónicos le castraron el apellido al día y tan sólo dicen “Día de la Mujer”, tratando de ocultar la masacre contra las obreras, pero aún más despojando a la mujer de su fuerza transformadora, de su capacidad intelectual, de su talento para la actividad más enaltecedora del ser humano: el trabajo.

 

Actualmente en nuestro país casi 21 millones de mujeres forman parte de la Población Económicamente Activa Ocupada (PEA), del total de 52 millones de trabajadores, es decir, tan sólo 4 de cada 10. Este dato se debe en gran medida a que sigue sin considerarse el trabajo doméstico como una actividad económica continuando la penosa tradición de apocar la participación femenina.

 

Por si fuera poco, las mujeres que trabajan en el mercado laboral abierto están insertas mayormente en la informalidad y en empleos sumamente precarios. De acuerdo a datos de INEGI presentamos la siguiente tabla con datos significativos:

 

 

T1. Situación de la mujer en el trabajo (México)

 

20%

Tienen jornadas de más de 48 horas por semana

 

8%

No reciben salario

 

38%

No tienen seguridad social

 

42%

No tienen contrato por escrito

 

34%

No tiene prestaciones laborales

 

50%

No tiene vacaciones pagadas

 

33%

No recibe aguinaldo

 

85%

No recibe reparto de utilidades

 

Elaborado con datos de Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) INEGI, 2016.

 

 

 

Según la ENOE, las mujeres ganan 4 mil 788 pesos en promedio. Los hombres ganan 6 mil 204 pesos, es decir el hombre gana 30% más que las mujeres. Se trata de una brecha salarial que aún sigue siendo amplia. En parte se debe a que las mujeres se insertan más en actividades terciarias (comercio y servicios), 8 de cada 10 mujeres están empleadas en este sector. Sólo 17% de las mujeres está empleada en el sector industrial, que supone mayores salarios; el resto se encuentra en alguna actividad agrícola.

 

El estado más desigual en términos salariales es Nuevo León, donde un hombre gana en promedio 8 mil 258 pesos y una mujer 5 mil 955 pesos; esto es 40% de diferencia. El estado menos desigual es Chiapas, tanto hombre como mujer ganan 3 mil 700 pesos.

 

El camino es aún largo y está lleno de diversos retrocesos, fuerzas retardatarias siguen reprimiendo los derechos fundamentales de la mujer que van desde los sexuales, la decisión sobre su propio cuerpo hasta los económicos y sociales.

 

Bajo el actual modelo económico tanto hombre como mujer seguirán siendo cosificados; para empezar a construir otro mundo posible debemos empezar respetando a nuestras compañeras, reivindicando su papel y reconociendo su enorme poder transformador.

 

 

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos