Utopía

“Lo que diga la gente”, historieta de Mancera

Eduardo Ibarra Aguirre

Justo en el Día Internacional de la Mujer, el jefe del Gobierno capitalino Miguel Mancera estableció un parámetro muy propio de los machos en general y de los políticos en particular, aunque no pocos permanezcan sin salir del clóset: “Nunca nos rajamos, no tengo porque rajarme, todo dependerá de la gente, entonces si la gente decide que no vayamos, pues eso ya será una decisión de la gente. Mientras no sea eso, ahí vamos pa’delante”.

 

La retórica del gobernante que se dice independiente y sin partido aunque ganó holgadamente en julio de 2012 bajo las siglas, con el aparato y las prerrogativas del Partido de la Revolución Democrática y de su entonces jefe, padrino y amigo Marcelo Ebrard, demonizado por Mancera Espinosa y que, veracidad aparte, exhibe la madera de la que están hechos los que devoran, destruyen a sus impulsores.

 

Pero si con la historieta de “lo que diga la gente” pretende aspirar en serio a vivir y trabajar en Los Pinos, entonces su futuro es sumamente corto, si acaso presidirá el Consejo de Administración de la exitosísima empresa familiar. Distinto sería si resulta ser el conejo oculto para una candidatura ciudadana que involucre al moderno PRD –en proceso de desfondamiento como pronto veremos en Insurgentes y Reforma–, Acción Nacional y el que acaba de cumplir 88 años de vida, en el último intento por parar en seco al terrible “populista” que ya está en el centro del ataque, no de la polémica, eso es otra cosa, de la intelectualidad “liberal” tan orgánica al poder sin importarle el nombre del presidente ni el partido del que dice provenir, como subordinada ideológica y pragmáticamente a USA.

 

Alrededor de las variantes que se pueden tejer desde el poder con el partido de “un sol que no alumbra ni a la esquina” (Enrique Ochoa, dixit), como recursos extremos, Miguel Barbosa logró colocar en el debate la apuesta de Nueva Izquierda (“Los socialistas del presidente”, los llamó en la tribuna de San Lázaro Arnoldo Martínez Verdugo, en 1985, y nunca se lo perdonó Jesús Ortega, pues ordenó muchos años después suspenderle la “pensión” en el PRD), consistente en apoyar la candidatura presidencial panista a cambio de que Alejandra Barrales sea apoyada como candidata a jefa de Gobierno.

 

Barrales Magdaleno escurrió el bulto respecto a su candidatura y el apoyo blanquiazul, pero tuvo que definirse claramente sobre la perspectiva que tiene para la política de alianzas. Y muy al estilo de Miguel Ángel Mancera dijo para los bronces: “Nosotros no cancelamos la posibilidad de ir a la unidad de las izquierdas, pero ésta no es decisión de una sola persona, ésta no debe ser una determinación desde una coordinación de senadores, debe ser de un partido… No es con negociaciones individuales o con posiciones individuales con las que vamos a lograr el cambio que promueve nuestro partido”, sobre todo el jefe Mancera que no es perredista pero influye en forma decisiva en los rumbos de éste, incluso cuando pasó a presidirlo su expareja sentimental.

 

De manera que de los 22 integrantes del Grupo Parlamentario del PRD en la Cámara de Senadores en septiembre de 2012, dentro de unos cuantos meses podría quedar desfondado y reducirse a sólo siete integrantes. Hoy cuenta con dos coordinadores y en unas horas se sabrá que actitud adopte la Mesa Directiva del Senado, mientras el Tribunal Electoral resuelve y esperemos que sin consignas a favor de los aliados del poder, alianza forjada en el Pacto por México, con los impopulares pero influyente Chuchos.