Utopía

La institución de instituciones de EPN

Eduardo Ibarra Aguirre

En el acto por el centenario de la creación de la Escuela Médico Militar, institución que ya formó a 3 mil 755 galenos, entre ellos 555 médicas, el titular del Ejecutivo federal planteó, por primera vez que yo recuerde, que las fuerzas armadas son “la institución de instituciones”. Resaltó la entrega del Ejército en “cuerpo y alma” al país. Y en una especie de confesión dijo que hacia las FA “se acrecienta en mi fuero interno mi reconocimiento a la labor incansable que realizan para defender a México”.

 

Ideas claras, sobre todo las dos últimas, del comandante supremo. No así la primera en la que sería pertinente aclarara qué quiso decir, más allá del torneo de elogios, a veces ditirámbicos, en que se convirtieron los actos con el Ejército, la Marina y la Fuerza (débil) Aérea.

 

Como un día antes, el 14, lo refrendaron el secretario de Gobernación y el gobernador del estado de México, en Coacalco, para entregar créditos para vivienda a integrantes de la Policía Federal, una institución (¿ésta no de instituciones?) diseñada en el gobierno de Ernesto Zedillo, y pese a ello y una gigantesca inversión muy poco transparente que le permite a Genaro García Luna vivir en Miami, Florida, y que sus negocios gubernamentales sean intocados, no acaba de hacerse cargo de la lucha contra el crimen organizado.

 

Miguel Ángel Osorio, un precandidato presidencial que no repunta, criticó en forma críptica a Andrés Manuel López Obrador: “Mando el mensaje a quienes no creen en las instituciones, a quienes no creen en ellas y las denostan (sic), a quienes dicen que no es posible que actúen así nuestras fuerzas armadas o nuestra Policía Federal porque eran jóvenes, porque era por necesidad. Seguramente ése y otros personajes no ven las armas con las que los enfrentan, no están ahí, en el territorio, viviendo un momento complejo de un enfrentamiento y seguramente no conocen a las familias de los que han lastimado estos criminales”. Tampoco “está ahí” Osorio, pero usa a decenas de elementos para que lo escolten en sus viajes familiares a Pachuca.

 

La crítica a los excesos castrenses y policiacos en, por ejemplo, “el uso generalizado de la tortura” como lo documentó Juan E. Méndez en el informe sobre su visita a México en 2014 y ahora lo reconfirma; o bien la crítica tenaz y reflexiva de “todos los organismos internacionales de manera consistente, sobre la base de la experiencia de muchos países, hemos advertido que involucrar a las fuerzas armadas –que están entrenadas para el combate– en tareas de orden interno, en especial de persecución del delito, puede ser un gran error”; todo ello no implica desconocer los actos de valentía y hasta heroicos de integrantes de las fuerzas armadas, con la pérdida incluso de la vida.

 

Funcionarios maniqueos y demagogos suponen que la política implica incondicionalidad, observarla en blanco y negro, no en sus contradicciones constantes. Así, Eruviel Ávila, beneficiario como pocos del apoyo de la PF sentencia: “Ya es tiempo de dejar de estirar la mano para pedir el apoyo de la Policía Federal en temas de seguridad pública”. Y exige lo imposible: “Dejen de sacar raja de un tema tan sensible como la seguridad pública”. No entiende el papel de la oposición.

 

Muestra más entendederas el comandante de la 11 Zona Militar, Guillermo Almazán, cuando reconoce que “la seguridad interior del país no es responsabilidad de las fuerzas armadas. (…) Somos el último recurso del poder político para proporcionar a la sociedad esa gobernabilidad democrática que es el funcionamiento de las instituciones, que es vivir en paz, que es estado de derecho”.

 

No habrá gobernabilidad democrática con la militarización de facto y de jure de México.