¿Cuál expropiación petrolera?

 
Tonatiuh Muñoz Aguilar

El pasado sábado, el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, celebró junto con los gobernadores de los estados un aniversario más de la Expropiación Petrolera. Resulta curioso, sin embargo, saber que se siga conmemorando este día cuando en los hechos ya no hay nada que celebrar.

 

El espíritu de la expropiación que decretó Lázaro Cárdenas en 1936 respondió a los intereses particulares que imperaban en ese tiempo y consistió de facto en la nacionalización de los bienes del petróleo. Es decir, el petróleo era solo de los mexicanos y ya nadie más que nuestro gobierno podía explotarlo.

 

Con el tiempo, este detalle resultó estorboso, pues incluso las naciones más socialistas del mundo como Cuba y Venezuela, venden su petróleo a las potencias extranjeras para que lo trabajen y conviertan en materias primas. Pero en aquel entonces, la expropiación petrolera resultó un gran logro.

 

Los libros de Historia nos enseñaron cómo en 1936, cuando el expresidente Cárdenas canceló los contratos a las empresas extranjeras por negarse estas a elevar los salarios de los trabajadores, tuvo que pagar una cuantiosa indemnización, para la que solicitó la ayuda de los mexicanos.

 

Fue así como cientos de miles de personas acudieron con el presidente a donar lo que pudieron: dinero en efectivo, un cochinito, un burrito, una gallina... Todo con tal de alcanzar el presupuesto necesitado y así obtener una nueva independencia en materia de energéticos.

 

Al recordar lo anterior surge la pregunta: ¿cuántos de nosotros estaríamos dispuestos ahora, ante las circunstancias actuales, a acudir al llamado de nuestro presidente? Y más importante: ¿qué sentido tiene seguir conmemorando algo cuyo significado ya no existe?