Jaime Sabines, el amoroso y virtuoso de las letras nacionales

 
Jaime López

Ante un aniversario luctuoso más del escritor Jaime Sabines (conmemorado el 19 de marzo), quien es considerado como uno de los mejores poetas del siglo XX, es oportuno traer a cuenta lo más importante que se debe saber sobre este gran virtuoso de las letras nacionales.

 

Para empezar, cuando tuvo que escoger una carrera universitaria, optó por estudiar Medicina, porque pensó que eso esperaban sus progenitores de él. Esta elección lo tuvo frustrado durante algunos años. Posteriormente, ingresó a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

Convivió con otros literatos como Emilio Carballido, Juan Rulfo, Juan José Arreola y su gran amiga y confidente Rosario Castellanos. A pesar de haber asistido a varias reuniones con distintos conocidos del mundo de las letras, Sabines prefería quedarse callado, guarecerse en el silencio.

 

Tenía un estilo sensible, con un lenguaje sencillo, nada rebuscado. Buscaba obras que estuvieran más cercanas a los sentimientos que a la razón. El amor, la mujer y la muerte fueron de sus temas predilectos cuando escribía prosa.

 

Dentro de sus mejores poemas o los más reconocidos están “Después de todo”, “Horal”, “Me gustó que lloraras” y “No es que muera de amor”. En su poema “Algo sobre la muerte del mayor Sabines” (1973) se encargó de narrar la muerte de su padre, la espera y desolación ante tal suceso. También le escribió un poema a su esposa “Chepita”. A esta, su compañera de toda la vida, muchos autores le adjudican haber sido la fuente de inspiración de “Los Amorosos”.

 

Para Sabines, la poesía no era más que un medio de comunicación, una especie de contacto humano, un don con el que se nace, una manera de expresar lo que siente. No consideraba la creación de versos como un asunto de disciplina, pero sí catalogaba de esta forma al hecho de escribir una novela o un cuento. Lo anterior lo complementó al decir que “en el subconsciente humano la poesía se acumula, el poema tiene que surgir dentro de uno”.

 

Fue galardonado con distintos reconocimientos como el Premio Javier Villaurrutia, en 1972; Premio Nacional de las Letras, en 1983; la medalla Belisario Domínguez, y la Beca del Centro Mexicano de Escritores.

 

Respecto a las obras de Sabines, el escritor José Emilio Pacheco opinó en cierta ocasión que “son cartas confidenciales de la clase media, para la clase media y desde la clase media”. Esto fue un elogio a la capacidad de Sabines de transformar la literatura en realidad, en un “realismo coloquial”, como fue definido su estilo por distintos críticos.