Mexicanos queriendo participar en construcción del muro: ¿astucia o indignidad?

 
Tonatiuh Muñoz Aguilar

Gran polémica ha desatado la noticia de que al menos una empresa mexicana estuvo interesada en colaborar con la construcción del muro fronterizo que pretende edificar el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la finalidad de impedir el paso de los inmigrantes ilegales hacia ese país.

 

Esta empresa con asentamiento en Puebla que lleva por nombre “Eco Velocity”, no es necesariamente una organización mexicana debido a que su dueño, Theodore Nicholas Atalla, es un egipcio con raíces griegas, radicado desde hace 20 en años en la capital del estado, pero que desde muy pequeño fue criado en Estados Unidos, es por ello que a pesar de su antigüedad en nuestro país Theodore Nicholas aún habla con acento estadounidense.

 

Así lo describió Carolina Vega, la única reportera poblana que ha tenido acceso a este industrial extranjero quien se dedica a la colocación de focos LED para edificios de todo tipo. Su organización apenas da empleo a tres poblanos, pero esto es suficiente para considerar que la empresa cuenta con mano de obra mexicana, lo que parece indigno dado que el muro que pretende construir Donald Trump es esencialmente para impedir que los mexicanos pasemos hacia el otro lado.

 

Sin embargo, las razones de Theodore no parecen cuestionables o en todo caso ilegítimas. El empresario se queja de falta de trabajo en los últimos meses e incluso exhibe una vez más la ineficacia del gobierno de Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz de quien asegura le quedó debiendo un dineral luego de que le trabajara en la iluminación de varios proyectos ya que, como sabemos, Duarte se escapó en un helicóptero quedándole a deber hasta al señor de las tortillas.

 

Es por ello que el egipcio buscó una alternativa en la iluminación del famoso muro, un negocio que promete mucho para los empresarios debido al increíble costo que representa, pues de acuerdo con los cálculos más moderados se habla de al menos 21,000 millones de dólares, repartidos entre todos los contratistas que edificarían la barda, la acondicionarían y pintarían y desde luego también la iluminarían.

 

El proyecto de Nicholas Atalla -quien está casado con una poblana- contemplaba la iluminación del muro fronterizo pero desde México, quizás esa fue una de las razones por las que el gobierno norteamericano le rechazó la solicitud de participación, además alegando una de las famosas frases de Trump, quien durante su campaña prometió que en su gobierno únicamente habría trabajo para los estadounidenses.

 

Al respecto del intento de esta empresa poblana por participar en la construcción del muro ya se pronunciaron el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso, y también el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal. Aunque ambos funcionarios aseguraron que en México hay libertad de negocio, los dos hicieron un llamado para que los empresarios mexicanos hicieran un “examen de conciencia” y de esta manera determinar si es digno que las organizaciones mexicanas participen en ese proyecto.

 

Lo cierto es que la construcción del muro promete mucho en cuestión de ganancias y más allá de la falta de dignidad que podría haber en el hecho de participar en la edificación de una muralla que hoy por hoy se ha convertido en el símbolo del racismo y de la xenofobia, existe una visión muy diferente para aquellos empresarios cuyo primero y último fin es el dinero -ya que esa es la razón de ser de toda empresa-.

 

Estos últimos podrían decir: yo me quedo con “la lana” de los norteamericanos y al final, los mexicanos de todos modos van a encontrar una manera para seguirse metiendo a los Estados Unidos, muy a pesar del estúpido muro.