Javier Duarte, ese soldado del PRI abucheado por los “maras”

 
Tonatiuh Muñoz Aguilar

Descalzo y esposado de pies y manos, el exgobernador de Veracruz Javier Duarte se ha convertido en el mártir necesario del gobierno y del PRI, al que le tocó jugar el papel nada deseable de ser el cordero del sacrificio en esta inmolación pública que es su captura.

 

Soldado del partido tricolor hasta en su caída, a Javier Duarte de Ochoa le ha correspondido ser el mártir del Sábado de Gloria que se entrega para que en este país la gente sepa que su gobierno sí trabaja fuerte contra la corrupción y la impunidad, contra los gobernadores que entregan agua destilada en vez de quimios a los niños con cáncer.

 

El circo de Javier Duarte empezó desde que él mismo decidió hacer más espectacular su caso. No quiso entregarse por la vía de la tranquilidad acordada, donde seguramente hubiera tenido ciertas deferencias y en cambio prefirió huir como delincuente, como el delincuente que es, en helicóptero y con su esposa de fiel compañera.

 

El exgobernador desdeñó una cárcel "cómoda" —como la que seguramente tienen Guillermo Padrés o Andrés Granier— y en cambio prefirió un celda de dos por dos metros, en un país que no es el suyo y al lado de los criminales más buscados del mundo. Sin embargo, sorprende que de entrada Javier Duarte haya rechazado la extradición, pues se entiende que en México tendría más "privilegios" que en Guatemala.

 

El exgobernador satisfizo con su audiencia la sed de sangre que tenía el país o que tienen muchos de los medios informativos. En un país donde todos están hartos de los gobiernos ladrones, el pueblo se ha dado el gusto de ver caído al exmandatario, otrora ufano y rozagante. La sonrisa que

el pasado sábado esgrimía Duarte se le borró para el martes, cuando fue presentado ante el juez, en medio de un remolino de reporteros.

 

De acuerdo con la crónica del periodista Juan Meléndez, reportero de uno de los tantos medios locales que se han volcado sobre el caso debido a la enorme atención que el pueblo guatemalteco le ha enfocado a Javier Duarte, el exgobernador no guardó su soberbia en ningún momento y hasta se mostró molestó cuando le quitaron los zapatos por protocolo.

 

Javier Duarte no tuvo privilegios al pasar frente a las celdas que conducen a los juzgados y desde donde decenas de pandilleros, los llamados "maras" —miembros de la Mara Salvatrucha, o sea, la peor escoria de la sociedad—, lo abuchearon y le gritaron "¡basura!", "¡que lo quiebren!". Algo de justicia terrenal debe de haber cuándo a un exgobernador corrupto lo abuchean los miembros de una pandilla.

 

A la salida del juzgado y tras más de dos horas de audiencia, en la que Javier Duarte escuchó el relato por boca del juez, de cómo se planeó con sus socios para desfalcar al erario, el exgobernador veracruzano se enfrentó nuevamente a los reporteros, uno de los cuales, ya valiente, se animó a darle un "zape". Al parecer al priísta no le gustó nada esta nueva humillación y volteó a ver al responsable.

 

Una última vergüenza habría de pasar por ese día el exgobernador ratero que alguna vez le levantó la mano al presidente, que se paseaba en camionetas de lujo con decenas de escoltas y que se mandaba hacer cuadros de miles de dólares. Al abandonar la torre que alberga a los juzgados, uno de los policías lo arrojó a la parte trasera de una camioneta, la que el reportero describió como una jaula móvil.

 

Desde allí lo captó la lente de un fotógrafo, en el piso y ya con zapatos, con chaleco antibalas, pero todavía esposado de las manos, con el rostro serio, entre adolorido y molesto: la foto que en los próximos días le dará vuelta al país para escarmiento de otros gobernadores. Javier Duarte, el soldado del PRI que se sacrificó por su partido, hoy es abucheado por los "maras".