Lidiar con el cadenero, un proceso obligado y tortuoso para fiesteros

 
Luis Alberto Cataño

Para todo el que haya querido un día salir a un “antro”, ha tenido que pasar por el proceso más tortuoso de la noche: lidiar con el cadenero del lugar.

 

Ya sea que le digas “Jimmy” o “Mike”, o hasta el arcaico “Popeye”, siempre necesitarás el visto bueno del encargado de la puerta (cancerbero) para poder entrar al lugar de tu preferencia.

 

Algunos son personas amables que solo hacen tareas de seguridad y de revisión, pero otros trabajan para hacerle la vida imposible a cualquiera que no sea de su agrado o no cumpla con “los estándares” de los clientes y son discriminados por su apariencia u orientación sexual, incluso llegando a la violencia.

 

Tal es el caso de lo sucedido en los antros de San Andrés Cholula en las últimas semanas, cuando los cadeneros atacaron a clientes en Voodoo Mama y Bhura Bar por agredir a clientes que estaban en la fila de la entrada.

 

El pueblo sanandreseño ha sido conocido por años por ser el foco de algunos de los mejores antros de la zona conurbada de la capital; sin embargo, la moda del cadenero es extendida a todos los lugares comerciales de Puebla Capital, donde las mismas prácticas se pueden observar.

 

En una revisión hecha por IMAGEN POBLANA sobre denuncias hacia los cadeneros, se encontró que se mantiene la misma queja por los usuarios: discriminación, maltrato, prepotencia y grosería por parte de los cuidadores de entrada.

 

Todos con el cliché de ser hombres altos, musculosos (o al menos corpulentos) y vestidos de negro, son los principales responsables de los malos tratos para todos los que gustan salir de fiesta en la noche.

 

“El tipo de la entrada de La Cantada es prepotente y solo deja entrar a sus amigos”, acusa una usuaria en la página de Facebook etiquetando al bar.

 

Los mismos comentarios se leen para denunciar a bares como “La Culpable” y “DejaVú”, ambos en Lomas de Angelópolis.

 

“Si no vas con mujeres o llegas en carro chingón, no entras. Y hazle como quieras” o “Si le das 200 varos, sí entras”, son parte de la experiencia de muchos usuarios.

 

Los operativos de la Dirección de Normatividad del Ayuntamiento han reportado ciertos malos tratos; sin embargo, delegan la irregularidad a la Profeco o en caso de discriminación -prohibido por la Constitución- se remite hasta la Comisión de Derechos Humanos o, en su caso, reportó el director de Normatividad y Regulación Comercial, David Alvarado Limón, en su última comparecencia.

 

Otros lugares como Loretta, Central, Zuntra, Sophia, XS, todos en la zona de San Andrés y Angelópolis, son conocidos por su poca apertura a clientes que no gozan de gran fortuna, o que no van acompañados de mujeres, que estadísticamente son las que abren la oportunidad para que el cadenero dé entrada a los consumidores.

 

Todo esto es una práctica “común”, a pesar de que la ley, a través de la Ley Federal de Protección a los Consumidores y la Constitución Política, prohíben expresamente en las Garantías Individuales que ningún establecimiento puede ser discrecional a la entrada de consumidores ya sea por su apariencia, raza, religión, orientación sexual u origen étnico; sin embargo, en la práctica, los propios “antreros” han permitido esta práctica cotidiana tan solo por salir de noche a un lugar de moda y divertirse.