Historias en Papel

 
Notimex

“Historia de los hombres lobo”, de Jorge Fondebrider, dice que desde la intolerante Suiza de Calvino, la violenta Alemania de Lutero, pasando por la Francia de las luchas religiosas, de uno a otro lado del mundo occidental, y desde mucho antes de esa Antigüedad que hoy nombramos Clásica, siempre ha habido hombres lobo.

 

El autor asegura que sobrevivieron al exterminio sistemático al que en muchas naciones de Europa fueron sometidos, y también a los múltiples fuegos de la Inquisición. Se les ha visto merodear, incluso, en aquellas latitudes donde el lobo nunca ha existido. Son una idea monstruosa, son el fruto de la imaginación, del miedo, de la noche, y la ignorancia.

 

Su realidad se apoya en una variedad de ideas que Occidente ha acumulado a lo largo de dos mil 500 años en cientos de historias maravillosas. Las páginas que generaron son la materia prima de este libro que reúne mitos, leyendas, y textos filosóficos, religiosos, literarios, científicos, antropológicos, legales y periodísticos, reunidos a lo largo de mucho tiempo.

 

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“Anatomía de un soldado”, de Harry Parker, cuenta que el capitán Tom Barnes guía una unidad de tropas británicas en una guerra en algún lugar de Oriente Medio. Fatalmente, su destino se entrelaza con el de dos jóvenes locales que se ven forzados a dejar atrás su infancia, andar en bicicleta y volar cometas, para defender su tierra contra el invasor.

 

Se trata de una novela donde el horror, el caos y el sinsentido de la guerra y de las vidas que arrasa en su torbellino de destrucción son narrados por 45 objetos inanimados, que involuntariamente son utilizados por los humanos como herramientas para destrozarse entre sí: Las botas de combate, un casco, una bolsa, una medalla, o una lata de cerveza.

 

A través de las “narraciones” de esos objetos, Harry Parker escribió una novela polifónica a la que el desapego con el que los objetos describen la locura humana confiere un talante tan escalofriante, tan absurdo, que por momentos consigue que los lectores envidien esos objetos por la fortuna de no hallarse atrapados en los interminables conflictos armados.

 

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“La guardia”, de Joydepp Roy-Bhttacharya. Tras una larga noche de enfrentamientos, un grupo de soldados estadounidenses destinados en una remota base en Kandahar asiste a un extraño espectáculo: Lo que parece ser una mujer cubierta por un burka avanza por la pista de tierra sobre una especie de carrito, ayudándose sólo con la fuerza de sus brazos.

 

Atrincherada en el exterior del fuerte, bajo un sol abrasador, ella exige que le devuelvan el cuerpo de su hermano, fallecido durante la batalla del día anterior, para darle sepultura de acuerdo con los ritos de su fe. Decidida a llevar a cabo la misión que se ha propuesto, se niega a abandonar aquel inhóspito lugar. La trama va de lo dramático a lo sensible.

 

Los soldados, exhaustos y tensos, van tomando diversas posturas respecto de la extraña desconocida: Algunos desconfían de ella, temerosos de que no sea más que un señuelo para una emboscada; otros, creen que bajo el burka se esconde un terrorista suicida; pero algunos barajan la hipótesis de que se trata de una espía. Pero ¿y si ella es quien dice ser?

 

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“La carrera por el segundo lugar”, de William Gaddis. Quien esté familiarizado con las novelas de Gaddis conoce el alcance de su inteligencia y de su lucidez; una sagacidad y una capacidad de penetración que el lector hallará también aquí en toda su magnificencia. Sirve de ejemplo el texto que da título al libro, donde Gaddis lanza sus afilados dardos.

 

Los lanza a la cultura del éxito de su país, a la unión entre ética protestante y capitalismo que da lugar a la idea tan perversa como falsa de que quien es pobre lo es porque así lo merece y que los favorecidos son los más virtuosos. El escritor y la literatura también caerían del lado de los perdedores y de los relegados, de acuerdo con esa absurda lógica.

 

Queda claro que la cultura de masas, la religión, el capitalismo y las grandes obsesiones que guiaron las celebradas novelas de Gaddis, uno de los mejores escritores de Estados Unidos del siglo XX, “hermano mayor” literario de Thomas Pynchon, y “padre” de David Foster Wallace, aparecen aquí con otros ropajes pero tan incisivas y perspicaces como siempre.

 

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“Beatriz decidió no casarse”, de María Paulina Camejo, es la historia de “Beatriz”, mujer apasionada, aparentemente enamorada del amor, pero quien decidió dedicar toda su vida a cumplir su único sueño: Ser una escritora exitosa y reconocida. Así, a sus 45 años, sus largas horas de trabajo se vieron recompensadas con el Premio Cervantes de Literatura.

 

Alcanzó ese premio después de tener una vida llena de noches, mismas que transcurrieron en soledad con la única compañía del vino y de la música. Han pasado 23 años desde que terminó con su novio, “Santos”, con quien había disfrutado de una bella relación. En el avión que la lleva a Madrid para recibir su premio “Beatriz” se reencuentra con “Santos”.

 

Juntos, rememoran momentos que ninguno había olvidado. Al saberla merecedora del prestigioso Premio Cervantes, “Santos” le pregunta a Beatriz: “¿Valió la pena?”. A partir de ese momento se desata una serie de situaciones propias de la inagotable imaginación de Camejo, graduada en literatura hispana e historia del arte de la Universidad de Miami.