Las patéticas lágrimas de Rafael Núñez

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Ángel Trinidad
 
Tonatiuh Muñoz Aguilar

El alcalde de San Martín Texmelucan, Rafael Núñez Ramírez, protagonizó el pasado jueves una de las escenas más lamentables y patéticas de las que quedará memoria en esta administración municipal, caracterizada entre otras cosas por las alianzas y la duración excepcional de cuatro años y ocho meses.

 

Fue justamente una de esas alianzas de facto la que ha permitido que Rafael Núñez, emanado del PT y quien de otra manera no hubiera llegado a ser presidente, permanezca cerca de cuatro años en el poder pese a la serie de acusaciones y críticas de las que desde el segundo año de su administración ha sido objeto.

 

El principal problema de San Martín, el que se venía acarreando desde hace años, tenía ser el que expusiera a Rafael Núñez como lo que es: un alcalde pelele, incapaz de controlar a las distintas fuerzas al interior de su municipio y que cuando las cosas se le salen de control, recurre al uso fallido de la fuerza o bien a las actuaciones dramáticas.

 

Durante más de tres años se le dijo a Núñez que la crisis que había en el tianguis de San Martín —uno de los más grandes de América—terminaría por estrangularlo políticamente y exponerlo ante la opinión pública. El presidente municipal prefirió gastar millonarias sumas es alquilar camionetas de lujo y en reprimir a reporteros, antes que trabajar con anticipación en destrabar un conflicto que ya era añejo.

 

Desde los primeros días de su mandato, la prensa le cuestionó sobre el plan de acciones que tenía pensado con el objetivo de resolver los conflictos de inseguridad, cobros indebidos y hacinamiento que ya se relataban al interior del tianguis, pero el presidente solo atinó a declarar que había un problema, pero que no tenía nada para solucionarlo.

 

Largas y más largas, fechas en las que Rafael Núñez prometía "ya se iniciarán con las pláticas", sin que ninguna de estas llegara. Y en medio la serie de escándalos que terminó por derrumbarlo, por convertirlo en un alcalde que se limitó a administrar los recursos de su administración y aguantar los reclamos de los texmeluquenses de distintos grupos y distintas condiciones.

 

Empresarios, grupos políticos, medios de comunicación, sociedad civil y hasta la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que le emitió una recomendación e incluso le pidió al Congreso que lo llamara a comparecer por no dar respuesta a él: todos se enfrentaron de manera infructuosa con el edil texmeluquense. Núñez se resistió a dimitir, anteponiendo siempre su soberbia.

 

Pero ésta se destruyó, junto con la poca dignidad que le quedaba, con las lágrimas fingidas que derramó este jueves, cuando le suplicó a un pueblo que por demás dejó de respetarlo hace mucho, que lo ayudara para expulsar a los comerciantes que tenían tomado el Palacio Municipal, acusando asimismo un abandono del gobierno.

 

En vivo a través de internet y de una frecuencia de radio, el alcalde de Texmelucan cavó su tumba cuando aludió cínicamente a Dios y pidió a sus gobernados que rezaran, reconociendo de este modo que no era capaz de terminar con el conflicto ni de cumplir con su obligación de brindar seguridad a su pueblo.