Un cuarto propio

Los peligros del “amor romántico”

Rakel Hoyos

Hace unos días, el 30 de julio para ser precisos, se conmemoró el Día Mundial contra la Trata. Hablar de cifras sobre este tema está de más, pues basta solo revisar la hemeroteca de algún medio de comunicación para encontrarnos datos como que en México hay más de 360,000 casos de víctimas de trata, de las cuales 93 % son mujeres y niñas. Nos enteraremos también de que este “negocio” ha resultado de los más lucrativos para los delincuentes (únicamente superado por el narcotráfico), reportándoles ganancias millonarias que les permiten incluso expandirlo a Estados Unidos.

 

Estos días, leyendo sobre el tema de la trata, también me he encontrado con artículos sobre el mito del “amor romántico” y cómo se correlaciona con la dominación, la violencia de género y el sometimiento de las mujeres, encubierto bajo el velo de la fantasía amorosa.

 

El amor romántico es una construcción social y cultural que inicia con las instituciones y sus reglas, las institución del matrimonio, de la religión y hasta del sistema capitalista, pues la sociedad está creada solo para el modelo de familia tradicional; por eso les hace tanto ruido a los grupos conservadores los matrimonios homosexuales y las familia homoparentales, porque van en contra del sistema, de las instituciones y de sus ideas obsoletas.

 

El amor en la tradición occidental está representado a partir de rituales sociales añejísimos, que tuvieron como antecedente el amor cortés y el amor platónico. Es iluso creer que nuestros sentimientos hacia la pareja son algo único y original que surge casi de manera espontánea gracias al destino o a cupido. Pero no, estamos determinados por la ideología bajo la que fuimos educadas, por tanto, hemos sido condicionadas a pensar de cierta manera. Y es en este sistema en el que las mujeres nos llevamos la peor parte, pues la tradición nos ha sembrado la idea del anhelo, el anhelo por ser amadas, por encontrar la mitad que nos falta para estar completas. Vamos por ahí buscando al ser amado a como dé lugar, identificándonos con series, películas, telenovelas, canciones y demás historias del imaginario colectivo que han puesto al “amor” en el centro del universo. Lo preocupante de esto es que dejamos en esa búsqueda el amor propio, la libertad, la integridad y a veces hasta la vida, porque esta construcción cultural solapa la violencia, la esconde y hasta la justifica. ¿Quién no ha escuchado que quien te ama te cela o que por amor puedes soportarlo todo? Y es entonces que nos subordinamos, aceptamos pertenecer a la pareja y confiamos en que el “amor” nos hará felices.

 

Es de esta forma como perpetramos un peligroso ideal de “amor romántico” que puede tener consecuencias graves como violencia en la pareja (psicológica, física, económica), suicidio y hasta feminicidio.

 

Regresando al tema de la trata, pensemos en la forma en la que los lenones “enganchan” a sus víctimas; a varias de ellas las secuestran, pero en muchas otras usan el método del “enamoramiento”. Esto no es una novedad, pues es bien sabido que, sin ir tan lejos, en Tenancingo hay una fuerte “tradición” de engañar a jovencitas mediante el enamoramiento para después prostituirlas bajo la amenaza de dañar a sus familias. Las jóvenes son seducidas con la promesa de la protección masculina, quizá, hasta del matrimonio. ¿Tienen estas niñas un referente distinto que las pueda salvar del engaño? No, porque si las mujeres del ámbito urbano y hasta con preparación académica no escapan de la idiosincrasia mexicana que dicta que una mujer debe casarse y formar una familia, menos aquellas chicas con oportunidades tan limitadas. Para cuando se dan cuenta que el enamoramiento fue un engaño, ya han sido enganchadas y alejadas de sus familias. ¿Y dónde quedó el mundo color de rosa que le prometía un protector, un benefactor, un príncipe azul?

 

Como ya lo había reflexionado en anteriores textos, a las mujeres se nos atribuyen características como debilidad, limitación, sensibilidad, delicadeza; somos seres que necesitan protección y cuidado, pero lo peor de todo es que nos lo creemos y forjamos un vacío imaginario que necesita ser llenado por una pareja.

 

Años de aparente evolución y el tema del amor parece ser el mismo. Parece que todos lo buscan, todos lo necesitan, pero ¿en verdad lo necesitamos? ¿O es bajo esta fantasía que el machismo nos manipula para que perdonemos y soportemos todo? Es esta gran mentira la que puede llevar a una mujer a peligrosos derroteros: al lado de una pareja que la golpea, que se siente dueño de ella y hasta con el derecho de acabar con la vida de ésta. ¿Y por qué las mujeres lo permitimos? ¿Por amor? ¿Por ese concepto abstracto e impuesto socialmente que “todo lo puede”?

 

Las abuelitas nos dicen que los matrimonios de antes duraban toda la vida y no había tantos divorcios como ahora, porque “aguantaban” (como si se tratara de un sacrificio). ¿Eso queremos en nuestra vida, sacrificarnos con tal de no estar solas? Porque la soledad es anormal, es mal vista. Una mujer de cierta edad, si no tiene pareja es una “quedada”. Se nos ha sembrado una idea de “necesidad” como un chip al que se le ha colocado la información de lo que nos es menester para ser felices. Sentimos la necesidad primero de gustar, ser atractivas y deseables para el sexo masculino, para que nos elijan. Somos afortunadas porque entre muchas, “él” nos ha elegido; ahora hay que mantener su interés, ser dóciles y demostrar que podemos ser buenas candidatas a esposas para que se casen con nosotras. Luego, ¡ya tenemos marido!, ¡lo hemos logrado! Ya no necesitamos buscar más. La felicidad es lo de menos, con que socialmente estemos cumpliendo con el papel para el que fuimos creadas, eso es suficiente.

 

Habrá quien piense que exagero, pero siendo sinceros, aun en esta época ¿estamos exentos de la presión social? Ciertamente, las mujeres hemos conquistado terreno en cuanto a la independencia económica, pero no en la dependencia emocional. Todo esto no es algo que yo me esté inventando, planteo el tema a partir de las reflexiones de expertas, teóricas feministas que han estudiado el tema a fondo como Coral Herrera, Marcela Lagarde, Kate Millet y hasta Simone de Beauvoir.

 

No estoy tratando de decir que el amor (hacia una pareja) no debería existir, lo que intento decir es que se sustenta en las premisas equivocadas, el significado es erróneo y los resultados son peligrosos. El amor debería basarse en el respeto, la libertad, la aceptación del otro, la confianza. Debería ser un intercambio que sume, no que reste. Que nos dé tranquilidad. A pesar de lo que digan todas las canciones dramáticas, el amor no debería hacernos sufrir. Tampoco debe ser el centro de nuestras vidas y que cuando se termine nos derrumbe (cuántos no se han suicidado o han matado a sus parejas por decepción). Debe ser solo una parte de nuestras vidas, como lo son otros segmentos igual de importantes que conforman nuestra felicidad. Debe ser un intercambio equitativo en el que ninguno de los dos sea un objeto destinado a complacer al otro. Debemos terminar con esa cultura de la tragedia y del amor romántico para que las jóvenes generaciones no estén sometidas a esa presión de no quedarse solos y tomar malas decisiones. Recordemos lo que proponía el feminismo y la generación de los sesenta: un amor libre, sin instituciones que le impongan reglas, que no esté sujeto a la procreación y que le dé satisfacción por igual a ambos integrantes.

 

Deshacernos de las secuelas que nos ha dejado el concepto de amor romántico es complicado, pero no imposible. La solución es la búsqueda del amor propio, así como saber reconocer los estereotipos machistas disfrazados de “romance”.

 

Recomiendo igual leer a teóricas feministas como las que mencioné anteriormente porque t ofrecen bases más claras de la problemática de la violencia de género y cómo prevenirla. Muchas veces sabemos que algo no va bien, que ciertos comportamientos no son “normales” o justos con las mujeres; sin embargo, es cuando encuentras a alguien que le da nombre cuando te sientes identificada y generas una verdadera reflexión.

 

Y de eso se tratan los distintos tipos de feminismo, de buscar las respuestas y las soluciones a las diversas formas de opresión en contra de las mujeres. En este caso, el amor es un tema con el que nos identificamos todas porque en uno o más momentos de nuestras vidas hemos sufrido por su causa; pero de lo que muchas no nos habíamos dado cuenta es que nuestra cultura y la forma en la fuimos educadas nos llevó a cometer esos errores. Y es precisamente a través de la educación en las niñas como se debe ir haciendo un cambio, un rechazo a la ideología de la dependencia, de la dominación y de cualquier forma de “amor” que intente subyugarnos. Pues como lo dice Simone de Beauvoir: El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.