Utopía

Los amigos de la reforma energética

Eduardo Ibarra Aguirre

Todavía no empezaba a materializarse la reforma energética aprobada en 2013 y que abrió el estratégico sector a la inversión privada nacional y sobre todo trasnacional, en agosto de 2014, cuando ya circulaban hipótesis, tesis y apuestas de que los grandes ganadores no serían los consumidores más comunes que corrientes, como lo reveló el gasolinazo del comienzo de 2017, sino los hombres y mujeres de siempre, el medio centenar de las familias dueñas de México, y la muy corrupta tecnocracia gubernamental, con sus dignas excepciones, de los gobiernos de Miguel de la Madrid (1982-88) hasta Enrique Peña Nieto.

 

Afirma la sabiduría popular que “la burra no era arisca, la hicieron”. Y 35 años de privatizaciones de los bienes nacionales a precios de remate y para los socios y cuates del presidente y el grupo gobernante en turno, rescates (carreteros y azucareros) vueltos a privatizar y a rescatar, dejan un aprendizaje a los gobernados con todo y que el oligopolio mediático cierra filas con el modelo hegemónico que lleva a México y la aldea global a la catástrofe.

 

A las presunciones que para muchos eran anticipadas e incluso ideologizadas, ya es posible poner los nombres y apellidos de los amigos y los corporativos, como lo hicieron Sandra Rodríguez Nieto y Dulce Olvera Martínez, del portal Sin Embargo, en texto elaborado con el “apoyo financiero de Natural Resource Governance Institute”: http://www.sinembargo.mx/24-07-2017/3267718

 

Por primera vez en más de 76 años, el sector energético fue abierto a la inversión del gran capital, lo que da idea de la claridad de objetivos y la eficacia de este gobierno para abrirle paso a su modelo a costa de lo que sea –incluido ignorar el desacuerdo de la mayoría de los ciudadanos–, porque están decididos a llevar el capitalismo de compadres, subordinado a la integración dependiente con Estados Unidos, hasta donde tope.

 

En consecuencia, la recurrente subestimación de Peña Nieto y su gobierno hasta llegar al muy socorrido “pendejeo”, es una gran impertinencia por decir lo menos, ya que es sabido que en política no existe adversario pequeño y subestimarlo es un enorme error que se paga caro.

 

La reforma energética muestra, como detallan Rodríguez Nieto y Olvera Martínez en este excelente reportaje, que la práctica de transitar de la esfera pública a la privada –y que varios académicos llaman “puerta giratoria”– ha sido transexenal y compartida por políticos de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional, el ya histórico PRIAN sin el que es impensable el rumbo y modelos impuestos.

 

Entre los ya beneficiarios de la transformación constitucional como una fuente de negocios para expresidentes, exsecretarios y exdirectores generales de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad y que formaron parte de los gobiernos que impulsaron la reforma energética, usted encontrará a Pedro Aspe Armella (la pobreza “es un mito genial”, decía como secretario de Hacienda y hoy es un plutócrata), Felipe Calderón Hinojosa, Luis Téllez Kuenzler (con un clarísimo conflicto de interés), Jerónimo Gerard Rivero (cuñado de Carlos Salinas de Gortari), Salvador Beltrán del Río y Gerardo Rodríguez Regordosa (subsecretarios con Calderón), Georgina Kessel Martínez, Liébano Sáenz Ortiz, Eugenia Solana Morales, Alejandro Fleming Kauffman, Adrián Lajous Vargas, Jesús Reyes Heroles González Garza y otros tecnócratas que actuaron decididamente como amigos de la reforma energética y ahora cobran muy buenos dividendos.