Utopía

“Vía pacífica, institucional y democrática”

Eduardo Ibarra Aguirre

A Marcelino Perelló, Jaime Avilés y Eduardo del Río.

 

El secretario mexicano de Relaciones Exteriores escribió en su cuenta de Twitter la tarde del domingo pasado “Que no quepa duda: solamente por la vía pacífica, institucional y democrática podrá Venezuela resolver su profunda crisis”, justo cuando se produjo el ataque al fuerte Paramacay, en el estado de Carabobo.

 

No pudo ser más oportuno el brevísimo pero sustancial mensaje de Luis Videgaray. El gobierno que representa el primero y encabeza Enrique Peña Nieto, no apuesta por las soluciones de fuerza nacionales y puede colegirse que mucho menos extranjeras para dirimir la sumamente violenta contienda por el poder que se libra en Venezuela, no desde hace 131 días como afirma la propaganda global que divulga con altísimos decibeles y omitiendo contextos y elementos informativos y de juicio de todos los actores políticos y agentes económicos y sociales, sino desde que la oposición ganó en las urnas la mayoría de los asientos de la Asamblea Nacional, el 6 de diciembre de 2015. Resultados con los que la Mesa de la Unidad Democrática apostó a deponer a Nicolás Maduro y de una buena vez dominar también el Ejecutivo.

 

Es completamente natural que un partido político triunfante o una coalición de ellos, como es la MUD, aspire a despachar en el Palacio de Miraflores, para eso son los institutos para disputarse el poder, pero Leopoldo López y Enrique Capriles, entre otros, comieron ansias y cometieron errores tan elementales como desentenderse de un hecho insoslayable, que la Venezuela de hoy es ingobernable sin el chavismo, y la misma fórmula es válida para la Mesa.

 

Es decir, están condenados a cohabitar y para ello es indispensable la negociación y el acuerdo entre ambos bloques, llenos de matices políticos, ideológicos y económicos; pero la aguda polarización no permite visualizarlos y la propaganda lo impide.

 

En tanto que el creciente desánimo en las filas de la MUD y las pronunciadas divergencias entre sus dirigentes son reconocidas hasta por los corresponsales del Grupo Fórmula y sus conductores que las ocultaban.

 

La obsesión de la MUD por destituir a Maduro Moros sin respetar las reglas del juego institucionales y por medio de las cuales ganó la mayoría legislativa, está a cuatro meses de cumplir tres años. Y con todo y el decisivo apoyo del gobierno de Estados Unidos, de Barack Obama y Donald Trump sin diferencia alguna, excepto que el canciller gringo que antes presidió ExxonMobil hoy despacha como titular del Departamento de Estado, práctica característica de la “democracia” estadunidense.

 

Y tal apoyo y el de muchos “amigos”, socios y aliados de la Casa Blanca tiene como principal resultado el envalentonamiento sin precedente de los líderes opositores que todo lo ven –así lo anuncian directamente y por medio de esposas e hijas improvisadas como voceras, señoras que todo lo reducen a una telenovela de “libertadores” contra “dictadores”–, a otros los convirtió en promotores de “soluciones” violentas, incapaces de generar alternativas a los problemas de Venezuela y al predominio de concepciones maximalistas que durante 18 años demostraron su inviabilidad.

 

Por todo ello es muy importante el mensaje de Videgaray Caso. Falta por ver si tendrá consecuencias prácticas o sólo obedeció a que ese día se levantó con el pie izquierdo. O lo que es muchísimo peor, que no agradó a Donald Trump y es público cómo trata, cómo da órdenes al presidente de México y él guarda silencio.