Creatividad en “Las aventuras del Capitán Calzoncillos”, su mejor superpoder

 
Jaime López

En una semana repleta de heterogéneos estrenos fílmicos, “Las aventuras del Capitán Calzoncillos” resalta o brilla como una de las mejores recomendaciones para la familia y los cinéfilos más exigentes, aquellos que quieren disfrutar de producciones (animadas o no) de buena calidad y con buenos argumentos. Y es que las personas encargadas de escribir y dirigir la adaptación de la saga literaria homónima logran convertir las limitaciones de su presupuesto en un catalizador de mucha creatividad e imaginación.

 

Con apenas 38 millones de dólares (una inversión minúscula y poco habitual para los estudios Dreamworks y la compañía Fox), “Las aventuras del Capitán Calzoncillos” logra atrapar la atención del espectador, esto desde el primer minuto del metraje, cuando unas voces infantiles, pertenecientes a los verdaderos protagonistas de la historia, rompen la cuarta pared y comienzan a interactuar con la audiencia.

 

A partir de ese momento, los responsables de la película (David Soren y Nicholas Stoller) se decantan por introducir a la audiencia en la fértil imaginación de un dúo de niños completamente felices, quienes se complementan y constituyen ya como una de las parejas emblemáticas de la historia del cine. Son “George” y “Harold” (en la versión original) o “Jorge” y “Alberto” (para el público mexicano), quienes aman crear historietas y aventuras en su vida cotidiana, siendo el “Capitán Calzoncillos” una de sus mejores invenciones.

 

El “Capitán Calzoncillos” es bonachón, tiene buen corazón y usa su ropa interior como arma para atrapar a sus enemigos, pues gracias a que sus trusas se estiran demasiado, puede hacer unos enormes saltos por encima de grandes edificios. Al mismo tiempo, este peculiar personaje es el epítome de la inocencia infantil, la representación de la alocada imaginación juvenil que con el paso de los años, por desgracia, muchos adultos van extraviando.

 

Básicamente, la película de “Las aventuras del Capitán Calzoncillos” recupera los elementos básicos de la saga literaria escrita a finales de los años noventa por Dav Pilkey: el amargado director de la escuela a la que asisten “Jorge” y “Alberto”, el anillo tridimensional de plástico con el que estos últimos hipnotizan al profesor “Carrasquillas” (para convertirlo en el peculiar superhéroe en pañales), los tubercalzones y la estética de las ilustraciones.

 

Es justamente allí en donde radica el mayor superpoder de los creativos, en convertir las limitaciones monetarias en su mejor virtud, mezclando diferentes tipos y estilos de animación (en ocasiones se asemeja mucho a las historietas de “Charlie Brown”), lo cual produce un argumento ameno que divierte a los espectadores.

 

En “Las aventuras del Capitán Calzoncillos”, el escritor Nick Stoller (encargado de revivir en la pantalla grande a “Los Muppets”) evita caer en los maniqueísmos argumentales, pues para él no hay una lágrima por cada risa, sino que decide optar por una hilaridad constante y contagiosa. Inclusive, en los momentos más profundos y “oscuros” también hay lugar para el humor.

 

Sí, es cierto, por momentos “Las aventuras del Capitán Calzoncillos” adolece de chistes simplones, pero es un detalle mínimo que no ensombrece al resto del metraje (además, muchos “adultos” constantemente usan la simplonería como eje de sus alegrías). Este film se caracteriza por ser ágil, dinámico y ocurrente.

 

Finalmente, “Las aventuras del Capitán Calzoncillos” goza de un villano mucho mejor desarrollado que muchos de los retratados en las grandes superproducciones de Hollywood. Es una cinta inteligente que hará salir a los amargados (del estilo del profesor “Carrasquilla”) con una gran sonrisa en el rostro.