Utopía

Lo bueno cuenta y queremos que siga…

Eduardo Ibarra Aguirre

Desde el 25 de agosto y hasta el 6 de septiembre, a partir de las 8:00 y hasta las 21 horas, el aparato comunicacional y mediático mexicano girará alrededor de los anuncios –hechos por actores presentados como escolares, agricultores, padres de familia y trabajadores manuales e intelectuales–, para que Enrique Peña Nieto informe a las audiencias los que presenta como extraordinarios logros con motivo del V Informe de Gobierno, de uno que empezó con “Mover a México” y ahora se refugia en “Lo bueno cuenta y queremos que siga contando”.

 

Los 13 de un total de 30 mensajes contienen realizaciones en temas como agroindustria, turismo (amenazado por el repunte de la inseguridad pública), salud, educación, economía, programas sociales, medio ambiente, vivienda, infraestructura y fuerzas armadas. Ejército y Marina sin los que son impensables éste y el anterior gobierno, por lo menos.

 

No pongo en duda el derecho del presidente y su grupo a cacarear el huevo, porque ponerlo dicen que es relativamente fácil. El pero estriba en el divorcio entre la percepción gubernamental “sobre el estado de la Unión” y la que tienen la mayoría de los gobernados y que a la elite parece no preocuparle. No otra cosa evidencian las muestras demoscópicas que arrojan un amplio rechazo a la transnacionalización del sector energético, la violación de los principios de autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución política y negociada de los conflictos, como sucede con cinismo inusitado hacia Venezuela con Luis Videgaray, el gurú de Peña Nieto.

 

Al grupo sexenal le falta un año para hacer maletas, pero insiste en pujar para dejar en Los Pinos a uno de los suyos, por lo menos de EPN, como Aurelio Nuño (el reformador de la educación que no sabe “ler” ni distingue entre astróloga y astrónoma). Y no es anecdótico para la gobernabilidad y el arribo a buen puerto del proceso electoral de junio de 2018, que no se multipliquen los desencuentros entre gobernantes y gobernados.

 

Ejercen su derecho los que suponen que “agudizando las contradicciones” (Vladimir Ilich Ulianov) e incluso que la exigencia de renuncia de Peña forma parte de ese camino, pero todo indica que tales rupturas, inviables por lo demás, no tienen desembocadura clara para los intereses de las mayorías.

 

De propaganda hablamos, de la que difícilmente puede sustituir a la realidad por más que se repita mil veces, como decía el clásico nazi alemán, pero el bolsillo de las mayorías y la mesa de los hogares tienen un peso insustituible. Nikita Jruschov decía cuando despachó en el Kremlin que para saber cómo marchaba la economía soviética, se disfrazaba de paisano y visitaba los mercados para que los asesores no le doraran la píldora.

 

Como se la doran a Peña los medios que presentaron el arranque de los anuncios como nota de primera plana e incluso como “la de ocho”. Todo sea por mantener los favores y servicios presidenciales. Mas los medios (que con frecuencia son parte) están en su negocio, que es lo que hacen desde siempre porque son capitalistas que buscan obtener otras empresas más lucrativas. Juan Francisco Ealy Ortiz, por ejemplo, alquila su cabezal a Los Pinos para hacer “grandes descubrimientos” de corrupción pública contra los “enemigos del señor presidente”. Por algo estrenó dos o tres rotativas durante el gobierno de Carlos Salinas. Siempre como soldado del presidente.

 

Como fuere, es muy agradecible la desaparición del nembutal llamado “septiembre es el mes del Señor Presidente”.