Un cuarto propio

Fantasías femeninas

Rakel Hoyos

Hay tantas situaciones con las que fantaseamos muchas mujeres. Y no, no es con un vestido de novia ni una enorme casa que nos pueda comprar nuestro futuro marido. Las fantasías de las mujeres no siempre se centran en la boda de ensueño, el matrimonio o en tener un armario lleno de ropa y artículos de diseñador.

 

Para muchas, nuestras fantasías vienen incluso de lo más cotidiano. Hasta podría parecer absurdo, pero en serio es toda una utopía imaginarse viviendo en un mundo en el que no existan ciertos comportamientos aberrantes (masculinos principalmente), donde puedas salir segura a la calle, caminar de noche sin preocupaciones, viajar con tranquilidad en el transporte público o hasta librarte de los estereotipos, costumbres, tradiciones o como quiera que se le pueda llamar a esa carga cultural sofocante que no permite realizarte como tú quisieras.

 

Comencemos con esas “pequeñitas” acciones masculinas que nos incomodan. Por ejemplo, en el transporte público, el “despatarre” de los hombres, esa costumbre de abrir hasta donde se pueda las piernas ocupando mucho más espacio del que les corresponde. Hasta tiene un nombre, se le llama “manspreading”, y el término ha sido incluido en el diccionario Oxford. En Nueva York y en Madrid han lanzado campañas en contra de esta horrenda costumbre que he visto desde que tengo uso de razón. Siempre me pareció molesto, pero es una de esas situaciones que vas tomando como “normal”. Aunque ahora me entero que biológicamente no hay razón para ello, no se les aplasta ni les duele ni les pasa nada si se sientan con normalidad. Muchos hombres incluso se sientan con las piernas cruzadas, quizá no es para exigírselos a todos, pero, vaya, simplemente con que respeten el espacio de los demás, ya es ganancia.

 

Y qué decir del transporte público, creo que hay sujetos que incluso se suben solo para molestar. Si vas sentada y ellos parados a un lado de ti, te “repegan” sus genitales en el hombro; si vas parada, pues peor, parecen imanes. Hace poco me vi en la necesidad de tomar una de las líneas del metro de la Ciudad de México y un sujeto se colocó detrás de mí; cuando lo sentí tan mañosamente cerca intenté colocarme de lado, pero seguía pegándose, ahora a mi cadera. Así que con toda mi fuerza levanté el codo y dio justo en su estómago. El golpe lo hizo retroceder un poco, pero no desistir. Me mantuve en la misma posición, y por lo ajetreado del vagón, el tipo se golpeaba inevitablemente contra mi codo. No dijo nada y si lo hubiera hecho, también yo hubiese tenido que recurrir al escándalo. Lo que me sorprende de esto es hasta dónde tenemos que llegar para evitar el acoso, por qué no podemos viajar tranquilamente sin ser manoseadas o frotadas por depravados. Pues sí, es otra fantasía. Si bien existen vagones solo para mujeres, éstos se usan solo en ciertos horarios y no en todas las estaciones. Ajá, ¿y en los demás estados?, ¿en los autobuses? Soñaremos también con que haya unidades de transporte público en las que se excluyan a los hombres y con conductoras mujeres para poder viajar seguras y cómodas. ¿Absurdo?, pero… no suena nada mal.

 

Otro punto ya tocado en textos anteriores es el de culpabilizar a las mujeres por todo lo que les pasa, tampoco es que una deba ser irresponsable o imprudente, pero es injusto tomar por natural la conducta de violencia sexual masculina, en mayor medida en situaciones que involucran alcohol.

 

El más claro ejemplo es el de las chicas que han sido agredidas sexualmente en estado de ebriedad. Lo primero que todo mundo dice es “pero qué hacia una chica bebiendo con hombres” o “ella se lo buscó” y frases por el estilo. De cierta forma, pasarse de tragos es a veces parte de las malas decisiones que todos hemos tomado en algún momento de nuestras vidas, no importa si eres hombre o mujer, pero ¿eso quiere decir que merecemos ser violadas?, ¿le da derecho a un hombre abusar de una chica por el simple hecho de verla inconsciente?

 

Calificamos la situación bajo juicios morales, pero no lógicos. La acusación debería ir en contra del agresor en lugar de justificarlo. Por esas justificaciones desde pequeños muchos hombres crecen pensando que pueden hacer todo lo que quieran sin importarles las consecuencias.

 

Y sigo fantaseando con una sociedad en la que las mujeres puedan ir a donde quieran, divertirse sin estar expuestas a ningún peligro, sin ser violadas, sin ser juzgadas y señaladas con tanto rigor.

 

Relacionado con lo anterior, otro medio en el que suceden violaciones y una infinidad de agresiones sexuales es en los conciertos masivos. Y eso es algo que no solo he leído, he vivido el acoso sexual, el manoseo y los arrimones en un espacio en el que solo quieres ir a divertirte, bailar y saltar sin que nadie te moleste ni te incomode. La solución, pensarían muchos, sería que tú como mujer no asistas, estás más segura en tu casa. Problema resuelto.

 

Pero como no soy la única que fantasea, en Suecia encontraron otra solución para que las mujeres se diviertan a gusto: un Festival de rock sin hombres. Bravalla ha decidido hacer un concierto en el que se prohíba la entrada a los hombres debido a que no saben comportarse. Y claro, se alzaron las voces masculinas quejándose de “discriminación”. Ni modo, medidas extremas para casos extremos. Ojalá esta medida se extendiera por más países.

 

Y la lista es muy larga. He mencionado situaciones tan cotidianas que las dejamos pasar hasta acostumbrarnos a ellas. Si alguien pensó que estas “fantasías” iban encaminadas a un ámbito sexual, pues ¡oh decepción!

 

Además de las anteriores, hay fantasías más interesantes que tienen que ver con el conocimiento, la creatividad y el arte, pero lamentablemente nos falta conocer modelos femeninos a seguir y admirar. No es por demeritar a las cantantes y actrices populares, a las más famosas, pero son estereotipos impuestos e irreales que llevan a las chicas a soñar con un ideal físico. Y entonces todo gira en torno al cuidado de la piel, el cabello, el cuerpo, etcétera. Pero ¿a cuántas escuchamos platicar de política, de literatura, de ciencia?… al parecer también es una fantasía que estos sean temas más importantes que lo superfluo.

 

Y esta construcción utópica me lleva a imaginar un mundo en el que podamos sentirnos seguras, libres y cómodas en la calle, en el transporte, en los eventos masivos, pero también en el que podamos liberarnos de los estereotipos y aspirar a algo más elevado.

 

Admiro a las mujeres que se atreven a fantasear con ser líderes políticas, académicas, escritoras, científicas, músicas, cineastas, médicas, ingenieras y muchos ámbitos en los que dominan los hombres. Y que no solo lo sueñan, lo hacen y lo logran.