Utopía

Análisis de la desigualdad, reporte de Oxfam

Eduardo Ibarra Aguirre

El informe Análisis de la desigualdad, elaborado con los datos de la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) 2016, rendido por la acreditada Oxfam México –que “es parte de un movimiento global que trabaja en 94 países para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad”–, es indispensable tomarlo muy en cuenta frente a las cuentas demasiado alegres del presidente Enrique Peña y su grupo gobernante, quienes bombardean mañana, tarde y noche a las audiencias con sus éxitos, a pesar de la tragedia que padecen Oaxaca y Chiapas por el temblor del jueves 7 y las mil 120 réplicas, así como Veracruz por Katia.

 

De acuerdo con Oxfam se necesitarán 120 años para cambiar la tendencia de desigualdad, dominante en México y su sello distintivo –esto lo dice el redactor de Utopía–, ahora que todo es convertido en “marca” por los comercializadores mexicanos y trasnacionales hasta de los credos religiosos, e incluso de la familia si es preciso.

 

Veamos un poco de cifras. Existe una brecha de 154 mil pesos trimestrales entre el ingreso de 10 por ciento de los mexicanos más pobres y el mismo porcentaje de los más ricos, tendencia que no cambió entre 2014 y 2016, cuando los ingresos de la población que vive en miseria crecieron 10 pesos al día, contra los 100 pesos de la gente de más ingresos.

 

Las percepciones de los 12 millones de los paisanos más ricos equivalen a las de los 84 millones que viven en la pobreza, detalló Diego Vázquez, gerente de Investigación de la acreditada ONG durante la presentación del informe.

 

Concluyó Vázquez que la desigualdad social es 23 veces más alta entre el decil más bajo y el más alto de la población.

 

Más aún: Los 12 millones de mexicanos más pobres concentran 1.8 por ciento del ingreso total de los hogares, contra los 12 millones de los más ricos, quienes concentran 36.6 por ciento del ingreso total. En tanto, alrededor de 64 millones de personas poseen apenas 20.1 por ciento.

 

A título de ejemplo, Diego Vázquez planteó que sólo los 35 mil 421 millones de pesos que presuntamente desvió Javier Duarte de Ochoa como gobernador de Veracruz –y ejemplo de “la nueva generación de políticos” priistas, como llegó a postular Peña Nieto–, equivalen al ingreso de los 12 millones de personas más pobres de México.

 

Y en efecto, como se desprende de la ENIGH 2016 la desigualdad bajó, pero no cambió el panorama, pues mientras los 12 millones de mexicanos más pobres perciben cada tres meses 6 mil 820 pesos, el decil más rico obtiene 160 mil 820. Existe una diferencia de más del doble entre este decil y el anterior, que tiene ingresos de 67 mil 34 pesos.

 

Es de alrededor de un billón de pesos la cantidad estimada por organismos globales y las dirigencias empresariales (con frecuencia corruptas), la gigantesca cantidad que pierde el país y su erario a causa de la corrupción, hecha una de las instituciones más sólidas y enraizadas del México realmente existente, no el del discurso presidencial.

 

Si estos recursos se destinaran a reducir la miseria y la pobreza el panorama sería muy distinto para los mexicanos empobrecidos, e incluso sin variar el modelo económico dominante a partir de 1982. Modelo que defienden con pasión dogmática los grupos gobernantes de los últimos 35 años y la plutocracia, con todo y que constituye una formidable fábrica de pobres, frente a la que se diseñan programas para sortear sólo sus destrozos y efectos más drásticos. Mientras cada sexenio surgen nuevas camadas de políticos y empresarios archimillonarios.