Pildorita de la Felicidad

Cuando pase el temblor

Rodrigo Solís

Superhéroes cubiertos de sudor y cal. Altruistas, voceros de la buena voluntad. Iguales uno al otro. Eso somos. O en eso nos convirtió el movimiento de placas tectónicas, que a diferencia del hambre, no discrimina clases sociales. Igual le parte la cabeza un segundo piso al del Mercedes que al del Volcho. Las toneladas de concreto pesan lo mismo al caer sobre niños de escuela pública que de escuela privada. Nos vemos, al fin, en el mismo espejo roto. Minutos atrás, horas atrás, días atrás, meses atrás, treinta y dos años atrás para ser exactos, la única manera de bajarnos del pedestal, el único motivo para estar hombro a hombro con el moreno de la camiseta pirata, era para entregarle veinte pesos y evitar nos robara los tapones del coche.

 

En el resto de provincia nos sumamos a las oraciones, a las colectas. En la radio dicen que el máximo exponente de la música vernácula tiene avión privado, ¿por qué no lo dona para llevar víveres a las zonas afectadas? ¿Por qué no son todos los famosos iguales al corredor de Fórmula 1, que dobla cada aportación depositada a su fundación? Qué mala pata que la otra joya del altruismo nacional tenga recién incautadas sus cuentas bancarias, por la indiscreción del FBI de ventilar que sus fundaciones sirven para lavar dinero del narcotráfico.

 

El mundo virtual colapsa. Las redes sociales explotan. En una plataforma de peticiones, donde se pide que Adolf Hitler aparezca en los billetes de 20 dólares o que Beyoncé y Jay-Z peinen a su hija, recabamos una cantidad insólita de firmas para pedir (nunca exigir) al Instituto Nacional Electoral que canalice los recursos de los partidos políticos para la reconstrucción de las zonas afectadas. Ahora no es momento de politizar el asunto, dicen algunos. Es momento de sumar, construir, donar.

 

Nos levantamos antes y nos levantaremos ahora. Recogeremos hasta la última piedra, varilla, escombro. Secaremos las lágrimas y conmemoraremos el suceso, un aniversario tras otro. Instalaremos los días, el horario, la rutina, los pedestales. Regresaremos los superhéroes a los cómics, a la pantalla grande, al imaginario colectivo de lo imposible. Portaremos el orgullo nacional con camiseta verde frente a una pantalla. Volveremos utopía los estantes vacíos para mitigar el hambre de la gente que tiene hambre. Condenaremos a los monstruos que nos vigilan sonrientes desde las alturas, sin admitir complicidad alguna. Desfilarán seis Presidentes, albergaremos otra Copa del Mundo, aplaudiremos catorce premios de la Academia y un par de premios Nobel, desplomará la bolsa, subirá el dólar, extinguiremos especies y sonarán (otra vez) las alarmas.