Indice Político

Gobiernito + IP, los buitres de la tragedia

Francisco Rodríguez

‎Han sido muy graves y arteras las ofensas del aparato comercial - político - corruptor de los de Atracomulco hacia el espíritu gregario y humanitario de los mexicanos, convocados solitarios alrededor de la desgracia y la tragedia, llevados por una genética inexorable que les ha merecido la gloria del mundo civilizado, estupefacto ante tanta dignidad y valor.

 

‎Rebasado, el gobiernito se pasó de castaño oscuro insultando la eficacia y la eficiencia de un millón de legionarios urbanitas que, con su ejemplo y coordinación, levantaron de las ruinas las ciudades y villorrios devastados, las almas impactadas por una psicosis asentada sobre la sensación de abandono e indolencia de las llamadas autoridades federales de emergencia, orden y seguridad.

 

Parece que los de Metepec fueron los damnificados de los terremotos, actúan con vesania y rapiña sobre los escasos objetos de valor de las víctimas y de sus familiares. No sólo eso, sino que al acudir en centenas de miles a comprar los utensilios, perecederos y objetos médicos indispensables, los legionarios se encontraron con un aparato comercial insensible y voraz.

 

Las tiendas y almacenes departamentales, propiedad del incapaz mayor de Los Pinos, hicieron su agosto y septiembre entre los escombros y el dolor de la desgracia. En lugar de rebajar los precios de los productos indispensables, de proponer ofertas accesibles, reetiquetaron los costos de todo los productos, provocando una inflación sangrienta.

 

Desataron la rapiña en los campamentos avituallados por la sociedad

 

Creyeron que con poner un vivac improvisado a las afueras de los grandes negocios, centros de acopio de pacotilla donde ofrecían adminículos de carcajada cumplían con su obligación humanitaria. Hasta los empleados se rebelaron ante ‎esas actitudes revanchistas y depredadoras.

 

Atizaron la desinformación, promovieron la distracción informativa desde los medios radioeléctricos a modo, vendidos a esos designios desde el primer minuto de la emergencia. Inventaron historias de niñas perdidas y enterradas para justificar que las fuerzas armadas, las policías federales, los organismos de protección civil acordonaran los espacios para fines abyectos.

 

En las penumbras de noches sin fin, desataron el robo y la rapiña sobre los campamentos avituallados con los dineros de la población civil en grado heroico. Por la mañana desaparecieron palas, zapapicos, medicinas y sueros, cascos protectores, uniformes de tarea, alimentos no perecederos, proporcionados por los grandes legionarios de la CDMX.

‎Realizaron rondines amedrentadores, escopetas y metralle

tas de alto poder en mano para impedir que se acercasen los voluntarios, para desaparecerlos del lugar de la tragedia, para que no estorbaran en sus labores aparentemente salvíficas que sólo tenían un objetivo diseñado desde arriba: robar.

 

Aún por verse la reconstrucción física, ¿y la reconstrucción del alma?

 

Y no es, de ninguna manera, que los voluntarios tengan la piel delgada, sensible ante la situación inesperada. Lo que pasa es que desde el origen conocían los sitios de los derrumbes mejor que ellos, los que llegaron tarde y a fuerza. Los voluntarios debían ser los indicadores indispensables para cualquier salvamento.

 

Pero no. Se llegó al extremo de lastimar el tejido social de una manera irremediable. La reconstrucción física y material puede ser posible a algún plazo. Lo que está por verse es si lo mismo puede pasar con la reconstrucción de las almas, con el zurcido indispensable para restablecer el ánimo colectivo, para curar las heridas provocadas por la incompetencia, la displicencia y los arrebatos corrompidos desde la médula.

 

Fuerza México es la solución que se les ocurrió. No es más que otro aparato burocrático para metabolizar en negocios particulares de fruncionarios y empresarios ávidos de centavos, pesos y dólares en gran escala todas las donaciones en especie y en metálico locales y extranjeras. La oportunidad que los buitres esperaban para despegar, para caer sobre una colectividad doliente.

 

Fuerza México, un auténtico cabildo, un sínodo de ratas de albañal

 

‎Fuerza México, que debía ser un sistema de coordinación entre autoridades y población civil para rescatar el ánimo, para reconstruir de común acuerdo el tiradero, para levantarse como uno solo ante el embate inexorable de la naturaleza, es desde ahora una plataforma dizque política para el lucimiento exclusivo de los mercachifles...

 

... muchos de los cuales son directamente responsables de los resultados catastróficos en las construcciones blandengues y gelatinosas que erigieron en el corazón de las ciudades. Ahora resulta que son los héroes de la reconstrucción, mientras se retacan hipócritamente los bolsillos con el dinero del dolor humano.

 

‎Desde Fuerza México, un auténtico cabildo, un sínodo de ratas de albañal, los presidentes de comerciantes, constructores, financieros, coyotes e intermediarios de toda laya, acompañados por Ruiz Esparza y Miranda Nava, la mancuerna de la desgracia nacional, decidirán a quien perdonan y a quien premian...

 

... en absoluto sigilo, sin la participación de los testigos principales, los miembros de la sociedad civil que enfrentaron en directo y sin malla protectora la hecatombe, mientras los capitostes regios, jaliscienses y poblanos complotaban en sus cavernas para ver cuál era el mejor procedimiento para capitalizar en su beneficio la desgracia.

 

Y saldrán indemnes quienes beneficiaron a las constructoras

 

Una tragedia nacional que se cierne inevitable otra vez sobre nuestros volteados bolsillos, sobre nuestros impuestos, sobre recortes a modo que sólo perjudicarán nuestra devastada economía, mientras ellos diseñan la ingeniería macabra de sus intereses.

 

El birlibirloque de siempre. La trampa de la filantropía de huarache, ésa que nos ha hecho más daño que cualquier desastre natural. Ésa que ha llevado al pueblo a desconfiar hasta de su sombra. La que arremete inexorable sobre un tejido social prendido con alfileres. La puntilla para cualquier sistema de convivencia civilizada.

 

‎Desde ahora se puede predecir con un grado absoluto de certeza que saldrán indemnes y bendecidos todos aquéllos que, por beneficiar a las constructoras, autorizaron levantar edificios de cartón, los que construyeron sus casas y jacuzzis sobre los auditorios de las escuelas primarias y secundarias privadas...

 

... los que han traficado con la desolación popular, los que saquearon los centros de acopio colectivos, los que abusaron de las armas y del poder para complicitarse con los rateros de las víctimas y familiares de los terremotos en toda la geografía nacional, las rémoras de esta sociedad escarnecida.

 

Depende de nosotros si esta vez nos dejamos de los despreciables

 

‎Y todavía querrán pasarnos la factura mediática de su particular salvamento, de su interesado y falaz rescate de las ciudades y pueblos arrasados, porque ese es el ADN de su mafioso comportamiento, de su desalmada actitud ante la tragedia. Se espera un bombardeo de notas elogiosas para su intrépida conducta.

 

Así son. Eso son. Hacia allá quieren llevarnos nuevamente. Depende de nosotros si esta vez nos dejamos. Merecen sólo una gran catarata de mentadas de madre. Merecen el desprecio y el voto absoluto en contra de sus ridículos y de su ambición desaforada. Esta vez se han pasado de la raya.

¿Usted qué haría?, pregunta el carroñero mayor, el que reparte los re$tos de la desgracia desde Los Pinos.