Juegos Olímpicos 1968, la historia más brillante del deporte mexicano

 
Notimex

La historia más brillante del deporte mexicanos se escribió en los Juegos Olímpicos de 1968, inaugurados el 12 de octubre de aquel año en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.

 

Hoy se cumplen 49 años de aquella gesta histórica de Enriqueta Basilio en ser la primera mujer en encender el pebetero olímpico, con aquella estampa atlética y su zancada al ascender por la escalera para cumplir con uno de los rituales del olimpismo mundial.

 

El paroxismo que se vivió en la bellísima Alberca Olímpica “Francisco Márquez” con la medalla de oro de Felipe Muñoz y la presea de bronce de María Teresa Ramírez, y también allí, en la fosa de clavados, la presea de plata de Álvaro Gaxiola.

 

La alegría y felicidad se desparramó por la Ciudad de México durante esos días y la ofrecieron en la Arena México Ricardo Delgado y Antonio Roldán con medalla de oro y Joaquín Rocha y Agustín Zaragoza con bronce, en la más sublime e irrepetible exhibición del boxeo mexicano en la máxima vitrina del olimpismo.

 

La mayor de las efervescencias en la Sala de Armas “Agustín Melgar” la ofreció Pilar Roldán con la medalla de plata en esgrima y Daniel Bautista puso el frenesí en el Estadio Olímpico con otra plata en caminata, disciplina novedosa en el país y dadivosa de metales en siguientes Juegos.

 

Siguen siendo la máxima gloria esas tres medallas de oro, igual número de plata y de bronce, y aunque en Londres 2012 hubo más preseas, no se igualó la cantidad del metal dorado, porque sólo hubo una de primer lugar, y sí se rebasó con creces las de segundo lugar con seis y la de tercero con cinco.

 

El vuelo de 8.90 metros del estadunidense Bob Beamon para récord mundial en salto de longitud es uno de los momentos más grandiosos y espectaculares en la historia del atletismo y de los Juegos Olímpicos.

 

Este salto desmoronó la crítica de muchos por la realización de estos Juegos Olímpicos a la altitud de la Ciudad de México de dos mil 240 metros en promedio sobre el nivel del mar. “Los deportistas van a caer como moscas”, pronosticaban algunos.

 

También en el Estadio Olímpico se dio la estampa perdurable del “Black Power”, en la que los estadunidenses Tommie Smith y John Carlos, ganadores de la medalla de oro y broce en los 200 metros planos, levantaron un brazo con la mano empuñada, expresión de lucha por la igualdad de derechos civiles para la población negra en su país.

 

En el Auditorio Nacional se encubó más el amor, la gimnasta checa Vera Caslavska resultó campeona y en el Estadio Olímpico su compatriota Josef Odlozil pasó a la final de su prueba, resultados que parecieron anillos de compromiso porque en Tokio 1964 había fijado esas metas para el matrimonio.

 

El 26 de octubre de aquel año, en la Catedral Metropolitana, contrajeron matrimonio ante unas cien mil personas, con las notas del mariachi, otro sueño cumplido, y ella puso de domicilio la Villa de Coapa y él la Villa Olímpica. Vera siempre se le recordará como la “Novia de México”.

 

Al concluir los Juegos Olímpicos México 1968, el 27 de octubre se contabilizaron cinco mil 516 deportistas participantes de 112 países, se registraron 257 récords olímpicos y 27 mundiales, y por primera vez en la historia se hizo la transmisión de televisión vía satélite al mundo.