Un cuarto propio

Tantas razones para amar a Lisa Simpson

Rakel Hoyos

Cuando eres una treintona y te remontas a tu infancia, definitivamente se ve muy diferente a la que viven las niñas de ahora. Mis sobrinas pre-adolescentes inundan su “face” con selfies, muchas con ropa ajustada y maquillaje. Sus post son un verdadero drama sobre el amor, “el amor de sus vidas” (según ellas), los muchachos que aman o que les rompieron el corazón. Y pienso: ¡Caramba!, yo a su edad me reunía con mis amiguitas para hacer cosas tan ñoñas como grabarnos cantando los éxitos pop del momento. Claro, en la respectiva grabadora con un casete de esos que se rebobinaban con un lapicero. No imagino cómo hubieran sido mi infancia y adolescencia con redes sociales, qué hubiera publicado y cómo hubiera influido en mi personalidad.

 

El entretenimiento para mi generación era la TV, en especial las caricaturas. Las telenovelas eran aburridas, las veían las mamás o las hermanas mayores. Me interesaban también las películas de terror, Freddy Krueger y Chucky fueron el símbolo de mis temores infantiles. De los personajes animados, Sailor Moon se convirtió en mi obsesión y la de mis compañeritas. Sin embargo, solo una serie me acompañó a mí y a miles de niñas y niños (ahora treintonas y treintones) desde que tengo uso de razón, hasta la fecha: Los Simpson.

 

Un personaje en especial se lleva las palmas por su multifacética e interesante personalidad. Sí, me refiero a Lisa. Si ella no es el primer personaje feminista de caricaturas, por lo menos sí es el más representativo. Las niñas de mi generación crecimos con personaje como Candy, Serena (o cualquiera de las Sailor Scouts), Sandy Bell y quizá Heidi. Sin embargo, todas tienen en común que son muy dramáticas y la mayoría busca o ya tiene a su príncipe azul, sufre por él o espera ser rescatada. En el caso de Heidi, es muy pequeña para los temas amorosos; su vida es triste y hasta desespera su exagerado nivel de inocencia y nobleza.

 

Lo maravilloso de los personajes con esencia feminista en las caricaturas es que eran niñas contestonas, curiosas, inquietas, inteligentes y se rebelaban contra los estereotipos. Dígase, por ejemplo, Las Chicas Superpoderosas, Helga (Hey Arnold!), Arenita (de Bob Esponja), Pepper Ann y Daria. Esta última es otra favorita por su sarcasmo, humor negro y gran inteligencia.

 

Con 28 años en la pantalla, Los Simpson se mantienen en el gusto del público por su atinada crítica hacia diversos temas políticos y sociales; las desigualdades de género no son una excepción. Solo basta analizar los estereotipos que representan los personajes: Marge, la esposa conformista, abnegada y que dejó toda su vida de lado para entregarse por completo al cuidado de su familia; en su juventud fue pintora y una excelente estudiante, pero todos sus sueños se vinieron a bajo cuando se casó. Homero representa al típico hombre ebrio, perezoso, descuidado, ignorante, egoísta, conformista, machista, proclive a corromperse, y una larga lista de defectos; aunque también llega a tener un lado noble y casi inocente que siempre lo salva. En el caso de Bart, reflejada mucha de la influencia de su padre, sobre todo en ciertas ideas machistas, en lo perezoso e ignorante y en su egoísmo. Esta familia tiene sus defectos, debilidades y flaquezas, pero también muestran un lado muy realista de la sociedad.

 

Lo interesante en definitiva viene con el personaje de Lisa, esa pequeña niña vegetariana, budista, ecologista, música, lectora, defensora de los derechos de las mujeres y de las minorías y que tiene una opinión solida y fundamentada en diversos temas; su bagaje cultural es sorprendente. Con apenas ocho años, es un modelo a seguir para las mujeres.

 

Lo admirable en Lisa es la pasión de sus convicciones mezcladas con un carácter muy humano, que muchas veces la lleva a sentirse tentada por banalidades. No es un personaje perfecto y pedante, al contrario, nos identificamos con esa lucha emocional entre seguir sus propias convicciones o lo impuesto socialmente, como en el caso de los estereotipos físicos. Recordemos aquel capítulo en el que Lisa enfrenta un problema con la comida tras ser llamada “gorda”. Va a tiendas y la ropa se exhibe en maniquíes esqueléticos, muy lejos de las medidas de una mujer normal. Al final acepta que como mujer siempre va a tener que luchar con las inseguridades sobre su cuerpo.

 

Aunque la personalidad de Lisa a veces parezca contradictoria por ciertas cosas que le gustan, como las muñecas Stacy Mallibu (el equivalente a las Barbies), esto hace que nos identifiquemos aún más con ella. Me recuerda a Chimamanda Ngozi, una de las feministas más reconocidas actualmente a nivel mundial, quien incluso aceptó ser la imagen de una línea de productos cosméticos, pues afirma que el feminismo no está peleado con el arreglo físico. Una mujer, dice, le gusta llevar pintalabios y tacones para sí misma y no para los hombres. Pone como ejemplo a Michelle Obama, una mujer inteligente, preparada, pero que le gustar ir bien arreglada.

 

Y bajo ese mismo esquema se mueve Lisa, le gustan las muñecas pero se da cuenta que hay muchos elementos sexistas que deberían eliminarse. Cuando sale a la venta una nueva Stacy Mallibu que habla, esta dice cosas como: “No me preguntes, solo soy una chica”, “¡Cómo me gusta ir de compras!” y “Vamos a maquillarnos para gustarle a los muchachos”.

 

Es fascinante la respuesta de Lisa ante tan estúpidas frases de la popular muñeca: “Muchas niñas van a crecer queriendo hablar como ella, pensando que no pueden ser más que adornos, cuya única meta en la vida es verse bonitas, casarse con un rico y pasar el día en el teléfono hablando con sus igualmente vacías amigas de lo fantástico que es ser bonitas y conseguir un esposo rico”.

 

Tremendo discurso para una caricatura, en voz de una pequeña niña. Y tomemos en cuenta que este es un capítulo de sus primeras temporadas, por allá de los noventa. En este mismo episodio se cita a mujeres destacadas que admira Lisa y de las cuales quiere retomar cualidades para construir una nueva muñeca que sea una inspiración positiva para las niñas, que en verdad las empodere. Se menciona a Sor Juana, Helen Keller, Isabel I y Simone de Beauvoir.

 

Enlistar todas las referencias que se han dado sobre feminismo me llevaría muchísimas líneas. En innumerable capítulos resalta su talento, sus ideas, su creatividad y su inteligencia. Ha dado decenas de discursos, ha intentado convencer a otras mujeres de superarse, cita a las intelectuales que admira. Incluso, hay un capítulo que se desarrolla en un Festival del Libro, en el que aparece Amy Tan y Maya Angelou, otro en el que se hace una parodia de Eva Perón y uno más en el que está leyendo un libro de Silvia Plath.

 

Cuestiona al patriarcado, al sistema, se asume feminista, ama los libros, los museos y la música. Además, sueña con convertirse en una mujer exitosa que sea una inspiración para las demás, por ejemplo, una presidenta… con todas estas cualidades, cómo no amar a Lisa Simpson.