Pildorita de la Felicidad

Carreras

Rodrigo Solís

La semana pasada hubo carreras de Fórmula 1 en México. Algunos amigos transmitieron el evento en vivo desde sus redes sociales. Es decir, pagaron miles de pesos por el privilegio de ir a sentarse bajo los rayos del sol a observar pasar coches a alta velocidad. ¿Alguien puede entender este absurdo comportamiento? Pudieron hacer lo mismo (y gratis) yendo al periférico.

 

No sólo las carreras de coches son estúpidas. Las peores son las que involucran en exclusiva a humanos, y mientras más cortas, mayor el grado de imbecilidad. 100 metros planos. Al igual que la F1, ni siquiera debería ser considerado un deporte. <<En sus marcas, listos…>> medalla de oro para Jamaica. Si no gana un jamaicano gana un canadiense o un gringo con diesel en la sangre. ¿Pueden creerlo? La gente espera 4 años para desembolsar carretadas de dólares por asistir a un evento que dura 9 segundos.

 

Todo sería distinto (y mucho más emocionante) si las carreras tuvieran reglas de verdad. Ejemplo: los corredores tendrán derecho a portar herramientas olímpicas. Carriles 1 y 8: jabalina; 2 y 7: disco; 3 y 6: bala; 4 y 5: martillo. La herramienta olímpica (una por atleta y en riguroso orden por carril) podrá utilizarse sólo cuando un competidor esté por delante de otro a más de 5 metros de distancia. Es decir, cuando esté a tiro de piedra.

 

Bajo el amparo de este nuevo reglamento, juzgue usted si no, de ser un espectáculo ramplón y descerebrado, las carreras pasan a ser in extremis emocionantes, dotadas de estrategia como toda disciplina que se respete. Los atletas, incluso, se vuelven más completos, pues ya no sólo ejercitan los músculos para ver quién es el más veloz, sino que ahora tienen que afinar la puntería y templar los nervios para salir airosos. <<En sus marcas, listos…>> todos quietos, observándose con el rabillo del ojo para descubrir al primer valiente en superar la lluvia de jabalinas, discos, balas y martillos.

 

El deporte por obligación debe ser divertido también para el espectador, de lo contrario se corre el riesgo de caer en la categoría del curling. Por eso me sorprendió la actitud de mis amigos, a quienes tenía en mejor estima intelectual; fue inquietante verlos desde la pantalla del celular fingir estar pasándoselo bomba cada que aparecían y desaparecían manchitas una y otra y otra y otra vez. ¿Tan complicado es deducir que las carreras de coches son tan sólo el capricho de unos millonarios para probarle a otros millonarios quién tiene más dinero para comprar el motor más ruidoso?

 

Desde luego, todo sería distinto (y mucho más emocionante) si las carreras tuvieran reglas de verdad. Ejemplo: replicar el reglamento de la película Carrera mortal 2000. Al fin y al cabo hemos superado más de década y media del nuevo milenio y seguimos sin presenciar en las pistas a coches con picos en los rines y metralletas en el capote. Eso sí que sería un deporte, o al menos, un show que bien justifica la insolación y los bolsillos vacíos en el espectador.