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Hablemos de la muerte

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

La muerte fue durante mucho tiempo un tema tabú en el que la ciencia no intervenía por no meterse en terrenos religiosos, lo que nos rezagó en la investigación para responder preguntas trascendentales para la humanidad como ¿existe algo después de la muerte? y sí existe, ¿qué es? Hoy la Física Cuántica abre posibilidades de incluir estos temas en las agendas de investigación desde una perspectiva transdisciplinaria para analizar con rigor científico la existencia del alma, las dimensiones corpóreas del ser, las posibilidades de vida y un largo etcétera que se asocian con la muerte. De ahí surgen importantes debates para tratar casos como el aborto o la eutanasia fuera de la subjetividad ideológica.

 

La tanatología es una disciplina muy joven, dedicada al estudio de los procesos de muerte, fue reconocida como ciencia apenas en los años 50 del siglo XX, esto refleja el atraso que tenemos en la materia.

 

En nuestro país, las civilizaciones anteriores a la invasión europea ya desarrollaban (fuera del método científico) conocimientos sobre la muerte; aunque muchas obras fueron destruidas, en los vestigios recuperados se encuentra un entendimiento a los procesos de vida-muerte como dualidad, es decir, a diferencia del pensamiento lineal occidental, la muerte no era el final, sino una parte del proceso, como en el continuo devenir o movimiento perpetuo (nahui ollin).

 

En los europeos que llegaron durante la conquista y el periodo colonial dominaba un pensamiento de vida espiritual después de la muerte, bajo una fuerte influencia cristiana, el cielo era para los buenos, el purgatorio para purificar las almas. Los indígenas no concebían un paraíso como algo etéreo, para ellos los mundos previos y posteriores eran más cercanos. Cuenta Fray Bartolomé de las Casas en sus “Crónicas de Indias” que Hatuey, el cacique de Cubanacan, a punto de morir en el martirio, fue reconvenido a arrepentirse para que su alma se salvara y fuera al cielo, el indígena preguntó al sacerdote y a sus verdugos sí ellos eran buenos y sí ellos irían al cielo; el sacerdote respondió afirmativamente, por lo que Hatuey reviró: “entonces no me arrepiento, no quiero ir al cielo ni a lugar donde ustedes, hombres crueles, estén”.

 

A diferencia de lo que se piensa comúnmente, las fiestas de los muertos no son de origen indígena; si bien ellos veneraban a los ancestros y ofrecían ofrendas en las cosechas, los altares y visitas a cementerios surgen en Europa. La celebración de “fieles difuntos” y “Todos los Santos” es católica y se conmemora en gran parte del mundo desde la edad media. Fue el Abad de Cluny, en Francia, quien la propuso para recordar a santos anónimos. En ella, los feligreses visitaban los altares de las iglesias (donde se enterraban a los personajes más adinerados), pero también los atrios (donde inhumaban a la gente pobre que no podía pagar un lugar cerca del altar). Cuando se secularizaron los “camposantos”, la fiesta se trasladó al cementerio, pero tampoco es exclusiva de México.

 

La historiadora Malvido señalaba que los altares y el pan de muerto también son de origen europeo, más precisamente romano, en donde se tenía la creencia de que los difuntos venían con los vivos. Cuando esta tradición se extendió por el mundo cristiano las personas que visitaban las iglesias compraban panes con azúcar (el pan hecho de trigo es europeo no mexicano), el sacerdote bendecía el pan y luego se llevaba a las mesas de cada casa.

 

Malvido fue directora de Estudios Históricos en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y fundó un taller desde los años ochenta, que sesionaba cada 15 días sobre el tema de la muerte, era de corte inter y transdisciplinar, sin duda de lo más avanzado en este tenor desde nuestro país. Ella identificó que la invención de que la celebración de día de muertos era mexicana y prehispánica databa desde los años 30, anterior a ellos había un pleno reconocimiento que era religiosa y católica.

 

Esta mentira ha sido alimentada por muchos discursos políticos y mediáticos (como la película Coco de Disney-Pixar), que promueven un falso nacionalismo. Incluso ha servido para denostar erróneamente otro tipo de celebraciones de muertos como el Halloween. Es como si dentro de unos 50 años la gente dijera que el “desfile de día de muertos” que se hace en la Ciudad de México es una tradición milenaria, cuando en realidad surgió a partir de la grabación en nuestro país de la película del agente 007.

 

 

Violencia, la principal causa de muerte de los jóvenes

 

Lo que sí es muy real son las crecientes cifras de muertes por violencia en nuestro país. La gráfica 1 muestra las principales causas de muerte; de acuerdo con el INEGI en 2015 fueron la diabetes mellitus, seguida de las enfermedades del corazón, el hígado y los accidentes cerebrovasculares; la violencia ocupó el séptimo sitio.

 

Elaborado con datos de INEGI, 2015

Por edad, los niños y niñas de 1 a 4 años murieron principalmente por malformaciones congénitas (16%), accidentes de transporte (7.5%) y neumonía (6.8%). En los niños de 5 a 14 años la principal causa de muerte fueron los accidentes de transporte (12%) y en las niñas, la leucemia (11%). Para los jóvenes entre 15 y 29 años, 1 de cada 4 varones murió por la violencia, colocándose como la primera causa de muerte; en las mujeres es la segunda. Es alarmante ver que el suicidio está en el tercer lugar y las defunciones relacionadas al VIH-SIDA ocupan el cuarto sitio.

 

Elaborado con datos de INEGI, 2015

 

 

De 30 a 44 años, la primera causa de muerte para varones fue otra vez la violencia (17%), mientras que para las mujeres fue la diabetes (10%). De 45 a 59 años la diabetes fue la primera causa de muerte para ambos sexos (20%). Los ancianos (60 años y más) se mueren principalmente por problemas del corazón (18%), las ancianas por diabetes (19%).

 

Si 2017 será un año más violento que 2015 se espera que estas cifras cambien drásticamente, aunque no la tendencia, siguen siendo los jóvenes los que mayormente mueren en hechos de violencia, esto al final va a impactar en la esperanza de vida y en el desarrollo nacional.

 

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos