Prostitución voluntaria: la otra cara del oficio más antiguo del mundo

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Ángel Trinidad
 
Luis Alberto Cataño

Cada vez vemos en la esfera pública más debates sobre la regulación y la desestigmatización de la prostitución en México y en buena parte del mundo; por ello, piden que se deje de catalogar como una mala práctica y exigen una legislación certera que inhiba la explotación sexual o la trata de personas, delitos que han ido en aumento en las últimas décadas y que cobran vidas y rompen familias cada día.

 

A esto se suma que en Internet pululan cada vez más mensajes, páginas, perfiles de redes sociales y anuncios tanto de hombres o mujeres que ofrecen servicios sexuales a cambio de un pago, y si bien no está regulado, tampoco tienen un alto por parte de las autoridades. A veces, aunque publiquen sus direcciones y números telefónicos.

 

Partidos políticos y asociaciones han abordado el tema y pretenden mostrar la otra cara de este que es conocido como “el oficio más viejo del mundo” y ofrecer al marco normativo la prostitución transparente y responsable que evita los intermediarios y deja que sean los ciudadanos los que decidan si desean ejercerla o no.

 

Cientos de mujeres y hombres se anuncian cada hora en todas las ciudades de México para ofrecer sus servicios sexuales y aseguran estar libres y no pertenecer a ninguna agencia, por lo que se promociona como “escorts” cuyo método de difusión es únicamente internet, a través de sitios que sirven como anuncio clasificado.

 

Incluso, el tema ha llegado a que nacen agencias que ofrecen servicios de compañía o de “escorts” de manera transparente y paralegal con una base de “prostitución ética”. Tal es el caso de la agencia Apricots, que labora en España desde hace varios años.

 

Grupos de activistas y defensores de derechos humanos han señalado que, al igual que las drogas, es urgente una valoración a la despenalización, que con ayuda de políticas públicas se permita su práctica y vaya de la mano un combate a todos los vicios alrededor, como el comercio de drogas y hasta la explotación forzada a través de proxenetas, es decir, prostituir a alguien contra su voluntad.

 

Incluso, afirman, con ello se defenderían los derechos de la mujer y de los hombres para ejercer la profesión que deseen, puesto que afirman, no se causa ningún daño a la integridad pública de la sociedad al hacerlo sin ataduras u obligación no contractual.

 

Según las nuevas agencias y las personas que han dedicado su vida a este oficio por decisión propia, los límites son puestos por los acompañantes sin engaños y con ello terminar con la explotación, la dominación, la coacción y la trata.

 

En Puebla, la prostitución está prohibida para ejercerse, así como la explotación sexual, pero solo el segundo es considerado como delito grave y que requiere un proceso legal, mientras que el simple hecho de hacerse, genera una falta administrativa y un apercibimiento con una multa de hasta dos mil pesos.