“Cómo filmar una XXX”, la ineptitud cinematográfica

 
Jaime López

No hay mucho qué decir sobre la nueva película distribuida por Videocine, “Cómo filmar una XXX”, ópera prima de Manuel Escalante, que intenta sin éxito ser una “comedia entretenida y divertida” sobre los enredos que vive un realizador mexicano, que luego de ser cancelada la producción de su primer filme, acepta dirigir una película pornográfica.

 

Basada en la obra teatral de Alejandro Licona (“Cómo hacer una película porno, por no decir XXX”), estrenada hace un lustro en la capital del país, el primer largometraje de Escalante es muestra clara del cine hecho al vapor, ese que se filma con rapidez y descuido, únicamente pensado para rellenar un hueco en las marquesinas mexicanas o para conformarse con los pesos que dé en taquilla, sin importar la calidad de su contenido.

 

Lo anterior encuentra sustento en algunas declaraciones que el propio realizador ha hecho en algunos medios, en las que señala que tardó solamente tres semanas para filmar su película (algo que se nota en las pocas locaciones de las que echa mano), situación que también se percibe por la poca atención a los detalles de la producción (aunque el tiempo no es pretexto para hacer una buena o mala cinta).

 

Y es que “Cómo filmar una XXX” evidencia la poca cultura visual del director, que adolece de una estética definida para contar su historia. Además, no supo comandar a su cuadro actoral, pues el protagonista (Miguel Islas) pese a ser el mismo intérprete que encabezó la puesta escénica en la que se basa el filme, carece de encanto, tesón y fuerza.

 

Ni qué decir de las actrices secundarias (Alejandra Adame y Carmen Aub), quienes no fueron notificadas que hasta para ser farsa se necesita saber actuar y ser creíbles. Además, nunca entendí por qué si dichas actrices personifican a mujeres vampiro, tienen que aullar.

 

Por otro lado, es una pena que histriones como Mario Zaragoza y Ernesto Gómez Cruz (ambos ganadores del Ariel) sean desperdiciados y se conformen con participar en una obra desabrida, que ni es irreverente, ni pícara y se queda muy lejos de tener la “gracia” de las cuestionables “sexy-comedias” hechas hace algunas décadas en la tierra del águila y el nopal.

 

“Cómo hacer una XXX” pudo ser políticamente incorrecta, como en su momento lo fue “Zack and Miri hacen un porno” (2008), de Kevin Smith, pero no lo consigue jamás y malgasta una premisa repleta de farsa que podría haber sido una buena crítica hacia los pormenores de la industria cinematográfica nacional o del cine para adultos.

 

Tampoco entretiene porque su guion aborda de manera superficial datos generales del séptimo arte, con diálogos insípidos y llenos de clichés, que solo evidencian la frivolidad de quienes lo escribieron, pues creen que el cine mexicano solo es Cuarón, del Toro, Iñárritu, “El Chivo” o Rodrigo Prieto (este dato sorprende porque Gabriel Retes es uno de los escritores y se supone que es un hombre bien enterado de su ámbito de trabajo).

 

Por último, “Cómo filmar una XXX” ni siquiera hace honor a su título, pues jamás explica (ni brevemente) los pasos a seguir para grabar una cinta pornográfica, además de que posee secuencias francamente irrelevantes e innecesarias, soluciones gratuitas a un argumento plano, actuaciones "chafas", personajes unidimensionales y frases seudoinspiracionales o anecdóticas, que mal adornan el principio y final de la cinta (“si dejas de soñar, dejas de vivir”).

 

Solamente se salva un poco Héctor Jiménez en esta obra que es un fiasco, incluso en comparación con varias de las cintas que exhiben en el Cine Colonial o Teresa.