Utopía

Meade, lo arcaico y lo nuevo

Eduardo Ibarra Aguirre

El regaño y sentencia presidenciales del “Yo creo que andan bien despistados todos. Porque yo creo que el PRI no habrá de elegir a su candidato, y seguro estoy, a partir de aplausos y elogios”, quedó en su justo lugar, como una prueba de la subestimación del grupo gobernante para los actores políticos y agentes sociales.

 

Los del primer círculo están en vías de hacer maletas y todavía confunden a México con el estado de México, allá ponen y disponen, y eso relativamente, en la nación no, como lo evidencia el creciente rechazo a la presentada como su “magna obra”, las harto festejadas reformas: energética (61 por ciento), educativa (39 por ciento) y telecomunicaciones (42 por ciento). 2018: ¿AMLO presidente? (José Antonio Crespo, p. 21).

 

Al destapar a José Antonio Meade desde Los Pinos, como nunca antes se hizo, Enrique Peña Nieto exhibe que no tiene la capacidad ni la fuerza para seleccionar a uno de casa, del grupo y del Revolucionario Institucional como candidato a la Presidencia, y que prefiere optar por un funcionario “sin partido”, pero comprometido con él y su antecesor Felipe Calderón (pacto de impunidad, lo llama Álvaro Delgado), con Acción Nacional y el PRI, el vigoroso PRIAN, bautizado así por Luis Sánchez Aguilar, quien el domingo cumplirá 20 años de fallecido.

 

Para decirlo en palabras de Leo Zuckermann, el presidente Peña reconoce que políticamente está derrotado, al no alcanzarle 88 años de PRI para designar un hombre o mujer de su partido.

 

Sin embargo, se trata de una estrategia muy bien pensada, al parecer, para retener la Presidencia a toda costa –ante el supuesto peligro de terminar en la cárcel–, por medio de un “amigo” o “aliado” al que presentarán ruidosamente durante la campaña como “candidato sin partido”, “el de la esperanza”, que convertirá a México en “gran potencia” (sueño guajiro de Calderón y Peña) para quitarle votos al Frente ¿Ciudadano? por México y en caso de que se fracture, al PAN y al Movimiento Regeneración Nacional. A lo que ayudarán Margarita Zavala y Calderón Hinojosa o al revés, en el caso del FCM.

 

Sólo que comenzaron mal y de malas con el rescate del baúl de los peores métodos y prácticas del nonagenario priismo y el ritual del destape, las matracas, el acarreo, las frases escuchadas durante décadas, los gritos (“de entusiasmo”, según Ciro Gómez), y las siglas del corporativismo tan desgastado como ineficaz. Reapareció Augusto Gómez Villanueva, el líder campesino que tenía alberca en el segundo piso de su casa, según el colega y paisano Gerardo Unzueta.

 

Un ritual repugnante (Jorge G. Castañeda, dixit), pero explicable por el afán de recompensar al priismo ante la imposición de un tecnócrata dicen que eficaz, mas ajeno a sus filas, pero tolerante con los actos de corrupción de Rosario Robles en Desarrollo Social, cuando la sucedió en el mando; en Relación Exteriores con la millonada de dólares entregados a Josefina Vázquez Mota, la que se opuso a cualquier alianza en el estado de México para enfrentar al primo de Peña, Alfredo del Mazo III; y otros actos de corrupción que vio o dejó pasar en la Secretaría de Hacienda. Todo ello dicho ante el silencio sepulcral y la mirada atónita de Héctor Aguilar Camín, Javier Tello y el conductor de La Hora de Opinar (27-XI, Canal 4 de Televisa).

 

Naturalmente que el doctor Jorge Germán juega y trabaja para el Frente por México para cerrar el camino a Palacio Nacional a Andrés Manuel López Obrador, como lo hacen muchos conductores y comentaristas del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio, con sus expresiones e instrumentos cibernéticos.