Indice Político

Meade, hijo del Fobaproa

Francisco Rodríguez

Cada año calendario los mexicanos debemos pagar, sólo por concepto de intereses --no por la deuda principal a cargo de nuestros saqueados bolsillos-- la cantidad de 800 mil millones de pesos en nuestra calidad de deudores inconscientes y sustitutos de los enriquecidos propietarios de los ex bancos nacionales.

 

Esto, gracias a que el traidor Zedillo, en connivencia con Dionisio Meade, a la sazón presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, establecieron nuestra obligación pecuniaria a cargo de nuestro acreedor insaciable, el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (!?), un monstruo cobrón que tiene el derecho de sacarnos...

 

... un monto de 60,000 millones de dólares, de donde los encuentre, aunque sea hurgando en nuestros intestinos y en los de nuestros hijos, nietos y choznos. La deuda del Fobaproa, a cargo del IPAB, ha sido considerada por propios y extraños "El robo más grande, después de la conquista de México". Así, como suena.

 

En el IPAB, creado por papi, sus primeras chambas

 

El mayor de la estirpe Meade, Dionisio, padre del actual precandidato del PRI a la Presidencia de la República, es el cómplice mayor en este descarado fraude a nuestra salud, educación, seguridad, empleo, integridad y vida. Es el autor del decreto que creó el IPAB, aprobado en la Cámara de Diputados en 1998.

 

Y unos meses después de creado este macabro ente público, el júnior Meade, de nombre José Antonio Meade Kuribreña, un muchachito formado en el ITAM, bajo los auspicios de los conservadores y entreguistas mexicanos, fue designado secretario ejecutivo de este espantajo bancario. El ejecutor de nuestra tranquilidad y de la convivencia.

 

El desempeño en esa comisión fue altamente satisfactorio para las cúpulas bancarias, industriales, comerciales y empresariales, un puñado de cien familias que dominan el pandero. Su obsesivo cumplimiento en el arrase de nuestros impuestos para subsidiar el impago de los banqueros, lo convirtió en el yuppie de moda, el confeccionado para cualquier entuerto contra el pueblo.

 

De Secretaría en Secretaría; de fracaso en fracaso

 

De la mano de Vicente Fox, El Guasón Meade Kuribreña escaló aquellas posiciones financieras que eran menester para acabar de asestar la puntilla a los menguados ahorros, y fue a dar sin más ni más a la Financiera Rural, de la que sólo dejó el tufo. Jamás volvió a servir para nada, fue secada hasta sus cimientos, a tal grado que llegó a ser el refugio favorito de juniors como Enrique de la Madrid, iluso preprecandidato del PRI, y viejos fósiles como Augusto Gómez Villanueva quien, en su tiempo, también jugó de comparsa en la sucesión de Luis Echeverría.

 

También de la mano del beodo Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, Meade fue siempre el paniaguado berrendo, gato de escritorio de todos los afanes desmanteladores, desde la planeación de la entrega energética, al frente de la Secretaría de Energía, cargo que dicen que desempeño Meade en el panismo.

 

A la Secretaría de Hacienda y Crédito Público llegó por primera vez con la tutoría de Calderón Hinojosa y el padrinazgo de Ernesto Cordero, su anterior jefe en Hacienda, convertido en candidato blanquiazul derrotado por Josefina Vázquez Mota y para curar sus heridas de habilitado y oportunista albiceleste, senador de la República, desertor de su partido y apoyador de todas las iniciativas de Humberto Castillejos Cervantes, jefe nato del culiempinado Emilio Gamboa Patrón.

 

Y el Virrey Videgaray lo hizo suyo, completamente suyo

 

‎Con esas prendas, el minino berrendo Meade Kuribreña, un chico atolondrado pero muy obediente, fue propuesto por su padrino principal, Ernesto Cordero, su gurú intelectual, para ser el secretario de Desarrollo Social del Virrey Videgaray y de su empleado Peñita. Cargo que también logró, a despecho de priístas que esperaban en esa antesala durante varios sexenios de derrota electoral.

 

El Virrey Videgaray lo hizo suyo, completamente suyo: eran de la misma especie, producto del mismo barro. Pronto se convirtió en su alfil indispensable para presumir el apadrinamiento de tecnosaurios. En Relaciones Exteriores, a la que también llegó al inicio del feneciente sexenio de Peñita, tras los acuerdos en lo oscurito FCH-EPN --léase El Amasiato, del colega Álvaro Delgado-- y el empuje de Cordero, protagonizó el fraude de los pasaportes del que hoy nadie quiere hablar.

 

Su "baño de pueblo" se dio durante su fallido paso por la Sedesol. La pobreza siguió su curso ascendente, excepto en algunos de sus colaboradores que abandonaron las filas de la menguada clase media para convertirse en millonarios apenas en pocos meses. Se de lo que hablo y escribo.

 

Entregó la SHCP a Luis Videgaray y de él volvió a recibirla cuando la opinión pública y la opinión política se cebaron en los mexiquitas por haber traído a Trump a Los Pinos y darle trato de jefe de Estado cuando no era sino candidato del Grand Old Party a la Casa Blanca.

 

Nos endeudó exorbitantemente; ideó el "gasolinazo"

 

Meade fue el escudero que cuidó las espaldas del traidor Videgaray en medio del desconcierto que causó ese despropósito. Videgaray renunció a la SHCP para despachar en Los Pinos como Jefe de Jefes, ante el cual todo el mundo civil y militar se agachaba. Después de la tormenta resumió los bártulos oficiales, y por órdenes de Trump, se sentó en la Cancillería.

 

‎Con ese encargo, ya Meade Kuribreña acumulaba cuatro carteras, que son producto de abjuraciones, deslealtades y declinaciones éticas y morales. No significan que esté preparado para todo, que sea muy bueno para cualquier cosa que se quiera. Sólo que es un ejecutor, un recaudador, un impostor y un parapeto del desarrollo social al gusto del que manda.

 

Y es que en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Virrey Videgaray necesitaba un tipejo útil para ejecutar la reforma fiscal regresiva, inequitativa y desproporcionada que había diseñado y le costó al PRI la pérdida de la mayoría de gubernaturas importantes en 2016.

 

Pero aún más, necesitaba el Tancredo adecuado para que se hiciera cargo de implementar los gasolinazos, justificar el raquítico incremento del producto nacional bruto, firmar mancomunadamente la exacerbada deuda externa contratada, que subió de 4 a 9.5 billones de pesos en este malhadado sexenio...

 

... ejecutar los recortes inclementes al gasto público en infraestructura indispensable, al presupuesto de la salud, la alimentación, la educación, del campo, de la agricultura y de la reforma agraria, y aumentar exponencialmente la devaluación de la moneda y los gastos en las compras y armamentos obsoletos para los cuerpos armados, dedicados a escoltar capos del narcotráfico.

 

Los mexiquitas lo ofrecen como garantía prendaria a los acreedores

 

Peña Nieto se esfuerza por demostrarle al mundillo priísta que él es el dueño de ese chicharrón, y que como un experimentado político manejó los hilos de la sucesión a sus modos y maneras, engañando con la verdad. Al contrario de él piensa la inmensa mayoría del pueblo mexicano: quien fue desengañado con la verdad fue Peña Nieto. Se le adelantaron hasta las mulas de atrás del carruaje.

 

Meade Kuribreña es un alfil del modelo explotador del capital financiero internacional. Es el mozo de estoques preferido por los banqueros de aquí del rancho grande y también de los de afuera ¡ faltaba más! Ejecutor aquí y al servicio de allá. Hijo del Fobaproa y diseñado para seguir sirviendo a los prestamistas, ahora como garantía prendaria que entregan a Nueva York, Londres y Hong Kong los mexiquitas. Esa es su ralea. De esa pasta está hecho.

 

Tras el despeñadero, ya sabemos hacia donde nos quieren llevar

 

Cómo candidato externo del PRI, sí, porque todas las generaciones Meade han sido panistas, es sólo una garantía casi hipotecaria de que las cosas seguirán igual. Y si se puede, mucho peor. Al cabo, según la tercera ley de Murphy todo lo malo siempre tiende a empeorar. Este es un buen principio. Al menos todos sabemos hacia donde nos quieren seguir llevando.

 

Financiero de tercer talón, gato berrendo del peor procónsul y embajador de Estados Unidos que hemos tenido. Canciller, activista de las maleta$ del gasto electoral, promotor de las reformas entreguistas, cobrador al servicio de tirios y troyanos, de locales y extranjeros, comisionista de nuestros bolsillos, Meade es un pasaporte a la nada.

 

Con una patente enfermedad nerviosa que le ha causado un vitiligo intermitente, con una cara y una voz de permanente flojera, reacio a la gente, con sonrisa cariacontecida y estupefacta, Meade es la mejor garantía del último lugar en los escrutinios electorales.

 

Ya para que Salinas de Gortari diga que tiene todas las cualidades para ser candidato, puede preverse algún traspié antes del ungimiento definitivo.

 

¿No cree usted?