Para “pistear” en el Centro: las cantinas y bares más socorridos

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Ángel Trinidad
 
Jaime López

Sin lugar a dudas, las cantinas y bares del Centro Histórico de Puebla siguen dotando a la Angelópolis de ese aire tradicional que la hace única, pese a que en dicha zona (el primer cuadro de la capital) se ha registrado una tendencia de abrir "pubs" juveniles y negocios con conceptos centrados en la esencia de los "hoteles boutiques".

 

De ese modo, “La mina de plata”, “La terminal”, “La Pasita”, La Fuga de Don Porfirio” y “El gusano de oro” encabezan las cantinas y bares más socorridos del Centro Histórico, ya sea por tradición, costumbre, morbo o simple diversión.

 

En el caso de la primera (ubicada en contraesquina de la plaza La Victoria), se trata de un local con 90 años a cuestas, en donde según cuentan las malas lenguas, acuden los "teporochos" del primer cuadro de la capital para seguir alargando su borrachera (gracias a lo económico de los "shoots" que ofrecen ahí) o para quitarse la cruda.

 

“La mina tiene 90 años, y sí somos de las cantinas más recurrentes de Puebla, estoy de acuerdo con eso; hasta hemos tenido como 12 entrevistas de diferentes periódicos y programas de televisión (…) Las bebidas que más nos piden son ‘El lomo de rana’, que va preparado con remedio, jugo de limón, squirt. Y ‘Vuelve a la vida’, que fue la primera que salió de las emulsiones de acá. Y cuando se vienen muriendo, les damos dos de estos junto con un remedio con anís”, señaló para este medio Marcos, cantinero de “La mina de plata”.

 

Por su parte, “El gusano de oro”, localizado a unos metros del Teatro Principal, ofrece a los integrantes del “Club de Toby” el lugar idóneo para desahogar sus problemas, penas, tristezas y hasta otras cosas, pues de acuerdo con algunos clientes, hay una barra en la que los consumidores conviven con algunas "ficheras" o trabajadoras sexuales.

 

Mientras que “La Fuga de Don Porfirio”, en Palafox 414, con dos décadas de existencia y 10 años de su actual administración, es un espacio cuyo mayor distintivo es no tener las puertas cerradas, como las tradicionales cantinas, así como permitir el consumo de "chelas" y demás bebidas alcohólicas bajo un concepto más relajado.

 

“Vendemos bebidas comerciales, porque lo que buscamos es un concepto de tranquilidad. Aunque hace cuatro años, cuando no se daba el auge, empezamos a comerciar mezcal de Puebla, Oaxaca y San Luis Potosí, que no tienen marca, porque nos lo traen los propios distribuidores (…) El mezcal es una de nuestras bebidas más solicitadas”, mencionó Juan Francisco Campos, dueño de “La fuga de Don Porfirio”, lugar nombrado de este modo por hacer alusión al episodio histórico en el que un joven Porfirio Díaz se escapó del Carolino, edificio localizado muy cerca del establecimiento en cuestión.

 

Ahora bien, no pueden faltar entre las tradicionales cantinas y bares de Puebla “La pasita” y “La terminal”. La primera, un aposento etílico con 100 años de tradición, ideal para quienes no les gusta abarcar mucho, pues sus tragos son servidos en "caballitos" pequeños que de un solo sorbo pueden terminarse.

 

Mientras que “La terminal”, ubicada sobre la calle 4 sur  708, ha logrado posicionarse entre las nuevas generaciones, en parte porque dejó atrás su vieja política de no admitir a las féminas. Su principal bebida son las sangrías, que por su tamaño e intensidad de mezclas puede dejar tumbado a cualquier consumidor luego de dos tragos.