Indice Político

Videgaray y Meade, “perfectos fracasados” en economía y finanzas

Francisco Rodríguez

El infantilismo de la política mexicana ha radicado y aún radica en que las oposiciones racionales se sometan a los parámetros de la derecha a cambio de aceptar pequeñas victorias electorales sin modificar los regímenes caducos, sin haber creado un movimiento popular sobre la conciencia de la transformación colectiva.

 

Por seguir ese camino, los mexicanos contemplamos la agudización de los problemas sociales, el costo creciente de la vida, la marginación económica y democrática, la galopante inflación, ante la imposibilidad de utilizar, en forma racional y óptima los recursos naturales, financieros, científicos y tecnológicos para lograr...

 

... una participación equitativa de los factores sociales en los productos nacionales: la distribución nacional, sectorial y regional de los beneficios. Resignándonos a engrosar las atroces cifras de los desengaños. Hemos arribado al crecimiento cero, estamos invitados a las legiones crecientes de menesterosos.

 

‎La falta de idea de país, de planeación democrática, de un simple programa de gobierno‎, desde que esta Nación es gobernada por impostores, ha dado al traste con cualquier posibilidad. Máxime cuando a lo anterior se suma la corrupción desenfrenada. Así no se puede. Es un coctel explosivo.

 

En el campo, los “perfectos fracasados” hicieron todo al revés

 

Son las consecuencias del desarrollismo.‎ Cuando en todos los países emergentes se tomaban medidas para orientar un sano proceso de desarrollo, los impostores mexicanos en el gobiernito abandonaron las actividades agrícolas, agropecuarias e industriales para hacernos un país consumista dedicado al comercio, al turismo y servicios colaterales.

 

El planteamiento sensato era concientizarse hacia las prioridades: la necesidad de afirmar la independencia económica, la soberanía nacional y la autosuficiencia en productos básicos alimentarios y en la solución de las ingentes‎ demandas de la población para abandonar la ruta del hambre y la dependencia congénita.

 

Los excedentes de las actividades primarias, agropecuarias y agroindustriales en el campo, debían haber generado los excedentes‎ económicos y financieros propios para financiar el desarrollo industrial, el empleo, el ensanchamiento del mercado interno. Pero no. Los impostores lo hicieron exactamente al revés.

 

Fueron Lozoya, Videgaray, Meade, EPN quienes quebraron a Pemex

 

Y se nos volteó el chirrión por el palito. Las únicas divisas esenciales para nuestra subsistencia las generan el turismo y las remesas que envían nuestros connacionales desplazados y perseguidos en el extranjero. La otra fuente proverbial de captación, la industria petrolera, ha sido quebrada‎ y despedazada, a golpes de corrupción. Lozoya, Videgaray, Meade, Peña Nieto son sus cartas marcadas.

 

Es cierto que tenemos un territorio generoso y abundante en ofertas turísticas, sitios arqueológicos e históricos de excepción, museos, teatros, arquitectura de época, cultura, folclor y gastronomía catalogadas como de las mejores del mundo, ¡pero qué necesidad!‎ Todo esto debía ser complementario, no el meollo de nuestras actividades productivas como pueblo.

 

Sólo han dado bastonazos de ciego; y lo han hecho de mala fe

 

Los impostores de la economía mexicana han dado puros bastonazos de ciego, a veces por ignorancia, pero en el caso concreto de hoy, ha sido por mala fe. Si en el pasado se buscó el equilibrio externo a través de la balanza de pagos y la consecución de la gobernabilidad interna con un crecimiento desordenado...

 

...apoyado en la estabilidad de precios de las mercancías generadas en los sectores productivos por medio de apoyos y proteccionismos fiscales y tarifarios a la exportación, por medio del control político del salario obrero, por la afluencia crediticia hacia los favoritos, eso ya no tiene ni presente ni futuro.

 

Creyeron, como Salinas, que desregularizar era privatizarlo todo

 

Las leyes conservadoras del pasado permitieron la concentración de la propiedad, el sacrificio del ahorro colectivo, el olvido de los compromisos sociales con la mayoría de la población, la aparición de una burguesía financiera de huarache, el crecimiento anárquico de las ciudades y del industrialismo nativo.

 

Nunca se corrigieron los desórdenes en la estructura social provocados por la falta de prioridades en el crecimiento. Menos se correlacionaron el empleo de la fuerza de trabajo y el ensanchamiento de la base productiva del país.

 

Era necesario aumentar la absorción de mano de obra‎, ampliando paralelamente la demanda efectiva de bienes socialmente necesarios y de consumo popular, alimentos, materiales de construcción para vivienda popular, obras públicas, exportaciones que utilizaran más fuerza laboral, cuyo trabajo generara efectos multiplicadores sobre la economía.

 

Los impostores de la economía nacional llegaron a límites de inmoralidad. Tuvieron la ocurrencia salinista de que, desregularizar y “eficientar” los procedimientos económicos, significaba privatizarlo todo. Continuar desmantelando el Estado, reduciendo al absurdo el gasto social en los presupuestos públicos...

 

... ante un panorama mundial recesivo y una estanflación galopante al interior del país. El cuidado fanático de los indicadores macroeconómicos del libre cambio dio al traste con cualquier alternativa de desarrollo serio y ordenado en favor de la Nación. 

 

Ya suman 40 años de fracasos económicos. ¿Vamos por otros seis?

 

‎Miles de asentamientos humanos alrededor de los cinturones de miseria de todas las ciudades mexicanas han sido las consecuencias de un crecimiento desordenado, del infantilismo económico y político incontenible. Pobreza generalizada y exigencias sociales sin límite configuran el presente mexicano, una pesadilla que sólo los impostores de la economía se imaginaron. La construyeron a base de mentiras y chantajes a su favor.

 

Los tecnócratas de la economía generaron el infantilismo democrático y político de México. Una plaga en cadena sucesiva que ha operado los últimos 40 años por lo menos, desde López Portillo hasta Peña Nieto. Los pontífices han sido Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Francisco Gil Díaz, Luis Videgaray y José Antonio Meade Kuribreña. Todos, coyotes de la misma loma. 

 

Todos, dedicados en cuerpo y alma a transcribir, no generar, las ideas y los dictados provenientes de los financieros neoyorquinos, todos sin excepción. Ellos nos han traído al crecimiento cero del producto nacional, desde la firma de los acuerdos del GATT en 1978 hasta el fracaso rotundo de ese espantajo del TLCAN.

 

A cambiar. Sin caer en los traspiés de los “perfectos fracasados”

 

La corrupción subsecuente, la adopción de modos y maneras abandonados en los países de origen y los métodos de producción sin rumbo ni sentido han aportado los grados de estancamiento y retroceso de la clase trabajadora en la distribución de los ingresos nacionales.

 

Son y han sido los provocadores de la enfermedad terminal del sistema. Los impostores y corruptos que nos han traído hasta aquí y que no piensan abandonar el poder que les ha sido tan redituable. Los que piden a gritos el juicio y la condena colectiva.

 

Es tiempo de cambiar. Sin caer en los errores del infantilismo. Sin buscar concesiones particulares o de franquicias políticas. Pensar antes que nada en revertir el proceso y dedicarnos a hacer un país respetable, no la caricatura heredada de estos desalmados.

 

Caer en el deslumbramiento de la mercadotecnia oficial, seguir confiando en los mismos lleva hacia un abismo sin fondo.

 

¿No cree usted?