Un cuarto propio

El Test de Bechdel

Rakel Hoyos

Ahora que termina el año sería interesante reflexionar sobre aquellos contenidos televisivos que consumimos durante 2017, en el cine, en Netflix, en la TV o hasta en YouTube; toda película y serie que elegimos ver.

 

Nuestros gustos reflejan mucho de lo que somos, como ya lo había comentado en entregas anteriores con la música, en especial el reggaetón, pero con base en qué criterios elegimos tal o cual contenido, ¿intervienen cuestiones ideológicas o simplemente es por mero entretenimiento?

 

Es innegable que hay películas que vemos solo porque nos hacen reír, nos hacen pasar un buen rato, nos atraen los efectos especiales, nos hacen llorar o por un sinfín de razones. Sin embargo, están otros contenidos que no siempre son comerciales porque a la gente le resultan aburridos, como documentales o cuestiones historias, sociales y políticas; son complicadas porque te hacen pensar, te exigen cierto conocimiento, pero a la vez te lo aportan también.

 

Una idea interesante para analizar lo que vemos, desde una perspectiva feminista, es el Test de Bechdel, el cual propone descubrir si una serie de televisión o una película es igualitaria entre hombres y mujeres. Para lograr lo anterior se basa en tres requisitos: que la obra tenga dos personajes femeninos con nombre, que estos dos personajes hablen entre sí y que su conversación no trate sobre los hombres.

 

Lo anterior podría sonar un poco absurdo, quizá hasta pasado de moda, más si consideramos que dicho test tiene ya 32 años de haber sido creado por la artista Alison Bechdel, en un cómic titulado The Rule, en el que dos personajes se cuestionan si entrar a ver una película, pues no cumple con los requisitos antes descritos.

 

Más que anacrónico, el test sería limitado. Esto si tomamos en cuenta la desigualdad visible en cuanto a películas y series dirigidas por mujeres, mucho más en el reconocimiento público a comparación del que tienen los cineastas hombres.

 

Por su puesto que la propuesta ha resultado polémica por diversas cuestiones, sobre todo porque la desigualdad en la pantalla va más allá de las tres cuestiones propuestas y porque películas que al parecer cumplen con los requisitos no son feministas. Sin embargo, es un buen inicio para empezar a cuestionarse sobre los personajes de mujeres en la cinematografía.

 

El punto es analizar en realidad cuántos personajes femeninos no dependen de un hombre, cuántos se centran en sus intereses personales, profesionales, sus complejidades o cuántas protagonizan descubrimientos científicos, batallas, conquistas políticas. ¿Cuántas heroínas podríamos mencionar de la TV que destaquen solas sin la ayuda de un hombre?

 

En una nota de El País se citan algunas películas que no reúnen los tres simples requisitos del test. Es verdaderamente sorprendente porque muchas de ellas son muy famosas y ni siquiera me había percatado de esa tendencia a minimizar la participación femenina. Como ejemplo están: El señor de los anillos, dos de las películas de Harry Potter, Avatar, El padrino, Iron Man, El caballero oscuro y Los vengadores.

 

En varias de estas películas las mujeres no hablan entre sí; en otras, las pocas conversaciones que tienen tratan sobre hombres o temas superficiales que no podrían tomarse como una conversación real.

 

Si bien los tres requisitos que plantea el test no son suficientes para analizar la desigualdad, el machismo y el sexismo en la pantalla sí son un parteaguas para crear otros métodos que nos permitan detectar estas inconsistencias y buscar contenidos con más profundidad.