Utopía

Mancera y la violencia electoral

Eduardo Ibarra Aguirre

Las agresiones del día 3 en dos barrios distintos, pero ambos de la delegación Coyoacán, en contra de la precandidata a jefa de Gobierno de la Ciudad de México por el Movimiento Regeneración Nacional, Claudia Sheinbaum, la comitiva que la acompañó entre ellos el presidente local de Morena y el coordinador de sus diputados capitalinos, así como los asistentes a ambos mítines, muestra por tercera ocasión en menos de tres semanas, la insistencia de un grupo de funcionarios delegacionales –encabezados presuntamente por Mauricio Toledo–, y militantes del Partido de la Revolución Democrática por instalar la violencia como mecanismo para evitar lo que vaticinan las encuestas: la derrota del PRD después de gobernar la capital durante dos décadas.

 

Los videos presentados por los agredidos, en particular Ángel Bolaños Sánchez, reportero de La Jornada, quien por lo mismo fue severamente golpeado, muestran rostros y detalles de un grupo que “arrojó huevos, piedras, botellas con agua y sillas”, lastimando en la cabeza a la precandidata, esto en la colonia Villa Quietud. Y más tarde, en la colonia Ajusco Coyoacán, a mitad del acto comenzaron a arrojar lodo y otros objetos al templete, pese a la presencia de policías solicitados por los organizadores, y en esta ocasión el golpe a la precandidata fue en una pierna y el acto se suspendió.

 

Los detalles de la agresión evidencian la presencia de funcionarios de la delegación Coyoacán, identificados con nombres, apellidos y cargos por diarios como Reforma; la negativa de Toledo Gutiérrez a declarar al noticiario radiofónico de Ciro Gómez hasta que el periodista lo exhibió como practicante de la “política del avestruz”, y accedió sólo para acusar a la precandidata del uso de recursos vehiculares de la delegación Tlalpan, a Andrés Manuel López Obrador de “practicar la violencia” con el plantón en Paseo de la Reforma en 2006, negar su participación, argüir “no soy jefe delegacional ni siquiera encargado del despacho”; presentarse como todo lo que no es aunque en privado presume: “Coyoacán es mío”, pues desgobernó durante 20012-15.

 

El aún dirigente de los perredistas capitalinos, Raúl Flores, antecesor de Toledo en la corrompida delegación Coyoacán, deslindó a su partido con el argumento de que los agresores gritaban: “¡¡PRD!, ¡PRD! al momento de la agresión”.

 

En tanto que Alejandra Barrales, la aspirante a continuar con la corrupción hecha gobierno en la Ciudad de México, propuso por segunda ocasión a Sheinbaum Pardo: “¡Llevemos la fiesta en paz!”, cual jefa de pandilla, así sea partidista. Ni una palabra dicen los tres sobre la propaganda apócrifa repartida desde la mañana en la que citaban al mismo mitin pero a hora equivocada y en la que muestran desnuda a la precandidata de Morena.

 

El descuido con que se montaron las agresiones, los deslindes a cargo de Toledo Gutiérrez y Flores García, así como la propuesta de Barrales Magdaleno, amén de la abundancia de material fílmico y la agresión al periodista Bolaños Sánchez, colocan a la dirigencia del PRD en situación muy comprometedora y gran desventaja, como lo muestran las pruebas publicadas por cinco diarios, la condena del Partido Revolucionario y del Instituto Electoral capitalino.

 

Como bien apunta la doctora en ingeniería energética, el mandatario capitalino, Miguel Ángel Mancera, debe garantizar que los actos de cualquier partido se desarrollen en paz y libertad. Y es deseable que tanto el PRD como Morena asuman que sus confrontaciones favorecerán a otras opciones que ellos denominan “de la derecha”, pero que no resuelven sus diferencias con agresiones físicas.