Indice Político

Casi 200 años de presidencialismo fallido, hampón e impune

Francisco Rodríguez

El 30 de julio del año 2024, casi al finalizar el próximo sexenio, si es que podemos llegar, la República fracasada, el sistema presidencial unipersonal, será un fardo en la corriente, nadando de muertito durante 200 años de supuesta vida institucional y progreso compartido. Todo un récord para el Guinness.

 

Cumplirá 200 años de vigencia un sistema político que ha girado en torno de una fantasía heroica. Presidentes omnipotentes e imperiales que no han respondido jamás ante la Nación, que no han sido tocados en sus desaguisados ni con el aroma de una flor por un país complaciente, derrotado ante el temor reverencial y sus fantasmas del pasado.

 

Seguir dependiendo de un poder unipersonal, metaconstitucional, paranoico, desquiciado desde sus bases, es realmente suicida para la supervivencia nacional, para el agotamiento acelerado de sus recursos geográficos soberanos, para el ejercicio de las mínimas libertades de la población.

 

Y, sin embargo, la amenaza de seguir padeciendo estas condiciones infrahumanas es real: el sistemita se ha armado hasta los dientes para supervivir a base de la fuerza armada, al costo de lo que sea. Ahora hasta con misiles y torpedos. No importa si borrando la conciencia crítica, masacrando a los opositores, complicitándose con la delincuencia al extremo de la muerte de todos.

 

El Financial Times también predijo el triunfo de Hillary Clinton

 

Desde la pérfida Albión, el diario londinense The Financial Times, haciéndose eco de la propaganda oficial que coadyuva a mantener los nexos de subordinación, afirma que Meade podría ser imparable gracias a la maquinaria electoral del PRI. ¿Ahora ellos son los que no entienden que no entienden? Porque hace un par de años también pronosticaba que Hillary Clinton arrasaría en las elecciones contra Donald Trump. ¿Ya no se acuerdan?

Claro, el FT subraya lo que es un grito a voces en el panorama internacional, salvaguardando su profesionalismo: Meade, dice, tendrá que presentarse como candidato independiente, no como un clon del gobierno federal. Lo toca esencialmente, señala, que "Peña Nieto ha fracasado espectacularmente para dirigir en medio de rampante corrupción y crimen".

 

Sólo falta que los jenízaros del régimen toluquita --Toluca viene del náhuatl tollon, empinarse, y can, lugar-- enfoquen sus baterías contra la acusación directa de los periodistas británicos y quieran aplicarles a sus corresponsales acreditados ‎que escriben desde México, los nuevos artículos del Código Federal de Procedimientos Civiles que señalan cárcel para los que acusen de rateros a los próceres del sistema de Zacazonapan.

 

‎No tarda Navarrete Prida, el nuevo encargado del trabajo sucio en las cañerías priístas, de salir a reclamar a los británicos que señalan sin pruebas, que no pueden demostrar sus dichos. Pero, aquí sí, los mexiquitas la tienen difícil: tendrían que revirar con sus argumentos a periodistas de todo el planeta que se esmeran todavía en relatar nuestras desgracias. Faltaría que los acusaran de faltar al compromiso a que obliga todochayote.

 

Ejecutivo que es Jefe de Estado y de Gobierno que no ata ni desata

 

En honor a la verdad, desde el 30 de julio de 1824, fecha en que entró en vigor la primera Constitución Política de la República, grandes franjas de la población se percatan del fallido sistema presidencialista de 200 años de desastrada existencia. Sólo ha servido para el denuesto, para confirmar la falibilidad de los hombres en los que se depositan las instituciones.

 

El entramado jurídico, las bases constitucionales del secular sistema político divido en tres poderes: el Ejecutivo y otros dos que no sirven para maldita la cosa --más que para empinarse ante las decisiones rocambolescas del caudillo en turno-- sustenta la verdad de un sistema que descansa esencialmente en las neuronas y los gastados nervios de un ser manipulado y borrado constantemente del escenario.

 

Un presidente tradicional con trastornos neuropsiquiátricos, afectado constantemente de sus haberes de aprendizaje, memoria y falta congénita de reacción ante lo importante y urgente. Un Ejecutivo super poderoso e inatacable, Jefe de Estado y de Gobierno que no ata ni desata. Generalmente dirigido para perjuicio de los intereses populares por el valido de turno a su servicio.

 

Las soluciones "porque lo mejor está por venir" son las de siempre

 

Y así no se puede. Esto ya no funciona más, ni como mampara de engaños ni de supuestas buenas intenciones. Se agotó el ciclo de vida de un régimen imperial que no tiene parangón en el mundo civilizado, ni en el mundo de los países pobres. Suena a réquiem. Ya no sirve ni para defender los modos, las maneras, ni los símbolos del Estado.

 

Casi todos los planteamientos, las agendas, las posiciones y declaraciones de los candidatos destapados en campaña dicen lo mismo. Los remedios y el trapito están confeccionados con las mismas fórmulas. Tomar desprevenido al pueblo para lanzar al aire los cebos de la ocasión.

 

Desde que tenemos memoria, las soluciones "porque lo mejor está por venir" son las mismas para cualquier efecto, llámese lucha contra corrupción, delincuencia, impericia, robo del presupuesto, falta a los deberes elementales, representaciones en el exterior, honradez, transparencia y beneficios populares.

 

Ninguna propuesta es extraña. Todos hemos oído lo mismo a lo largo de nuestra existencia testimonial y apática. Nos soplamos una catarata de spots publicitarios que sólo sirven para adornar las plazas y los medios el día de la jornada electoral y de ahí para adelante, si te vi no me acuerdo.

 

El presidente sólo cumple escuchando a veces el Himno Nacional

 

A darle que es mole de olla. En arca abierta, el justo peca. El poder omnímodo y omnipresente en todo descampado se dedica al pillaje y a la depredación ante los ojos azorados de todo el mundo. Siempre ha sido igual, y no tiene por qué ser diferente. Todos galopan sobre el mismo cuaco, y el que venga atrás que arree.

 

El llamado presidente, Jefe de Estado y de Gobierno, arropado por las comparsas bien pagadas de los medios a modo hacen su parte. Él cumple con llevarse la mano al corazón, entonar cien veces diarias el himno nacional y prometer el paraíso terrenal para los hambrientos cercanos y lejanos, para los mancillados del reino.

 

La conciencia crítica y los planteamientos de izquierda han sido borrados de las proclamas y de las soluciones, vamos, hasta de las supuestas metodologías de aborde. Brilla por su ausencia, por primera vez en los últimos decenios la posición programática de toda bandera de izquierda. El país se ha quedado sin voz de alerta ante su mayor desgracia.

 

En los publicitados gabinetes de los posibles ganadores de observa una tendencia demencial a revolver las fichas, hacer la sopa, y dejar las mismas mulas. En cualquier régimen presidencial posible, el secretario de Hacienda tendrá que ser un culiempinado ante los financieros neoyorquinos para no desatar el aquelarre. El Financial Times lo comprueba.

 

Los que vengan, destinados a hacer lo mismo que sus predecesores

 

En las posiciones estratégicas de cualquier candidato ganador repetirán personajes menores a quienes no puede confiarse el destino de esta Nación 200 años engañada. Cualquier ejercicio de integración de equipos apunta a repetir los mismos errores: sentar los mismos personajes que no estorben, ni opaquen los fulgores del llamado presidente.

 

Da lo mismo de cualquier partido que sean. Los secretarios de Gobernación, los líderes de las cámaras, los ministros de la justicia, los encargados de la economía están destinados a hacer lo mismo que sus predecesores. El sistema es infranqueable, impenetrable en la conservación de los desequilibrios, en la entronización de los incapaces irredentos. En el sistema unipersonal presidencialista todo tendrá que funcionar igual que siempre.

 

Oportunidad de un gobierno de coalición y un gabinete responsable

 

‎En el país del atasque, en el punto sin retorno, en el círculo cuadrado del sistema, los funestos resultados del presidencialismo convocan a ser sensatos por única vez en 200 años, aprovechar los planteamientos que se han hecho de integrar un gobierno de coalición, con un gabinete responsable ante el pueblo, donde se conjuguen las maneras de pensar y actuar de los mejores mexicanos para bien de la República.

 

Es lo que hay. De nosotros depende hacerlo realidad. Las oportunidades las pintan calvas.‎ Que no vuelva a repetirse el mando de un desquiciado solitario y omnipotente a salvo del juicio popular e histórico. Que ya no sigan destrozando este que aún llamamos país.

 

¿No cree usted?