Indice Político

Con Meade, condenados a más de lo mismo

Francisco Rodríguez

El debate sobre las expansión y contracción de los aparatos públicos fue resuelto en México a contracorriente de la historia económica. Aquí se optó por entregar la economía, los servicios, las cadenas productivas y el consumo popular a las grandes factorías transnacionales a través de sus prestanombres habilitados por el poder.

 

Durante los últimos cuarenta años se impuso a rajatabla la ideología conservadora, en un país proverbialmente explotado. Los cerebros huehuenches de la política económica se aferraron a dos leyendas: contener la inflación y pedir prestado al exterior. Fue la manera de combatir la presencia del Estado en el proceso productivo.

 

‎Ni combatieron la inflación, ni contuvieron la devaluación, ni dejaron de pedir prestado hasta hoy ahogarnos en una deuda externa imposible de salvar. Todo lo contrario: entregaron todos los saldos del país a vividores y malvivientes al servicio del exterior. Es la herencia de Carlos Salinas de Gortari, perpetuada por sus sucesores y que el PRI-ITAM busca que siga en vigor.

 

Redujeron el gasto público y social

 

Así, hasta llegar a lo que ahora somos: un narcoEstado con toda la barba. Indefenso ante el extranjero y además verdugo en el interior de los más pobres entre los pobres. La bandera emblemática del neoliberalismo ante el vacío de futuro provocado por sus próceres mendicantes. Al estar restringidos para fabricar moneda y cubrir el déficit, se enlistaron en la larga lista de petimetres obedientes de los indicadores económicos ajenos.

 

Redujeron el gasto público y social y se estrecharon las prestaciones a las capas sociales necesitadas. Para acabarla de amolar, la desregulación y la apertura comercial y financiera indiscriminada, los llevaron a grados de histeria colectiva que privatizaron los modelos, la producción, los servicios y ataron el consumo de más de cien millones de mexicanos.

 

La venta y el saqueo de la Patria

 

Para dar una idea del tamaño de las medidas aquí impuestas para que México pudiera entrar al TLCAN, entre 1982 y 1993 fueron vendidas en México 977 entidades paraestatales, a través de cierres, transferencias a otras instancias diferentes del gobierno y privatización, la modalidad más importante.

 

De 46 cambios legislativos realizados a toda la regulación jurídica, 20 afectaron irreversiblemente el servicio público, 17 reformaron estructuras paraestatales y 9 incidieron en el marco jurídico general (por ejemplo, la desaparición del ejido),16 afectaron al sector comunicaciones y transportes,6 al sector agropecuario y todas las actividades, como la bancaria y la retransmisión satelital.

 

Empresas telefónicas, aeronáuticas, ferrocarrileras, transportistas, portuarias, eléctricas, petroleras, sanitarias, agroindustriales, cinematográficas, de acuacultura, inmobiliarias, carreteras, facilitadoras de inversión, bancos, casas de cambio, financieras, aseguradoras y lo que usted añada, se vendieron a troche y moche.

 

Golpes al crecimiento y a la gobernabilidad

 

En la gran mayoría de los casos, estuvieron dirigidos dizque a facilitar la acción de los mercados y eliminar restricciones a la acumulación en pocas manos.‎ El sonsonete de manipulaciones administrativas bajo el disfraz de "reformas del Estado " convirtieron monopolios públicos en monopolios privados, ajustándose a las recomendaciones de los financieros neoyorquinos.

 

El modelito de desarrollo mexicano, donde el Estado fue siempre el motor de la inversión y en muchos aspectos el impulsor de la constitución de nuestros rasgos nacionales, el traslado de las actividades públicas a manos privadas representó un duro golpe al crecimiento y lo que es peor, a la gobernabilidad.

 

Y nos obligaron a consumir chatarra

 

Pero la tragedia económica que esto representó no sólo afectó el desmantelamiento del Estado por la venta al sector privado nacional y extranjero de los bienes de capital, sino lo imperdonable que resulta el hecho de que los cerebros atrofiados del salinismo y del peñanietismo cometieron una infamia monumental.

 

Y ésta consistió en trasladar al bolsillo de los empresarios y sus prestanombres el mercado interno de la Nación. Decenas de millones de mexicanos que fueron sujetados a consumir forzosamente los productos fabricados y expendidos por ‎esas cadenas de factorías y tiendas departamentales.

 

La misma bandera del candidato del PRI-ITAM

 

No sólo se vendió la infraestructura que el Estado había construido para su desarrollo, sino que se empeñó el consumo de cien millones de mexicanos que a partir de ahí ya nunca pudieron recuperar su libertad de elegir, según profetizaba el gurú de los huehuenches nacionales, Milton Freedman, de la escuela de Chicago.

 

Y no sólo éso: se condenó a la Nación a constreñir un mercado interno floreciente, de rasgo nacionalista para introducir snobistas costumbres consumistas que han dado al traste con algunos de los orgullos del sistema económico mexicano. Ese es el modelo que el candidato del PRI-ITAM enarbola. Porque ha trabajado para él, en acción y omisión manifiesta.

 

¿Competencia económica? Un chusco disfraz

 

Como un disfraz mal encajado, la Ley Federal de Competencia Económica y su fantasiosa Comisión Nacional fueron un estuche de frivolidades y, paradójicamente, de incompetencias. Todo mundo se reía de esos perros verdes, antes de arrasar con bienes, hábitos de consumo y salud pública, en aras de la pretendida eficiencia en el costo de los servicios. 

 

‎Jamás se ha sabido de una sola decisión de la Comisión Federal de Competencia Económica que salvaguarde los derechos de los consumidores, porque cuando de eso se trata, remiten a los victimados a la circunscripción de una Ley Federal de protección al consumidor, cuya vigencia está en duda.

 

En una volada pantagruélica, que tuvo el objetivo de incidir el tema entre las mal llamadas reformas estructurales, la nueva Ley Federal de Competencia Económica de Peña Nieto vino a acabar de regar todo el tepache.

 

Se valen los transgénicos y leche adulterada

 

El sesudo Luis Videgaray inventó, a través de su palafrenero Ildefonso Guajardo, dizque secretario de Economía salvaguardar todos los monopolios con la única salvedad de que demostraran que mejoran el bienestar del consumidor. Por ejemplo, según señala el artículo 55 de dicho bodrio jurídico:

 

Introducir bienes o servicios nuevos.

Aprovechar saldos y productos defectuosos o perecederos.

Integrar nuevas técnicas y métodos de producción. 

Mejoras en calidad, inversiones y recuperación. 

 

Es decir, ni un solo argumento para rebatir o impugnar prácticas monopólicas de alguna empresa trasnacional‎, menos en el caso de que ésta introduzca productos defectuosos, así acaben con cualquier negocio de nacionales que ofrezcan mejores condiciones en la competencia. De hoy en adelante se vale cualquier transgénico, cualquier leche adulterada con productos cancerígenos, cualquier agua con arsénico y lo que usted guste imaginar.

 

Golpe de petroleros y maestros al corporativismo

 

Los delitos de los hambreadores contra el consumo popular ya forman parte de un pasado que los priitamitas quieren echar al cajón de los olvidos.‎ Absolutamente anticonstitucional y contrario al elemental sentido común y de supervivencia colectiva.

 

¿Será por eso que todas las secciones sindicales del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana acaban de expresar su rotundo rechazo a la imposición de Meade El Breve? ¿Por lo mismo que, cuando menos, la mitad de las secciones del gremio magisterial han expresado su simpatía política hacia el precandidato López Obrador?

¿Será por eso que todos los mexicanos con dos dedos de frente se han manifestado en contra del candidato del PRI-ITAM?

 

¿Usted qué cree?