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Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre

De los discursos pronunciados en los cierres de precampaña de Andrés Manuel López Obrador, en Guadalajara, Jalisco; Ricardo Anaya, en Coatzacoalcos, Veracruz, y José Antonio Meade, en Tlalnepantla, estado de México, llama mucho la atención el dicho por el tercero, “el señor secretario”, como lo llama Óscar Mario Beteta, de Radio Fórmula.

 

Lo anterior es así sobre todo por malas razones. Meade Kuribreña y sus estrategas optaron por encerrarse en una plaza del Grupo Atlacomulco en la que hizo acto de presencia lo más selecto del priismo dinosáurico, como para demostrar que la idea de presentar a su candidato como ciudadano hasta que el Instituto Nacional Electoral la echó abajo, era una estratagema del Partido Revolucionario.

 

Sobre todo porque el segundo orador, después de Alfredo del Mazo III, mostró su verdadero talante al país con la amenaza: “Entonces (mayo-junio de 2017), se decía que estaba muy difícil. ¿Y quién ganó? ¡Alfredo! ¿Y cómo trabajó este priismo para que ganara Alfredo del Mazo? ¡Fuerte y con todo! Ese triunfo regresó la tranquilidad al país y a los mercados. Inspirados en esa victoria, el primero de julio vamos a ganar”.

 

El gobernador Del Mazo Maza no se quedó atrás: “Amigo Pepe, aquí está el priismo mexiquense, que siempre ha luchado y está echado para adelante, que nunca se ha quedado corto y está listo para ganar fuerte y con todo”.

 

Si en algo resulta ejemplar la elección mexiquense es en la masiva compra de votos, la participación del gobierno federal y los abundantísimos votos en zonas rurales para el Institucional y con muchas casillas “zapato” para las oposiciones (divididas desde Los Pinos) y la derrota del PRI en los centros urbanos.

 

Muy difícilmente el país aguantará tal despropósito anunciado por el hombre que dice estar preparado para gobernar. México, la nación, no el estado de México, no aguanta, no soporta y no permitirá una elección al más fraudulento estilo mexiquense del año pasado.

 

Ricardo Anaya optó por una plaza ajena, gobernada por el Movimiento Regeneración Nacional, y le fue bastante bien. Tanto que le hizo al Hombre Araña al escalar una estructura metálica y amenazó a su camarada y aliado en las reformas estructurales, Enrique Peña Nieto, con la gracejada de “Allá, en Los Pinos, vayan preparando sus maletas, sus días están contados”. Y proclamó “empate técnico” con AMLO, sin el respaldo de ninguna casa encuestadora.

 

La concentración más numerosa en la precampaña del puntero en las preferencias, se realizó en la perla tapatía, donde ante 20 mil asistente AMLO aprovechó para presentar a “Marcelo (Ebrard) mi carnal”. Contento quizá porque el muy estigmatizado ya cooptó de las filas del Movimiento Ciudadano a Alberto Uribe Camacho, hasta el sábado coordinador de la campaña de Enrique Alfaro, precandidato a gobernador de Jalisco. También entre los jaliscienses Obrador es el favorito para La Grande.

 

Andrés López Obrador persiste en mantener abiertas las puertas de Morena a militantes y dirigentes de todos los partidos que lo apoyen y auguró que siguen “muchos más”. Advierte cada vez con mayor frecuencia “El que quiera colarse para ocupar un cargo se va a ir por un tubo, porque para eso no es este movimiento, es para la transformación de México, no para dar cargos”. Cuesta arriba se percibe el loable propósito porque la política y los partidos son, aquí y en Andorra, para luchar por el poder político y éste lo constituyen infinidad de puestos y no precisamente del mercado.