Pasar al contenido principal
Indice Político

Triste fin de EPN: sin partido, sin candidato y sin mapaches

Francisco Rodríguez

Aún no ha sido desmentida una versión que circula en los comederos políticos sobre la verdadera causa que detonó la persecución de la coalición PRI - PGR- Gobernación - Ejército contra el candidato del Frente por México, al grado de echarlo al pasto de cualquier fiera que quiera aprovechar la ocasión para cualquier atentado mayor.

 

Porque fieras abundan por estos lares. Y son más abundantes los padrinos comprometidos con el gran capital financiero gabacho para sentirse con los arrestos de ordenar cualquier patraña de esa magnitud, al costo que sea. Total, si ya recibieron la bendición de arriba para convertirnos en un estado anexo, sienten tener licencia para todo delito.

 

Cuentan los que saben que, desde Los Pinos o desde la cueva de Videgaray, al darse cuenta que no podían bajar al segundo lugar en la contienda ni hacer que su palurdo abandonara el sótano de la batalla, surgió la orden de buscar a Anaya y negociar con él bajo cualquier condición, ya sea seduciéndolo para abandonar el puesto o uniéndose a su cabus y abandonando a Meade.

 

Motivados por el famoso recuerdo de cómo bajó Salinas de Gortari al Jefe Diego de la contienda, hace 24 años, a base de billetazos y canonjías, los salinistas de Peña Nieto quisieron repetir el numerito, al fin y al cabo, ellos sí saben cómo se le hace. En caso de que no se pudiera, pensaron, el Plan B sería investirlo como su candidato.

 

Se triunfa o se reprime, pero no se declina y no se negocia en derrota

 

De lo que se trataba era de no aparecer ante sus jefes del Norte con una batea de babas o de mondongo. Tenían que rescatar la leyenda de que en el sistema todo se vale, todo se puede y todo se compra. Promocionarse ante el gabacho como los grandes negociadores de lo imposible, hacer que volvieran a confiar en sus habilidades perdidas.

 

Aún más: algunos priístas de nuevo cuño --provenientes del ITAM-- propusieron recordarles que, en este sistema, se triunfa o se reprime, pero jamás se declina, menos se negocia en desventaja. La prepotencia del pasado inundó sus ofertas al gabacho. Allá quedaron conformes con que así se hiciera. No faltaba más. Para eso eran sus caporales en el rancho grande.

 

No podían fallar: llevaban dos opciones infalibles: que les aceptaran la maleta a cambio de promesas y prebendas sin límite, o que los aceptaran como los nuevos padrinos de la franquicia con la condición de mantenerlo como candidato sustituto del pringado Meade. Eran irresistibles, concluyeron. Adelante los faroles.

 

Petición a Anaya: que se baje o que se sume. Y contestó: ni máiz

 

Dispuestos a todo, pidieron la entrevista. Por lo que supo poco después, la decepción del cuarto de guerra del inefable Meade fue mayúscula. Ni lo uno, ni lo otro, todo lo contrario. Bajarse, ni máiz. Subirse al nuevo carro, menos. Las dos propuestas, aparte de temerarias, salían de la ignorancia. ¿En nombre de qué podía negociar sus condiciones un partido con el 15% de votos seguros... o menos?

 

¿A qué zafado se le iba a ocurrir aceptar públicamente el apoyo del desprestigiado equipo político, de la frustrada franquicia priísta-itamita, la carga del deshonor corrupto del aparato?‎ Aún más, ¿de cuál habían fumado para proponer esas voladas? El cortejo priísta fue despreciado en todo lo alto. Lanzada a moro muerto.

 

Por más explicaciones que se les quisieron ofrecer, los enviados jamás aceptaron que, a sus 89 años, representaban un cadáver insepulto. Tampoco consintieron en que cualquiera que aceptara el apoyo ‎de los desprestigiados, por ese sólo hecho, podía considerarse liquidado. Entonces, entró el plan C.

 

Contra Anaya, la PGR en vendetta pueril, de niños contrariados

 

Todos los aparatos de procuración e impartición de justicia, de supuesta conciliación y control político, de fiscales y juzgadores electorales y del aparato represivo, tomaron nota. Cubrir a todo trance cualquier exigencia sobre la investigación de Odebrecht. Aplicar todo el peso de la ley al inverecundio que no aceptó las condiciones.

 

A las pocas horas, México entero de convirtió en la caja de resonancia de una vendetta pueril, de niños contrariados. Amenazaron continuar la ruta de la ignominia, ahora contra el candidato puntero, aunque el intento fracase. Como ya lo ofrecieron allá arriba, no pueden dar marcha atrás. Es el precio de una factura sobre sus facultades perdidas. 

 

‎Dentro del paquete ofrecido al poder financiero del gabacho está también la bravata de Peña Nieto de ganar la presidencial con el modelo que se utilizó en el Estado de México para empoderar al primito descocado. Lo que cueste. El problema es que no hay a quién comprar para hacer la talacha. No quedó nadie en el changarro.

 

Réquiem por la mapachería priísta. Ya se fueron o ya no están

 

Existen teóricos nacidos en la ralea priísta que hoy afirman que ese partido no podrá ganar ni en seis elecciones para el Senado. Más grave todavía. Eso significa que el PRI no llega ni a los niveles de aceptación de su presidente toluquita. Y eso sí calienta. Más que reconocer que no podrán ganar una sola gubernatura en disputa el primer domingo de julio de este año.

 

Significa también que el registro se encuentra en peligro. ¿Cómo será un día sin PRI? Porque losmapaches, esos titanes electorales que tenían las llaves para ganar una elección ya se fueron también, sin pena, ni gloria, ni reconocimiento, ni remuneración. Todos emigraron del partido o de este mundo. Pero son los recuerdos del porvenir.

 

Aquéllos sagaces personajes que organizaban las tamalizas previas el día de la elección, las corrientes tumultuarias de los cautivos que asistían acarreados a las urnas, los que conocían las rutas, los que ejecutaban las sinfonías del ratón loco, del taqueo, del robo de urnas en despoblado, del acomodo de cifras antes de los cómputos distritales, ya no están.

 

Aquéllos que adelantaban la hora del reloj de las parroquias para adueñarse de la mayoría de la votación en las plazas principales, los que se disfrazaban de soldados para rescatar las urnas perdidas amparados en el cobijo de la noche, los que dejaban trozos de pantalón en los alambrados de provincia, ésos, no volverán.

 

‎Y formar una clase política así, no es de enchílame otra. Se requiere mística para rifarse el físico por los colores de una franquicia. Se perdió el denuedo, porque ya no tiene caso ganar para que se empodere otra casta de indolentes en el poder que sigan avasallando a los más pobres y desvalidos del país. Se fue hasta la esperanza.

 

Desgracia tricolor: sentenciado a muerte, igual que los toluquitas

 

Aún más, de los cinco mariscales designados para apechugar la derrota en las cinco circunscripciones electorales del país, sobran dos dedos para encontrar al que haya ganado una justa electoral limpia. Los demás son señoritos de escritorio que jamás han visto una urna ni por fuera. Serán los que sean culpados de la derrota, antes que exponer a algún prócer destinado a algún sillón de mando.

 

La desesperación estriba en eso. Es un nudo peor que el gordiano.

 

Son cosas que no pueden comprarse con dinero, aunque tasen el precio de cada voto miserable en miles de pesos. Lo fatal es que no tendrán quien lo dé, y menos a quien sepa pedir el resultado en casillas.‎ Toda una desgracia para el tricolor, sentenciado a muerte, igual que sus valedores.

 

Ya sólo les queda saber a quién deben entregarles las llaves

 

Sin partido, sin candidato y sin mapaches... imposible, opinan los diarios y revistas extranjeros. Sólo queda saber a quién deben entregarse las llaves. Si no lo hacen así, el futuro inmediato puede ser peor. ¡Dios los tenga a fuego lento!

 

Sin partido, sin candidato y sin mapaches... lo único que les queda es la masacre. Impedir a toda costa el voto ciudadano. Negociar ya no pudieron. Les espera la justicia a secas.

 

¿No cree usted?

LO MÁS VISTO

SIGUE CONECTADO