Utopía

De “allá pa’ca” y de “acá pa’allá”

Eduardo Ibarra Aguirre

Es harto indicativo que a estas alturas de la contienda electoral, que más bien empieza a parecer una batalla, cuando ya transcurrió poco más de la tercera parte, el candidato del grupo gobernante y su partido, el Revolucionario Institucional, aliados verdes y turquesas incluidos, se ocupe de aclarar que permanece en la disputa por Palacio: “Meade no declina en ningún sentido (…), no declina en su aspiración, que estoy seguro se hará realidad el primero de julio: habré de ganar la elección”. Bonito salto de la primera persona del singular al Yo Mero.

 

Más indicativa es aún porque tal aclaración la formuló José Antonio Meade a renglón seguido del desmentido, por medio de un tuit, que hizo a López Obrador, sobre la puesta en juego de la “guerra sucia”. Escribió Meade: “A ver si entendí: si es de allá pa’ca es libertad de expresión. Pero si es de acá pa’allá es guerra sucia. Asumamos que estamos en una contienda electoral y que se trata de comparar quiénes somos y qué proponemos. ¡Que la gente decida!”

 

Cierto, México se encuentra en una contienda electoral, pero la mayoría de los 86 millones de electores no reciben las propuestas de los candidatos para optar por uno de los cinco, anular el voto o no acudir a las urnas.

 

Bajo la tesis de que los anuncios van dirigidos al corazón y al “alma” del electorado que toma decisiones por medio de emociones y no de la razón, las propuestas son voluntariosas básicamente, en un torneo de ofrecimientos que no tienen asidero.

 

Cada candidato se presenta como el mejor y más capaz que México tenga hoy. Sin conciencia de que “elogio en boca propia es vitupero” y que en todo caso para eso existen los jilgueros entre los partidarios, feligresía los llama Joaquín López-Dóriga, el bróker de Radio Fórmula, en el caso de AMLO. Sin poner en duda talentos y aptitudes, coincido con el actor y comediante Héctor Suárez, México necesita ante todo un presidente que lo ame.

 

Y en el afán de metamorfosearse como el hombre que México necesita, convierten en todo lo opuesto al adversario, hacen de la descalificación un verbo preferido, polarizan a los partidarios, demonizan como en 2006 al “peligro para México”, pero como ya no convencen mucho lo presentan como chavista, violento, populista, mesías, autoritario…

 

Piensan en la inmediatez del 1 de julio principalmente y no en el país que tendrán que gobernar el 1 de diciembre, sellado por la violencia criminal e institucional, el hartazgo ciudadano, la polarización social, también ahora política y la desesperanza en amplias franjas ciudadanas.

 

Comparaciones y propuestas de los cinco son indispensables, pero éstas muy poco tienen que ver con lo que algunos llaman “guerra sucia” y otros “propaganda negra”, en vulgar copia del modelo estadunidense, donde el dinero y los dueños de él se erigen en grandes electores.

 

“Guerra sucia” o “propaganda negra”, es comprensible que el puntero en las preferencias ciudadanas, el que a pesar de que le dedicaron la mayor parte de su tiempo los cuatro rezagados, en el Palacio de Minería el domingo 22, mas no lograron cambiar las tendencias del voto, según el New York Times en español, AMLO convoque a sus partidarios de las redes sociales a desplegar la respuesta sin insultos, con alegría, creatividad, explicando a la mafia del poder lo que es la ética, la moral. Y eso también es, aquí y en cualquier lugar, el ejercicio de la libertad de expresión, salvo lo que pretenda vanamente disponer Meade Kuribreña.