Utopía

Inquietudes en la plutocracia por Meade

Eduardo Ibarra Aguirre

Una parte de los dueños del dinero, en México y la aldea global, la representada por los 800 empresarios que integran los consejos regionales del consorcio financiero Citibanamex y los directores de los 20 mayores fondos de inversión en el mundo (don dinero, pues) y que manejan recursos equivalentes a nueve veces el valor de la economía mexicana, sesionaron a puerta cerrada con Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral, y le preguntaron sobre el presente y el futuro jurídico y político de la candidatura oficialista de José Antonio Meade e incluso la del blofero Ricardo Anaya, presuntamente enriquecido de manera ilícita.

 

Lo anterior es posible saberlo por la apertura con la que Córdova Vianello informó a preguntas expresas de los reporteros: las principales preocupaciones del grupo están relacionadas con la capacidad de la autoridad electoral de dar a conocer el resultado de la votación la noche del primero de julio y acerca de los mecanismos legales para una declinación o sustitución de candidato presidencial.

 

Sobre la primera puntualizó que a las 23 horas del primer domingo de julio el INE hará público el conteo rápido aún si se cruzan los rangos y no se pueda definir un ganador. Respecto al tema que nos ocupa dijo que se trata de un acto político, no jurídico. La ley electoral prevé la posibilidad de desistimiento de una candidatura, pero el tiempo para las coaliciones o fusiones ya pasó. “Si en el tiempo que viene un candidato independiente declina, y esto ocurre antes del 6 de mayo, cuando arranca la impresión de las papeletas, su postulación no aparecerá en las boletas. Y si alguno de los candidatos decide renunciar o declinar, eso no significará que los votos emitidos por esa opción se transfieran a otra. Las coaliciones y partidos tienen oportunidad de presentar sustituciones, siempre que el caso de renuncia ocurra antes de 30 días de la jornada electoral.

 

Que una fracción de los dueños de México y de la aldea estén interesado por los mecanismos para sustituir a Meade Kuribreña como candidato presidencial o abrir espacios para una coalición de hecho en torno a Anaya Cortés para enfrentar al hasta hoy invencible Andrés Manuel López Obrador, es ilustrativa del estado de ánimo de los magnates que también juraron que están preparados para operar bajo un gobierno de Obrador.

 

Es pertinente que los señores del dinero ajeno que manejan como propio, registren que ninguna declinación implica que los votos de ese candidato estén asegurados para el favorecido, y mucho menos en tiempos en que el malestar e irritación ciudadanas están a la orden del día. Allí está, por ejemplo, el muy limitado efecto político que generaron los apoyos de Armando Ríos y Silvano Aureoles al candidato del grupo gobernante encabezado por Enrique Peña y que busca mantenerse en el poder con Pepe Toño.

 

Por supuesto que inquietudes como las reseñadas y el lejano tercer lugar en que permanece el candidato del PRI, alimentan los trascendidos e informaciones sobre el futuro del abogado y economista que hace campaña hablando de sí mismo maravillas.

 

“No me preocupan ni me ofenden los rumores y reflexiones acerca de una supuesta declinación de mi candidatura”, afirma Meade. Sin darse cuenta que el problema no es de ofensas sino de eficacia político-electoral y no tanto por él, que es un buen candidato, pero con la pésima marca del Revolucionario Institucional y el descrédito del presidente que lo impuso, amén de proclamarlo candidato ciudadano en una contradicción insalvable.