Utopía

Entre mitos te veas

Eduardo Ibarra Aguirre

Primero fue Pedro Aspe, el secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari –el presidente que condujo a sus socios, amigos y familiares al primer mundo que prometió a los mexicanos–, el tecnócrata que descubrió que “La pobreza es un mito genial”, justo cuando México tenía 24 millones de personas en la miseria y 24 archimillonarios en la lista de Forbes. Hoy, Aspe Armella forma parte de la plutocracia azteca.

 

En el sexenio anterior, otro titular de Hacienda descubrió que con 6 mil pesos podía vivir una familia y pagar la mensualidad de la vivienda y del automóvil, las colegiaturas, alimentos… Ahora Ernesto Cordero percibe más de 400 mil pesos mensuales en el Senado y es un eficaz aliado del presidente Enrique Peña y adversario acérrimo de Ricardo Anaya.

 

La semana que concluyó, Peña Nieto descubrió otro mito de los mexicanos, sólo que por fortuna no se atrevió a llamarlo genial: “La realidad es que hoy ningún país en el mundo produce todo lo que consume y éste es un mito que hay que romper (...) En un mundo globalizado, francamente no hace sentido ni razón aspirar a la autosuficiencia. Auténticamente ha sido una política del pasado equivocada” (La Jornada, 8-V-18).

 

Y como la obsesión presidencial se llama Andrés Manuel López Obrador y el puntero en todas las encuestas –incluida la cuchareada de GEA-ISA, firma clave en el montaje fraudulento de 2006–, dijo el mes anterior en uno de los tantos mítines con un evidente exceso retórico que “Ya no vamos a comprar en el extranjero lo que consumimos; vamos a producir en México todo”, Peña aprovechó el lapsus para defender las políticas de apertura a los mercados sin reparar en consecuencias y costos sociales.

 

Dejo de lado a Peña Nieto y López Obrador para atenerme a lo que dice la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), “Una nación debería producir 75 por ciento de los alimentos que consume para no sufrir dependencia alimentaria”.  Estimada a principios del siglo XX como “una meta deseable para la gran mayoría de los países”, en la medida en que les permitiría ahorrar divisas para comprar productos que no pueden manufacturar por sí mismos, y los protegería tanto de los vaivenes del mercado internacional como de la fluctuación de precios.

 

A pesar de los éxitos anunciados por EPN ante el Consejo Nacional Agropecuario, tales como “Un campo más productivo y exportador nos ha permitido por primera vez en 25 años tener una balanza agroalimentaria con superávit”; sector con 13% de crecimiento en términos reales en los últimos cinco años y un importante generador de divisas; “Hoy México vende 20 por ciento más de alimentos de los que importa; cierto es, también, que la dependencia de México de las importaciones para satisfacer la demanda interna de los principales granos, oleaginosas y forrajes ha crecido en los últimos 20 años. Para 2014, 79 por ciento del arroz, 50 por ciento del trigo y 22 por ciento del maíz consumido en México provino del exterior.

 

¿Usted se imagina a la tan exitosa economía china importando arroz, a la alemana papas y la estadunidense trigo? Por supuesto que no se trata de producir todo lo que consumen los hogares mexicanos, pero sí lo básico como el maíz, frijol y arroz, cuando menos en los montos recomendados por la FAO, misma que ni es “populista” ni antineoliberal, lo que tanto preocupa al grupo gobernante y los intelectuales orgánicos sexenales, a los que veremos acomodarse a tono con los tiempos que se avizoran para diciembre próximo.