Indice Político

Mitos políticos que encubren y desnudan a los toluquitas

Francisco Rodríguez

Los mitos políticos siempre son respuestas irracionales, un juego de imágenes y símbolos, encaminados a un fin. En México, los mitos se han construido para blindar a los incapaces y farsantes. Las leyendas sobre hombres providenciales corresponden siempre a desvalidos mentales que abusan de la ignorancia y la desinformación provocada.

 

A lo largo de los siglos han arropado conductas delincuenciales de hombres públicos, leyendas sobre héroes de la seguridad que más bien resultaban torturadores compulsivos, financieros inteligentes que sólo son rateros indómitos, políticos de excepción que resultan mendaces manipuladores y derrochadores de nuestro dinero en el culto a su persona despreciable.

 

Los mitos de nuestro tiempo mexicano han alimentado actitudes privatizadoras del bien público, populismos de izquierda y derecha, despotismos, superioridades raciales, caudillismos y dogmas religiosos de fe. Una auténtica andanada de estupideces sin objeto social positivo.

 

El héroe es una verdad histórica, racional. El mito es estrictamente una invención a la medida de los impostores. Mientras que el estadista gobierna con inteligencia, el mitificado gobierna con fuerza irracional, apoyado en su prestigio de hombre insobornable. La pax porfiriana, la modernidad industrial, el desarrollo estabilizador son algunas acepciones míticas.

 

Peña Nieto derrumbó el mito del "exito$o" Grupo Atracomulco

 

El subdesarrollo, la miseria y la corrupción han generado a tantos detentadores de violencia mítica como necesidades tiene cada región del país, como hombres y mujeres dispuestos a sacrificarse por la patria, dispuestos a asesinar por monedas, a exprimir el drama económico en el que estamos postrados.

 

Los ancestrales problemas del poder son ahora monopolio exclusivo de los grupos que ejercen la fuerza contra la población, desde las mafias del crimen organizado y desde las canallas llegadas de Atracomulco el Bajo sin intervención sensata del Estado constituido. Decálogos de acciones ineficaces, acompañados de boletines caros y feroces.

 

El mito que hablaba de los recios y avezados hombres del Grupo Atracomulco y de su capacidad para agenciarse gran cantidad de recursos de manera mágica, sin exponer al país, fue prácticamente tirado a la basura en los primeros días de este sexenio, cuando la población comprobó en la realidad que sólo se trataba de voraces ignorantes venidos a más, exaltados por medios de comunicación ambiciosos, sin idea de país.

 

El mito del petróleo como riqueza nacional también cayó al piso

 

El mito de la intocabilidad de la Constitución acabó siendo destruido en seis meses de ejercicio presidencial, cuando se modificó hasta el modo de andar de la Carta Magna. Hasta la libre expresión de los ciudadanos fue manoseada 50 veces a propósito de ningún objetivo superior. Igual que el mito de las reformas estructurales que hasta la fecha no sabemos para qué carajos sirven.

 

El mito del muchacho de Atracomulco como el más destacado y brillante de su generación en la universidad patito Panamericana, cayó por su propio peso cuando los estudiantes de la misma se opusieron en barricada a que el ignorante pisara el pasto de la Casa de Estudios para ser condecorado, y para proteger el crecimiento del zarzal. Peor, todavía, cuando se hizo público que había plagiado media tesis profesional.

 

‎Así se ha derrumbado el mito del petróleo como la riqueza nacional por excelencia, nuestra garantía sobre el futuro soberano. El sistema anticorrupción de todos tan temido, la judicatura sabia , honesta e imparcial, el legislador salvífico y combativo hoy reducido a escoria viviente, agachada ante cualquier mercachifle y sedicente abogado.

 

No hay un mito que haya sobrevivido al arrase de la corrupción

 

Todo lo que ha tocado el sistema toluquita lo ha convertido en mierda. No es una afirmación ligera, ni puramente escatológica. Es una verdad real, histórica, comprobable. Hasta el mito del tapado sufrió las consecuencias. Desde que inició esta pesadilla nacional, en el 2012, el único destapado ha sido el poder real, el de Videgaray, titiritero de Peñita. Y al no poder ser el ahora "aprendiz de canciller", dejó en manos de un subordinado la candidatura presidencial.

 

No hay un mito que haya sobrevivido al arrase de la corrupción desenfrenada, a la violación de la coexistencia armónica, a la desastrada tranquilidad de la ciudadanía. Han convertido a México en un espectro viviente, capaz de competir con cualquier páramo dictatorial africano o asiático, superior a ellos.

 

El único mito que han confabulado, exaltado hasta la sevicia, es el mito de Carlos Hank González, el audaz de Santiago Tianguistengo, elevado a las alturas por el afeminado Isidro Fabela: "político pobre es un pobre político". Un aserto tan venerado por esos chichimecas incapaces y ostentosos, que ya debe ser borrado de este mapa.

 

Debemos ser racionales una vez en la vida. Sepultemos esos mitos

 

Cada día que pasa, el sistema se corrompe más con este mecanismo. Ya ninguno de los favoritos de Enrique Peña Nieto puede tirar la primera piedra. Todos están inodados. Ninguno de los que aún quedan en el gabinete, ninguno de los que han salido a "apoyar" al candidote Meade, puede parar esta loca carrera, nadie puede parar este despropósito que derruye al país.

Ya basta de hacerle al Tancredo. El mito de la guerra contra las drogas debe terminar. Debemos ser racionales una vez en la vida.

 

Démosle sepultura, antes que se sepa que nos hemos matado entre nosotros. Antes que el mito de la autodestrucción se haga realidad.

 

‎¿No cree usted?