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Utopía

Los 100 días de la 4T

Eduardo Ibarra Aguirre

El gobierno de la cuarta transformación, encabezado por el presidente Andrés Manuel, arriba al día número 100. Llama la atención que desplegado a todo lo que da su estilo personal de gobernar y que le permite contar con el respaldo de ocho o nueve (depende la encuesta) de cada 10 ciudadanos, en la costumbre del viejo sistema de hacer un alto para revisar lo realizado no se produjo innovación en el ritual de los tres niveles de gobierno, los tres poderes de la Unión y los órganos autónomos que con frecuencia muestran no serlo tanto.

 

Dos signos distintivos tiene el gobierno de López Obrador. La lucha contra la corrupción y la instauración de la austeridad republicana. Durante este lapso detonó  programas prioritarios no siempre con la adecuada implementación, orientados a recuperar un papel más activo del Estado en la asistencia social y en la economía, bajo el objetivo reiterado de poner fin a la larga noche neoliberal y desmontar sus nefastos efectos, lo que aún no tiene sustentación suficiente.

 

Gabinete legal y ampliado, equipo de gobierno, que simultáneamente es fuente de buena parte de los errores y omisiones que alimentan el quehacer informativo y desinformativo de la llamada “prensa fifí” y que por lo visto está en vías de acostumbrarse al nombre y asimilar que el conductor de las exitosas mañaneras tiene derechos y los ejerce para colocar a sus críticos de oficio y de beneficio en su lugar, a veces con algún exceso.

 

En el plano económico las principales variables permanecen bajo control y resistieron la incertidumbre de la transición en cuanto a inflación, paridad cambiaria y comportamiento bursátil, ello a pesar de decisiones tan polémicas hasta hoy como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Pero las calificadoras –que no tienen quien las califique– exhiben la diferencia con la visión gubernamental del rumbo de la economía que pretende un cambio que ellas estiman “radical” porque lo leen como el fin de la era neoliberal, lo cual es una exageración.

 

AMLO teje alianzas muy importantes con el decisivo sector empresarial a pesar de las críticas severas que recibió por algunas organizaciones tras la decisión sobre el aeropuerto, bajo el irrebatible argumento de que para acelerar el crecimiento económico no es suficiente la inversión pública. Pero todavía no se refleja en inversiones, además de que las proyecciones del Banco de México y sectores financieros disminuyeron las expectativas de crecimiento de la economía al punto más bajo en años, lo que el presidente atribuye a la incomprensión de la lucha anticorrupción. Y existe la crítica de los que no comparten la creación del consejo asesor con varios de los magnates mexicanos.

 

Centenar de días de contrastes y confrontaciones en que la popularidad presidencial creció notablemente con sus primeras acciones de gobierno (combate al huachicol y Guardia Nacional) que consolidaron su liderazgo en muchos sectores de la sociedad, pero también de encono entre los que AMLO denomina adversarios: los conservadores, y que antes llamaban círculo rojo, sólo que con influencia de partidos opositores que aún no cumplen con su función y ONG influenciadas por aquellos y/o irritadas por el retiro de recursos públicos.

 

100 días que, como todo en la vida realmente existente, están sellados por claroscuros y en los que, salvo su mejor opinión, predominan los claros por sobre los oscuros, a los que volveremos tras que el presidente Andrés Manuel comparta su propia visión en Palacio Nacional.

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