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El legado de Zapata a 100 años de su muerte

El 10 de abril de 1919 el mundo vio por última vez a Emiliano Zapata, pero a partir de esa fecha, a 100 años de distancia, nació su legado que sigue identificado con las causas populares a lo largo y ancho de todo el país.

 

A un siglo de su muerte, aún replica en cualquier rincón de México el grito “Zapata vive, la lucha sigue”. Está escrita con letras doradas en los movimientos campesinos, en las marchas de estudiantes o de clases populares. Emiliano Zapata está inscrito en todos los pueblos del territorio nacional.

 

El legado de Zapata sigue tan vivo que lleva el nombre del movimiento popular más importante que ha habido en la época moderna del país, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), alzado en armas y en defensa de la tierra el 1 de enero de 1994.

 

La lucha de Zapata fue inscrita en el Plan de Ayala, firmado en Ayoxuxtla, Puebla, el 28 de noviembre de 1911, el cual resumía todas las demandas del México subyugado por los años de porfirismo y los incipientes 90 años de independencia: Tierra y Libertad.

 

Esa lucha se institucionalizó, tras casi una década de lucha, dos años antes de su muerte en la Constitución de 1917 con el Artículo 27 que, entre muchas otras cosas, exige por ley que los mexicanos sean capaces de tener dominios de tierras y usarlas para su usufructo y potencial comercialización.

 

A partir de ese momento, Zapata se volvió parte de las élites de los héroes a pesar de haber visto su muerte a través de la traición de uno de los generales carrancistas, Jesús Guajardo, cuando con engaños lo llevó a la hacienda de Chinameca para acribillarlo con decenas de disparos.

 

Zapata se volvió un ícono de las masas y la excusa del Estado Mexicano para defender su política al campo que nunca terminó de ser completada como lo exigió la revolución del héroe suriano.

 

El apapacho del sistema político mexicano en el Siglo XX a Madero, a Villa, a Carranza, a Obregón, entre otros de épocas previas, nunca terminó de cuajar con Zapata porque fue también el propio Caudillo del Sur el que evitó a toda costa ser parte de la clase política.

 

Está de sobra la anécdota cuando se encuentra con Francisco Villa en Palacio Nacional y se niega a sentarse en la silla presidencial. Dijo que estaba embrujada y no por los expresidentes, sino por los demonios de la política que siempre evitó porque su causa estaba con el pueblo y con los más desafortunados y no con las clases de arriba. Un líder que evitó a toda costa quedarse con el poder para él mismo.

 

Es hasta la llamada Cuarta Transformación lopezobradorista que arranca el reconocimiento de Zapata desde abajo, con las bases. Reconocido como héroe del pueblo y no de la revolución institucionalizada.

 

Emiliano Zapata es el héroe más ajeno al sistema político mexicano que poco a poco institucionalizó todas las peticiones de otros líderes; sin embargo, su legado no puede ser negado, no por reconocimiento histórico, sino porque a 100 años de distancia sigue enraizado en las causas populares justas de los más oprimidos y los más olvidados.   

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