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Imagen Económica

Si Zapata viviera…

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

Ayer, 10 de abril, se cumplieron 100 años del asesinato de mi general Emiliano Zapata, el caudillo del Sur. Era amansador de mulas en el Estado de Morelos cuando estalló la revolución y se unió a las fuerzas maderistas. Sin embargo, más tarde, sobrevino la ruptura. En una carta dirigida a Madero en agosto de 1911, le exige el cumplimiento de los puntos agraristas de la siguiente forma: “... nos cumple usted lo que nos ha ofrecido, o a usted o a mí nos lleva la chingada”.

 

El 28 de noviembre de ese mismo año, Zapata estaba proclamando el Plan de Ayala, un programa verdaderamente revolucionario que reclamaba el reparto de tierras a los campesinos y con el que mandaba a la “chingada” a Madero. Sin duda la trascendencia del caudillo del sur quedó plasmada en el Artículo 27 de la Constitución de 1917. Pero en 1919 fue traicionado. Carranza le ordenó a uno de sus generales, Guajardo, fingirle un rendimiento y le prepara una emboscada en Chinameca. El cuerpo de Zapata, como el de todos los hombres valientes y peligrosos, fue exhibido en la plaza para infundir temor en los campesinos.

 

¿Qué tan peligroso era Zapata? Él tocó puntos sensibles, el reparto de la tierra estaba rodeado de intereses millonarios. De acuerdo con diversos estudios de la época (Cossio, 1911; González Roa, 1919), se calcula que entre 50 y 60 millones de hectáreas del territorio nacional estaban en manos de hacendados, empresas y el clero. Debido a que eran estadounidenses los empresarios que poseían la mayor superficie, no es descabellado pensar que Estados Unidos le haya ordenado a Carranza matar a Zapata.

 

El reparto agrario no se materializó hasta la aparición de la figura del ejido durante el gobierno de tata Lázaro Cárdenas en 1934. Pero, la contrarrevolución del neoliberalismo, durante el gobierno de Carlos Salinas, desapareció esta figura y permitió la privatización de tierras colectivas. Los avances del cardenismo se revirtieron rápidamente y la concentración actual de tierras se asemeja mucho al de la época porfirista. La minería es un ejemplo contundente.

 

De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía, están concesionadas 22 millones de hectáreas de tierra, solo para la industria minera, esto es equivalente al 12 % del territorio nacional, semejante al tamaño de toda la península de Yucatán, Chiapas y Oaxaca. El 80 % de estas concesiones se han otorgado tan solo en los últimos 4 sexenios, muchos de ellos, en contratos con duración de hasta 100 años y con unas condiciones bastante ventajosas para las empresas.

 

En la gráfica 1 se muestra el origen del capital de las empresas que poseen las concesiones. Se observa que Canadá tiene la mayor superficie, junto con Estados Unidos poseen casi el 90 % de las concesiones. China tiene una presencia del 4 % y el resto se reparte entre empresarios mexicanos y latinoamericanos, principalmente.

 

 

Fuente: Elaboración propia con datos de Secretaría de Economía

 

En el caso de los mexicanos que poseen concesiones debemos decir que su fortuna ha crecido a un ritmo del 8 % anual, mientras el país sólo crece al 2 %. ¿Cómo lo hicieron? Huele a corrupción.

 

Muchas empresas mineras operan en condiciones contrarias a las normas ecológicas, contaminan los suelos y el agua, como el derrame de Grupo México en el Río Sonora en 2015 que dejó a más de 100 comunidades sin el vital líquido. La mayoría de las mineras violentan los más elementales derechos laborales y sus fortunas están manchadas por la sangre de sus trabajadores como sucedió en Pasta de Conchos en 2006, minera operada también por Grupo México de Germán Larrea, a quién también le entregaron la concesión de ferrocarriles nacionales.

 

El neoliberalismo fue un retroceso a las conquistas revolucionarias. A la concentración de las tierras desde el sector minero, habría que sumar las concesiones en playas, litorales, mares, aguas someras y profundas, se calcula que el porcentaje de territorio nacional concesionado sobrepasa el 30 %.

 

La 4T debe revisar y resarcir los daños; refundar el Plan de Ayala y recuperar la tenencia de la tierra para quien la trabaja. Estamos seguros de que si Zapata viviera, con la lucha por la defensa de la Tierra, el Agua y la Vida estuviera. Enviamos un abrazo solidario a los miles de zapatas que luchan contra los proyectos de muerte de las mineras en nuestro estado de Puebla y en el país. ¡Zapata Vive, la lucha sigue!

 

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios, Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos

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