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Sin temor a réplica

Claudia Rivera, camino a un colosal desastre

Gustavo Mirón Reyes

El tiempo se le está terminando a la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco para demostrar a los poblanos que no se equivocaron en elegirla como presidenta municipal. La soberbia con la que se ha mostrado y el poner oídos sordos a las incontables demandas ciudadanas la tienen camino a un colosal desastre.

 

Y es que para la gran mayoría de habitantes de la capital no suena descabellado el pensar en una revocación de mandato, luego de que ha pasado más de 7 meses poniendo pretextos y dejando que la ciudad pase por uno de sus peores momentos.

 

Increíble resulta que la munícipe se la pase repartiendo culpas y no asuma la responsabilidad que tiene, parece no darse cuenta que está dirigiendo a una de las ciudades más importantes del país, que se está decepcionando de la mentada cuarta transformación.

 

Políticamente, Claudia Rivera representa ya un lastre para Morena y aunque dice que una revocación de mandato representaría para el partido vinotinto darse un tiro en su propio pie, parece que esta opción no resulta de todo mala para los intereses de este instituto político.

 

Aunque la alcaldesa no lo acepte, es un hecho que junto con Karina Pérez Popoca es la principal culpable de la debacle morenista en la zona conurbada.

 

Pero dejemos de lado un poco la política y centrémonos en las demandas de una sociedad que está fastidiada del discurso de la alcaldesa, que no deja de victimizarse para no asumir sus grandes errores al frente de la administración municipal.

 

No puede escudarse en un aprendizaje, pues sabía a lo que se enfrentaría al llegar a la presidencia municipal. Parece no entender que ya no está en campaña y debe ponerse a trabajar por los miles de poblanos que votaron por ella, mismos poblanos que están lo que sigue de arrepentidos de colocarla como alcaldesa.

 

Suena mal, pero todo indica que a Claudia Rivera le quedó muy grande el puesto de presidenta municipal y esto queda avalado por todos los problemas que ha dejado crecer en la ciudad.

 

La munícipe a veces da a entender que el municipio gira alrededor de sus propios intereses. Vaya, la alcaldesa le falta el respeto a la sociedad a cada momento con el simple hecho de llegar tarde a los actos del ayuntamiento.

 

Los propios compañeros de la prensa lo vivieron la semana pasada, cuando Claudia Rivera llegó con más de una hora a un evento, donde tuvo el desatino de declarar que no entiende por qué la sociedad no la aprueba, pues considera que ha trabajado “mucho”.

 

Ni como ayudarle a una alcaldesa que a todas luces no ha comprendido qué hace en el Ayuntamiento de Puebla. Muy probablemente, el pánico (pero más bien la soberbia) se ha apoderado de ella y no sabe cómo dirigir esta ciudad.

 

La soberbia sin límites de Víctor Quintero Santiago

 

Desde que ascendieron a Primera División, los Lobos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla no se han caracterizado precisamente por ser una institución seria, mucho menos en el año previo a la desaparición que vivieron este martes.

 

El aprecio que se había ganado la Jauría en Liga de Ascenso por parte de la prensa poblana y nacional se perdió de manera rápida. El culpable por supuesto tiene nombre y apellido, es ni más ni menos que Víctor Quintero Santiago, “jefazo” de prensa de los licántropos.

 

La soberbia, mal humor y malos tratos de Quintero Santiago no tenían límites. Parecía no entender que era encargado de prensa de Lobos BUAP y no del Real Madrid, pues ponía trabas al trabajo de los reporteros, cual guarura de un equipo de real importancia.

 

La vida da muchas vueltas y en esta ocasión a Víctor Quintero le tocará cargar con una terrible imagen que se formó con la prensa. No sabemos si ocupe un puesto similar después de la desaparición de Lobos, pero algo es seguro, muchos no tienen ganas ni de contestarle el saludo.

 

La última de Quintero se dio el lunes, cuando envió un mensaje por correo en el que anunció que Lobos BUAP reportaría este martes a pretemporada, pese a que todos sabíamos que eso era una gran mentira.

 

Por supuesto, el dizque entrenamiento sería a puerta cerrada, como la mente del boletinero Víctor Quintero.

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